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No puedo controlar el movimiento de mis piernas

SPI
Stock-asso - Shutterstock
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El síndrome Willis-Ekbom, popularmente,  denominado Síndrome de Piernas Inquietas (SPI), Restless Legs en inglés, es un trastorno del sistema nervioso que provoca una necesidad incontrolada de moverse y caminar

¿Quién no ha oído esta expresión alguna vez: “¡Estáte quieta, por favor, me pones nervioso!? Sólo hay una respuesta posible: Lo siento, no puedo. Sufro el Síndrome de Piernas Inquietas (SPI). Este es el resumen de una situación que se da con cierta asiduidad en los entornos sociales y familiares de quienes desconocen la existencia de la enfermedad y atribuyen al “movimiento incontrolado” de las piernas a un estado de ansiedad o nerviosismo. Nada más lejos de la realidad.

El Síndrome de Piernas Inquietas se considera una enfermedad olvidada sobre la que se ha investigado poco aunque su primera referencia data del siglo XVII, cuando el médico inglés, Thomas Willis, considerado uno de los padres de la Neurología describió que el  “movimiento de las piernas era un escape de los humores hacia los nervios de las extremidades.

A partir de los años 80, gracias a la inquietud de neurólogos y especialistas en trastornos del sueño que veían a muchos pacientes que describían los mismos síntomas, se logró un mayor reconocimiento por parte de la comunidad médica y científica de la importancia de la enfermedad. Hoy, todavía queda mucho camino por recorrer debido al gran desconocimiento de su gravedad entre la población. 

El Síndrome de Piernas Inquietas es un trastorno que afecta al sistema nervioso, provocando un movimiento compulsivo y sensaciones desagradables que el paciente no puede controlar.  Se diagnostica por la presencia de cuatro síntomas muy específicos:

  • Necesidad de mover las piernas añadida a una sensación de dolor o malestar
  • Los movimientos aparecen y se agravan en situaciones de inactividad, cuando se está sentado o tumbado
  • El estiramiento o movimiento de las piernas alivia el malestar pero reaparece fácilmente si se vuelve a un estado de reposo   
  • La tarde y/o la noche son los dos momentos del día más propensos a que aparezcan síntomas

“Las molestias ocasionan la necesidad de levantarse, caminar y moverse”

La necesidad de moverse puede confundir con un tic nervioso, pero a diferencia de éste, en el SPI la inactividad agrava el estado de malestar, se siente tirantez, hormigueo, calambres y por supuesto, cierto desasosiego. Además, está demostrado que provoca, a la larga, serios problemas del sueño porque se produce con mayor frecuencia a partir del anochecer y durante el descanso nocturno.

“El peor momento del día es la hora de ir a dormir”

Las causas fisiológicas de  la enfermedad del SPI se desconocen pero los estudios científicos han demostrado que sufrir anemia, estar embarazada o tener antecedentes familiares puede provocar la enfermedad. Los estados de ansiedad o el estrés parece que también pueden influir. Algunas medicinas o el abuso de café, tabaco y alcohol empeoran mucho los síntomas.

El SPI no se puede curar pero existen diversos tratamientos para aliviar los síntomas. Además de los tratamientos con diversos fármacos los especialistas recomiendan practicar hábitos de vida saludables y rutinarios que pueden ayudar mucho a  mejorar mucho el pronóstico.

HEALTH
Africa studio - Shutterstock

De acuerdo con un reciente informe del Grupo de Trabajo de Síndrome de Piernas Inquietas publicado por la Sociedad Española de Neurología y la Sociedad Española del Sueño para aliviar la intensidad y frecuencia de los episodios de piernas inquietas hacen las siguientes recomendaciones:

  • Tener una buena higiene del sueño: descansar suficientes horas y seguir una rutina acostándose y levantándose siempre a la misma hora
  • Aplicar compresas calientes o frías
  • Practicar estiramientos suaves y masajes relajantes
  • Evitar en la medida de lo posible estados de estrés y ansiedad
  • Evitar el consumo de bebidas excitantes como café y colas, el alcohol y el tabaco

Si a usted le parece que puede sufrir el SPI consulte al neurólogo y cuando alguien le vuelva a decir: “Estate quieto que me pones nervioso” dígale: “Es hora de salir a  dar un paseo con Calma, mi perra. Si quieres ven y te cuento

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