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Un clamor desde Venezuela por la Amazonia y los pueblos originarios

BOY IN BOAT
Lute Sem Fronteiras | CC
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Las instituciones coinciden con el apremiante llamado del Papa Francisco a cuidar la “casa común” y brindar protección a las comunidades indígenas. Las que habitan en la Amazonia sufren alto nivel de vulnerabilidad; en algunos casos, a punto de extinguirse

Su número va en descenso mientras aumenta su vulnerabilidad. Son comunidades en “aislamiento relativo y poco contacto”, distribuidos en siete países. Desde Venezuela, grupos de trabajo socio-ambiental, instituciones y organismos locales se unen para lograr impedir la extinción de nuestros ancestros.

“Venimos a defender la Amazonia como pulmón de la humanidad”. La frase fue uno de los clamores de los ponentes que participaron en el programa seminario: “Pueblos Indígenas en Aislamiento Relativo y Poco Contacto en Venezuela”, el cual se realizó este martes 21 de noviembre en Caracas en la sede de la Fundación Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG).

El evento, al que acudió Aleteia, mostró un diagnóstico de la compleja realidad de la Amazonía, con impacto y detalles de la situación que afrontan los cientos de pueblos que habitan en zonas de Brasil, Bolivia, Colombia, Perú, Ecuador, Paraguay Venezuela.

En la actividad participó Gregorio Mirabal, representante de la Organización Regional de Pueblos Indígenas de Amazonas (ORPIA), una coalición de iniciativas de los distintos pueblos originarios en la región, con trabajo continuado desde el año 1993.

“Salimos de la selva para buscar soluciones. Y queremos construir juntos un mensaje de solidaridad y cariño que recuerde al mundo lo que sufre nuestra gente”, dijo Mirabal. Y agregó: “Queremos llegar a su corazón para que nos ayuden”.

En dialecto indígena que luego tradujo, clamó: “Venimos a defender la Amazonía como pulmón de la humanidad”, con base en nuestra “presencia milenaria” en estas tierras “sagradas para nosotros y vitales para el mundo”.

Sostuvo que “la madre tierra es un ser viviente que requiere de un trato especial” y dijo que los pueblos indígenas entienden esto, pero que la “población mayoritaria” no siempre comprende la importancia de cuidar el planeta.

Una visión que coincide con la continua exhortación de la Iglesia católica. Así como con los reiterados llamados del Papa Francisco, tanto a la protección de nuestra “casa común”, por medio del apremiante llamado de su encíclica “Laudato si” (Alabado seas),  como con la súplica mundial a Dios en favor de los pueblos indígenas, a quienes dedicara en 2016 una especial  intención de oración.

 

 

“Quiero que unas tu voz a la mía para que de todo corazón pidamos que sean respetados los pueblos indígenas, amenazados en su identidad y hasta en su misma existencia”, fue la petición del Santo Padre a través de un video en julio de ese año. Hoy más vigente que nunca.

El seminario también contó con la participación de una representante del gobierno, la Defensora del Pueblo, del estado Amazonas, María Daniela Maldonado, quien admitió que “debemos proteger zonas y pueblos indígenas en situación  de aislamiento, algunas veces voluntario”.

Dijo que son más de 350 los pueblos indígenas en territorios amazónicos, cuya “situación es compleja y requiere un acuerdo común”. Sostuvo que “los pueblos necesitan protección del Estado ante situaciones de minería, presencia de grupos irregulares, narcotráfico e incluso cambio climático”, por lo que “están expuestos a la extinción”.

Explicó que en Venezuela hay “pueblos indígenas en situación de aislamiento o contacto inicial (PIACI)” y que sus comunidades, como las que hacen presencia en toda la Amazonía, cuentan con las garantías de acuerdos internacionales que no siempre se cumplen. Dijo que “son pueblos vulnerables por amenazas a su territorio y por parte de quienes quieren imponer visiones o aprovecharse de sus riquezas”.

 

Carlos Zapata

 

Viven en “aislamiento voluntario”, porque “quieren estar alejados de la mayoría de la sociedad. Y si salen, regresan y no quieren volver al sector social”. Mientras que otros grupos son los denominados: “En poco contacto”. También ellos “son de alta vulnerabilidad”, advirtió la funcionaria.

Una de las comunidades que sufre esta situación es el pueblo yanomami, que ha tenido “contacto inicial pero sufre alta vulnerabilidad”, dijo. Otro esquema similar sufren los pueblos semi aislados y los pueblos intermitentes: entran, salen y están es contacto con algunos sectores. Pero además tenemos poblaciones extinguidas: “Los han desplazado de su territorio”.

Amparados por el sistema internacional que incluye al Alto Comisionado de las Naciones Unidas, relatores mundiales y comités, cuentan con el respaldo de sistemas regionales como la Corte Interamericana de Derechos Humanos, donde se ha implementado toda una jurisprudencia base.

Las poblaciones afectadas –que se cuentan en decenas de miles- habitan en zonas de Brasil, Bolivia, Colombia, Perú, Ecuador, Paraguay y Venezuela. Aunque más recientemente se menciona también a Guyana y Surinam. Por ellas trabajan organizaciones como  el Grupo de Trabajo Socioambiental de la Amazonía “Wataniba”, un ente que data de 2005 e integrado por variados profesionales: antropólogos, sociólogos, abogados y biólogos de Venezuela y Brasil, unidos por una labor indigenista con perspectiva socio-ambiental.

Promueven procesos de gestión territorial sostenibles que buscan fortalecer la capacidad técnica e identitaria de los pueblos que habitan la Amazonía, mientras se desarrollan políticas amigables con el planeta.

En la nación sudamericana hay grupos de pueblos en aislamiento relativo. Los foros buscan insistir en su existencia, a fin de obtener las garantías que el gobierno de Nicolás Maduro no asume, pese a la existencia de tratados internacionales y convenios en los que el Estado es firmante.

Las características de las comunidades locales coinciden con las Directrices de Naciones Unidas establecidas en 2012 acerca de pueblos indígenas en aislamiento o contacto inicial en la Amazonía.

Una de las denuncias surgidas tras los estudios que se desarrollan desde entonces es el desplome en el número de algunas poblaciones indígenas, un problema que afecta a toda la región americana y no sólo a la venezolana.

Desde la ONU, las directrices siguen siendo el referente global en este sector, que recuerda y exige a los gobiernos su “obligación de respeto y garantía de los derechos humanos: incluso de su hábitat, tierras y recursos; amén de las formas de vida y el derecho a la salud”.

En ellas exhortan a los estados del hemisferio a que tomen “acciones concretas que refuercen esa protección” y a resguardar el planeta, algo en lo que el mensaje papal no deja de ser una denuncia contundente: “El hogar de todos está siendo saqueado, destruido y dañado con impunidad. Es un grave pecado no defenderlo por cobardía”.

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