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¿Cómo ahorrar cuando en realidad no somos tan racionales como creemos? 

FAMILY ECONOMY

Joana Lopes - Shutterstock

César Nebot - publicado el 13/11/17

No son pocas las ocasiones en las que las familias tienen apuros para poder hacer frente a pagos imprevistos que exigen haber tenido ahorrado cierto margen. Generalmente, las economías familiares suelen ir al límite cada mes.

De acuerdo con la última Encuesta de Calidad de Vida del INE, uno de cada tres hogares sufre serias dificultades para llegar a final de mes. Por un lado, el factor de rentas bajas y desiguales en España se muestra importante. Por otro lado, el ahorro requiere de un nivel de decisión económica que según el premio Nobel de Economía del 2017, Richar Thaler, excede al ámbito de lo racional.

Los estudios de Thaler abundan en el análisis de las decisiones económicas a nivel de cómo funciona nuestro cerebro evolutivo, es lo que se denomina neuroeconomía. Hemos presupuesto demasiado a la ligera que en cuestión de negocios y de decisiones económicas nuestro cerebro actúa con un nivel de eficiencia de cómputo y racionalidad más allá de sus posibilidades. En cambio, el márketing hace mucho que introdujo la herramienta de las emociones para convencer al consumidor.  De acuerdo con la neuroeconomía entre un 85% y un 90% de las decisiones económicas no se toman de forma consciente sino mediante el cerebro no consciente. Creemos, desde un convencimiento casi apolíneo tal como prescribía Herbert A. Simon, que para llegar a un convencimiento primero analizamos la información y finalmente mediante un razonamiento llegamos a una decisión. Pero los estudios en neurociencia demuestran incluso lo contrario, que en lugar de razonar tendemos a racionalizar. Es decir, una vez convencidos de forma no racional, buscamos razones para justificar nuestra elección.

En esta línea, una familia que pretenda programar un ahorro sin plantearse que las decisiones económicas suelen no ser tan racionales se ve abocada a ir sacrificando ese ahorro. Los compromisos económicos racionales difícilmente se sostendrán a lo largo del mes y del año. Sucederá como quien se apunta a un gimnasio como propósito para mejorar su salud pero que al final acaba por no acudir porque en el día a día las decisiones le llevan a romper el compromiso.

Por esto mismo, hay ciertas recomendaciones que se pueden hacer para que las familias consigan ahorrar teniendo en cuenta los avances en neuroeconomía.

En primer lugar, consiste en no tomar decisiones de gasto a partir de cierta cuantía de forma impulsiva ni inmediata. El márketing conoce la propensión de nuestro cerebro a autogratificarse mediante impulsos y, por lo tanto,  aprovecha la inmediatez para propiciar el gasto. A partir de cierto umbral de coste que usted puede planificar previamente, por ejemplo unos 100 euros, comprométase a consultarlo primero con la almohada. Pocas cosas son tan urgentes como para no poder esperar unas 12-24 horas para ser adquiridas.

FAMILY ECONOMY
Andrey_popov - Shutterstock

Otra estrategia relevante consiste en apartar, al principio de mes, la cuantía de ahorro en una cuenta diferente o en metálico en una hucha aparte. Eso permite olvidarnos de la disposición de esa cuantía y, por lo tanto, la tentación del impulso requiere de mayor energía. Así que al requerir más tiempo para disponer de ese dinero apartado, la adquisición por impulso es más probable que se pueda mitigar.

En tercer lugar, asignar un presupuesto al principio de mes para cada tipo de gasto es una buena estrategia por cuanto, en el momento que uno considere que cierto artículo debe ser adquirido, debe pensar que tiene un coste no sólo en términos monetarios, sino que debe rebajar la partida de otros gastos y se da cuenta qué tipo de bienes tiene que sacrificar para comprar ese artículo que a lo mejor le ha entrado por los ojos pero que en realidad no era tan necesario. Imagine que le encantaría comprar un nuevo ordenador portátil, usted sabe cuánto dinero le cuesta, pero si tiene los presupuestos asignados previamente además sabrá que ese mes, en consecuencia, puede ir menos con la familia al cine o no puede comprarle la ropa deportiva que su hijo necesita. Esto nos tomar la dimensión correcta y en términos reales de qué se está sacrificando ante ciertas decisiones de compra.

En cuarto lugar,  evitar los espejismos de los automatismos de pago. Sin lugar a dudas, para la adquisición de ciertos bienes que exceden nuestra disposición económica mensual, las familias debemos hacer compra a plazos. El problema es que el automatismo de los pagos hace caer en el olvido o descuido este empleo de dinero mensual.  El cerebro no consciente se siente gratificado por la compra realizada al principio pero después tiende a olvidar el estímulo negativo de su pago y del sacrificio que implica cada mes. Por eso mismo, es necesario recordar y hacer visible cada mes dicho pago, incluso “celebrar” el pago del último plazo. Esto nos permite recuperar la dimensión correcta de la decisión económica tomada y nos previene de sobreendeudarnos porque simplemente tomamos una visión negligente de nuestras obligaciones.




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Como quinta recomendación y de cara a las épocas de gasto que se avecinan con excusa de las celebraciones navideñas, hemos de tomar la precaución de no caer ante la gratificación que impone la moda como fenómeno de masas. La moda, desde el punto de vista psicológico, juega con el plano de pertenencia en nuestro desarrollo de tal forma que nuestro cerebro se siente gratificado cuando nos sentimos aceptados. Ante esa necesidad de aceptación, la moda dispone ante nosotros una serie de códigos de aceptación por la masa, por los que nos rodea. Y esa gratificación para nuestro cerebro exige un sacrificio económico. No ir a la moda o no disponer de lo que disfruta nuestro vecino nos provoca tensión, algo que no está resuelto para un cerebro que necesita diluirse en el clan para descansar.  Por esto mismo, una de las claves es educarnos y  educar a nuestros hijos en el análisis de las necesidades propias y no de los empujes de las masas. Ser dueño de las propias necesidades nos hace libres, vivir pendientes de que nos dicten cuáles son las necesidades no hace esclavos. Así pues, cuando sintamos un impulso irrefrenable para comprar el producto de moda que todo el mundo está comprando, vale la pena pensar en si se corresponde con una necesidad real y recordar esa bicicleta estática que apenas usó y que actualmente usa de perchero.

Otra recomendación importante consiste en que a veces para ahorrar se debe gastar tiempo para buscar los mejores precios. Esa búsqueda sistemática propicia estratégicamente que los vendedores sean a su vez más sensibles para competir en precios. Es decir, no sólo conseguiremos un efecto directo en emplear menos dinero y así poder ahorrar sino que además se podrán estrechar los márgenes de venta y así facilitar el ahorro en un futuro. Por internet se pueden encontrar aplicaciones online de seguimiento de precios de artículos que a la postre acaban avisándote cuando el precio ha caído al objetivo que usted se ha marcado como adecuado.

Finalmente, la típica recomendación para no gastar de más consiste en no caer en las ofertas trampa de gangas imposibles en las que se ofrecen descuentos muy elevados sobre un precio que en realidad venía ya hinchado. Nuestro cerebro que busca esa gratificación constante suele buscar como indicador del valor de un producto el precio indicado como original. Así pues, es mayor la propensión a comprar un producto que se anuncia con precio de 20 euros y un descuento de un 50% que el mismo producto anunciado directamente por 10 euros. El coste es el mismo, pero nuestro cerebro obtiene mayor gratificación pensando que ha conseguido por 10 euros algo que se ha convencido disponía de un valor de 20.

Tal vez con estas recomendaciones, conociendo un poco mejor nuestro cerebro desde la neuroeconomía desarrollada por Richard Thaler, podamos no sólo planificar y defender un ahorro armónico con nuestras finanzas y nuestra vida familiar, sino que además dispongamos de herramientas para vivir las épocas navideñas desde la clave correcta y no desde el consumismo desaforado y alienante. ¿Y si tomar conciencia de que nuestro cerebro no es tan perfecto racionalmente fuera la clave para nuestra libertad como individuos en esta sociedad comercializada?

Tags:
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