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“Todas las noches rezábamos por la persona que mató a nuestro padre”

Archivo personal de Gloria Aguado
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A su padre lo beatificaran hoy en Madrid junto a otros 59 mártires vicencianos

“A mi padre lo mataron el día de la Milagrosa de 1936”. Así comienza su relato Gloria Aguado, hija de Miguel Aguado, uno de los mártires que serán beatificados este sábado. A sus 81 años, Gloria recuerda que su padre era caballero de la Milagrosa, adorador nocturno y congregante de San Vicente de Paúl.

“Todos los días salía de casa a las seis de la mañana para ir a Misa y comulgar. Era un hombre muy sencillo que tuvo una vida de piedad muy intensa por la buena influencia que sobre él ejerció mi madre”, María Merino, con quien se casó en abril de 1927 y con quien tuvo cuatro hijos. Por eso, “después de morir mi padre nuestras vecinas del barrio, cuando pasaba mi madre, gritaban: “A esa, a esa es a quien habría que haber matado””.

Gloria, que perdió a su padre cuando apenas tenía seis meses, iba con su madre por las tiendas, “pero nadie nos daba nada”. Sin embargo, eso no cambió el carácter recio ni la fortaleza de la fe de María. “Nunca dijo nada contra nadie. Decía: “Ya no tengo lágrimas, solo con mirar al cielo ya es bastante”. Cuando se acordaba de la muerte de su marido decía: “Dios me lo dio, y Dios me lo quitó”, y nos insistía en que “a Dios no hay que pedirle cuentas”. Y en aquellos años difíciles del Madrid de la guerra, “mi madre entraba en las iglesias derruidas solo por buscar un rato de consuelo con el Señor”.

Viuda y con cuatro hijos, la madre de Gloria “nos enseñó siempre las verdades de la fe y a hacer el bien. Todas las noches rezábamos “un padrenuestro por la persona que ha matado a vuestro padre, para que Dios le perdone y se vaya al Cielo”, nos decía”.

Además, “mi madre nos hablaba mucho del Cielo, y nos repetía: “Allí os espera vuestro santo y querido padre”. Esto no son ideas, esto yo lo he mamado desde pequeña”, afirma Gloria.

“Ahora me da pena que no pueda ver esto. Mi madre ni se habría podido imaginar que iban a beatificar a mi padre. Me da mucha alegría, estoy oyendo hasta las campanas del Cielo. Mi madre y mi padre estarán ya juntos. Esto es algo tan grande”.

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