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Pautas morales en la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte

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Los obispos de México y EEUU piden que se mantengan las necesidades de los pobres como prioridad

La quinta ronda de conversaciones entre México, Estados Unidos y Canadá para renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN o NAFTA, por sus siglas en inglés) ha concluido con el peor de los panoramas posibles: una vista al pantano.

Mientras México y Canadá presentan algunas pautas de acercamiento, Estados Unidos ha forzado las cosas al grado tal que se habla de un posible rompimiento de las negociaciones y, por tanto, del fin del acuerdo de libre comercio más poderoso del planeta, mismo que dio inicio el 1 de enero de 1994.

En este contexto, obispos de México y Estados Unidos han querido ofrecer una serie de normas morales que deberían impulsar a los nuevos acuerdos –si es que los hubiere– para asegurar que cualquier cambio mantenga las necesidades de los pobres como prioridad.

Cualquier plan nuevo en el TLCAN debe evaluar “en términos de los efectos en las personas y el medio ambiente en los países afectados”, dijeron en una declaración conjunta los líderes de los comités centrales de Justicia y Paz de ambas conferencias episcopales el pasado 21 de noviembre en Washington y Ciudad de México.

Para el obispo de Las Cruces (Nuevo México), Óscar Cantú (presidente del Comité de Justicia Internacional y Paz de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos),

“(La declaración) fue una cuestión de levantar una voz conjunta (para) recordarle a los políticos que hay consideraciones morales que deben ser atendidas”.

Los firmantes de la declaración además del obispo Cantú– el obispo Frank J. Dewane de Venice, Florida, el obispo José Leopoldo González González de Nogales, Sonora, el arzobispo Carlos Garfias Merlos de Morelia y el obispo Guillermo Ortiz Mondragón de Cuautitlán—consideraron importante llamar la atención sobre los principios morales de la enseñanza social católica “para recordar a los negociadores que su principal preocupación debería ser el sustento de las personas”.

En el centro están las personas

“La iglesia cree que el comercio debe, en primer lugar, beneficiar a las personas, además de los mercados y las economías. Es crucial que estos acuerdos complejos y multifacéticos surjan de un marco legal y moral sólido que proteja el bien común y a los más vulnerables “, expresa la declaración conjunta.

Son siete los temas que propone esta propuesta de ambos episcopados, entre los que se encuentran evitar que la pobreza se profundice, aliviar las condiciones que propician la migración, proteger los derechos de los trabajadores, eliminar las largas jornadas de trabajo, el pago adecuado por el trabajo y la prevención del trabajo infantil.

Otras pautas incluyen priorizar el desarrollo sostenible y cuidar la creación; asegurar que los pueblos indígenas compartan equitativamente los beneficios del comercio; aliviar la vulnerabilidad de los pequeños agricultores, fomentar la agricultura corporativa y agregar disposiciones de derechos de propiedad intelectual.

Los obispos de los Estados Unidos y México también pidieron que cualquier nuevo acuerdo “sea complementado por mecanismos de financiación y cooperación adicional en el desarrollo, para asegurar el bienestar social y prevenir la profundización de la desigualdad económica entre las familias y las regiones”.

La declaración instó al fortalecimiento de las protecciones de los derechos humanos, incluidas las normas laborales, y los derechos sociales, culturales y ambientales, además de la seguridad para las personas en ambos lados de la frontera entre Estados Unidos y México.

“Los principios no han cambiado, pero es necesario destacarlos ahora”, dijo el obispo Cantú quien citó la exhortación apostólica de 1999 de San Juan Pablo II “Ecclesia in America” ​​(“La Iglesia en América”) como una fuerza guía para la cooperación entre los obispos de ambos países. Una guía que debe prevalecer, por encima de los intereses proteccionistas de las partes.

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