¿No estas preparado para donar?

Aún así hay otras 5 maneras como puedes ayudar a Aleteia

  1. Reza por nuestro equipo y por el éxito de nuestra misión
  2. Habla de Aleteia en tu parroquia
  3. Comparte el contenido de Aleteia con tus amigos y tu familia
  4. Desactiva el bloqueo de publicidad cuando nos visites
  5. Suscríbete a nuestra newsletter gratuita y leenos a diario

¡Gracias!
El equipo de Aleteia

Suscríbete a nuestra newsletter

Recibe Aleteia gratis directamente por email
Aleteia

Rosa Parks: la mujer que supo decir “no”

Comparte

Dos letras que cambiaron la historia de los Estados Unidos

Imagínate que estás regresando a casa muy cansada luego de una larga jornada laboral, entras al autobús, ves un asiento vacío, te sientas con alivio y cuando empiezas a sentir descanso en tus pies, te exigen que te levantes para darle el puesto a un hombre que acaba de subirse y no presenta ninguna condición… excepto ser blanco.

Eso fue lo que le sucedió a Rosa Parks, una modista afroamericana de 42 años de Montgomery (Alabama, Estados Unidos).

El 1 de diciembre de 1955 le pidieron ceder su asiento a un hombre (aunque éste ni siquiera lo había pedido) porque, según las leyes de aquel entonces, los negros debían sentarse en la parte trasera de los autobuses y, de no quedar más puestos, debían levantarse para dárselos a los blancos y, si se negaban, el conductor podía llamar a la policía para hacerlos bajar o hasta meterlos presos.

Parks se negó. Como dijo en su autobiografía, “estaba harta de ceder”. También le indignaba que ni siquiera el hombre estaba solicitando el asiento. Era pues una exigencia injustificada (incluso poniéndola en el atroz marco legal de la época) del chófer.

ROSA PARKS,BUS
GettyImages
Rosa Parks sentada en la zona de delante de un autobús en Montgomery, Alabama, después de que la Corte Suprema declarara ilegal la segregación en el transporte urbano el 21 de diciembre de 1956. Parks fue detenida el 1 de diciembre de 1955 por negarse a ceder su asiento a un hombre blanco. En la imagen, quien está sentado detrás de ella es Nicholas C. Chriss, reportero de United Press International out of Atlanta.

Llamaron a la Policía y Parks fue llevada a prisión, donde le impusieron una multa de $14 dólares por desobediencia civil para salir en libertad. Se negó a pagarla, presentó un recurso judicial (que no procedió, por supuesto) y fue encarcelada por un par de días.

La noticia no tardó en llegar a la comunidad afroamericana (incluido Martin Luther King Jr., quien todavía no había alcanzado el pico de su popularidad).

Su historia se convirtió en la chispa que encendería una serie de protestas contra la discriminación racial a finales de 1955 y comienzos de 1956.

Se hizo un llamado a un boicot al transporte público el lunes después de su arresto, pidiendo que nadie lo utilizara, ya que, aunque los afroamericanos eran más de la mitad de los pasajeros totales (un número necesario para que el sistema funcionara y no cayera en la bancarrota), no tenían derechos y más bien eran humillados y hasta arrestados.

Con los pies cansados pero con el alma libre

¿El resultado? Cientos de hombres y mujeres de color caminando por las calles, “con los pies cansados, pero con el alma libre”, como declaraban a los medios de comunicación.

El boicot liderado por King duró meses, hasta que finalmente en noviembre de 1956 la Corte Suprema declaró que la segregación racial en los autobuses de Montgomery era inconstitucional y dio pie a que se crearan leyes contra la discriminación en lugares públicos.

Es cierto que Parks no fue la primera en quejarse o en ser arrestada (incluso a ella misma ya le había sucedido un episodio donde tuvo que pagarle al chófer en la parte delantera y, al bajarse para entrar por la parte trasera como exigía la ley, éste la dejó en la calle) pero su acto (sin importar si lo hizo por valentía o simple cansancio) fue, sin duda, la llama del movimiento americano contra las leyes discriminatorias que todavía existían en muchos estados del país en los años 50.

Shutterstock

Algunos historiadores creen que el hecho de que ella tuviera un expediente limpio y que además fuera secretaria y ayudante en la Asociación Nacional para el Avance del Pueblo de Color también contribuyó.

La efectividad de su acto fue tal que tuvo que mudarse a Michigan por todas las amenazas que recibió (además que tanto ella como su esposo fueron despedidos de sus respectivos empleos).

Trabajó como secretaria en las oficinas del congresista John Conyers y continuó su lucha por la defensa de los derechos civiles de todas las razas con una institución propia hasta su muerte.

En 1999 recibió la Medalla de Oro del Congreso y falleció en octubre de 2005, siendo la primera mujer en recibir honores fúnebres en la Rotonda del Capitolio.

 

Si bien Rosa Parks es un símbolo de la lucha de los derechos de los afroamericanos en Estados Unidos, también se ha convertido en un ejemplo de empoderamiento femenino, demostrando que a veces lo que parece un acto simple puede ser el comienzo de los grandes cambios.

 

Newsletter
Recibe gratis Aleteia.