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Por una política que escuche a los filósofos

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Un grupo de filósofos firma un manifiesto en favor de que la política se deje ayudar por el pensamiento para servir a los ciudadanos

Un grupo de filósofos en España apuestan por más pensamiento en la política, sobre todo para empatizar con el “otro”, el adversario, y para no caer en dogmatismos ni populismos y para incentivar la crítica.

En el Manifiesto se declara que la filosofía es una aspiración a saber, y por lo tanto implica la apertura a nuevos y desconocidos espacios de conocimiento, al contraste de las convicciones y a la comprensión de las razones del “otro”. Se contrapone por propia idiosincrasia a posiciones maximalistas e inamovibles y se atiene a la autocrítica como principal motor de acción reflexiva.

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La filosofía se conjuga con el desarrollo de otras disciplinas, especialmente relevantes para el momento actual como son el Derecho o la Ciencia Política, lo que la convierte en un elemento de enriquecimiento para todas las especialidades. En este sentido, estos intelectuales creen que cuestiones como legitimidad, legalidad, soberanía, institución pública, responsabilidad ciudadana…, en definitiva, democracia, “son temas de preocupación constante para la reflexión filosófica. No hay crítica sin praxis filosófica”.

Están convencidos de que “la filosofía forma parte de la vida cotidiana de las personas y sus relaciones ciudadanas”. Dicen que “todas y cada una de las personas nos confrontamos y posicionamos ante las cosas que suceden a nuestro alrededor, y eso ya implica un proceso de reflexión y de crítica reconocible en la filosofía. Es tarea de cada ciudadano y ciudadana dar respuesta de sus posicionamientos y procurar dotarse de mejores y nuevas herramientas para interpretar los acontecimientos”.

En democracias avanzadas la vida pública exige de ciudadanos y ciudadanas que participen de manera activa y crítica en el desarrollo de la vida social, cultural y política de su entorno. Es obligación moral de las instituciones públicas procurar e incentivar en todo caso el desarrollo crítico y activo de la ciudadanía y facilitar sus procesos de participación cualitativa. Sin ello no hay vida democrática ni esfera pública.

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La filosofía, al situarse entre la conciencia de ignorancia y la voluntad de conocimiento, “permite adoptar una actitud imaginativa y realista a la vez para la resolución de conflictos sociales y una alternativa a aquellas que reducen la complejidad a elementos binarios y unívocos”. En momentos de crisis y de demanda de nuevos paradigmas de comprensión eso “se convierte en un bien especialmente necesario”.

Por todo esto, siempre, pero particularmente hoy, consideran importante “no dejar de recordar que la práctica y promoción de la filosofía es un elemento deseable para el despliegue de una sociedad abierta, dinámica, justa y a la altura de las exigencias de tolerancia que las relaciones personales exigen”.

Entre los firmantes están los filósofos Daniel Innerarity, Lluís Duch, Francesc Torralba, Daniel Gamper, Begoña Román o Adela Cortina.

No todo es bondad

Miguel Seguró Mendlevitcz, impulsor del Manifiesto acepta que “el hecho de que haya más filósofos en el mundo no implica que el mundo sea mejor, así como tampoco su ausencia, claro está”. Aún así, “hay casos de brillantes filósofos con comportamientos políticos que despiertan, por lo menos, recelo. Pienso en Heidegger como caso paradigmático de esto”. “La ética se juega en otros terrenos que no son estrictamente los del conocimiento. Otra cosa es preguntarse por la función social de la filosofía, que bien podría incluir la lucha por un mundo mejor, pero eso es una opción que trasciende a cualquier “gremio”, explica a Aleteia.

“En cuanto a la presencia de filósofos en la política, lo mismo. Sí creo en este caso que la política necesita del mayor número de prismas y elementos de contraste, así que no solo deben ser técnicos o profesionales que provienen del derecho o la economía mayoritariamente”, afirma.

Seguró, que es miembro de la Cátedra Ethos de la Universidad Ramon Llull de Barcelona, aboga por más “filósofos, como también psicólogos, antropólogos, médicos, trabajadores sociales… Platón creía que en una ciudad ideal el gobernante debería ser un filósofo. Yo dudo que fuese positivo si ese filósofo no tiene intención de trabajar por el interés general y de ponerse a disposición de su sociedad. Y para eso no hace falta ser forzosamente filósofo, ciertamente”.

Entonces, ¿qué aportaría la filosofía a la política? “Para mí mayor perspectiva –prosigue Seguró-, distancia y capacidad de evaluar los razonamientos del lugar del otro y capacidad crítica hacia la propia posición, lo que creo ayudaría a escapar de la tentación de caer en el populismo y en el discurso de eslogan, que de eso vamos sobrados. Y a partir de ahí mayor realismo y empatía hacia el adversario político, lo que podría revertir en una mejor calidad del servicio público”.

El Manifiesto se puede leer aquí: http://humanitats.blogs.uoc.edu/2017/11/09/filosofia-y-responsabilidad-politica-y-ciudadana-un-manifiesto/

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