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Buenas razones para cumplir con el tratamiento

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“Los medicamentos no funcionan en aquellos pacientes que no los toman” Charles Everet Koop, experto en salud pública

¿A quién lo le ha pasado alguna vez que se haya olvidado de tomar la pastilla o el medicamento que le ha recetado el médico, o se haya saltado la dieta que le ha recomendado? Incluso, muchas veces, cuando ya nos sentimos mejor, decidimos no acabar con el tratamiento que teníamos que seguir.

En el año 2003,  la Organización Mundial de la Salud definió el término adherencia al tratamiento como “el comportamiento  que adopta una persona –tomar el medicamento,  seguir una dieta alimentaria adecuada y  modificar o adquirir hábitos de vida saludables-  para cumplir con las recomendaciones acordadas con el médico”.

Sin embargo, los resultados de diversos estudios nos indican que, sólo el 50%  de las personas que salen de la consulta del médico con una prescripción cumplen con el tratamiento farmacológico según las indicaciones que han recibido.

Existen diversas razones que nos llevan a incumplir un tratamiento farmacológico pero el olvido es uno de los más habituales. Preguntémonos entonces ¿por qué olvidamos tomarnos la medicación si queremos curarnos y es el medio para sentirnos mejor?.

Dicen los expertos que hay diversas razones que responden a este patrón de comportamiento contradictorio. En algunas personas, estar enfermo es una causa de estrés y preocupación tan intensa que los lleva incluso a negar la enfermedad y les provoca un mecanismo psicológico de rechazo.

Otra causa de no seguir de manera metódica y ordenada el tratamiento es la complicación de todo lo que nos han recetado, sobre todo en los casos de poli medicación (muchos medicamentos a horas diferentes)que hace que sea difícil recordar cuando y en qué circunstancia hay que tomar cada uno.

Este caso se produce con mucha frecuencia en enfermos crónicos que están sometidos a tratamientos para diversas patologías. Existen otras muchas razones por las que se abandona un tratamiento médico: malinterpretar las instrucciones de la toma; experimentar efectos secundarios; no entender la complejidad del tratamiento; tener que tomar muchos y de forma muy frecuente; decidir que ya no es necesario al desaparecer los síntomas; tener temor  a la dependencia; etc.

Pero, ¿qué ocurre cuando abandonamos el tratamiento?  

No  cumplir con el tratamiento tiene diversas consecuencias  y en ocasiones graves. La más inmediata y menos grave es que los resultados a corto plazo no serán los esperados y deseables. Quizás los síntomas se hayan aliviado pero la enfermedad o trastorno no se curará e incluso provocará un  empeoramiento o recaída.

Pero puede tener consecuencia incluso más graves. Por ejemplo, si no tomamos todas las dosis para el tratamiento del glaucoma puede provocar lesiones del nervio óptico y ceguera. También, por ejemplo, en el caso de pacientes con enfermedades cardiovasculares, que son muchos y que es la primera causa de muerte a nivel mundial y que están sometidos a  tratamientos de larga duración.

No seguir el tratamiento al pie de la letra  incrementa de manera muy significativa el riesgo de sufrir un nuevo episodio de  infarto de miocardio o ictus.

Pero para poner un ejemplo más de día a dia, si abandonamos antes de tiempo un tratamiento con antibióticos puede provocar no sólo que vuelva la infección, sino que creemos resistencias al medicamento, lo que puede ser muy peligroso.

En otro sentido, las  consecuencias que provoca la falta de cumplimiento terapéutico es su repercusión socioeconómica. Ésta, a la larga, se traduce en un incremento elevado de los  costes de los sistemas de salud. A efectos prácticos, significa más ingresos hospitalarios, más visitas  médicas, más pruebas diagnósticas y también la prescripción de tratamientos que de otra forma habrían sido innecesarios.

Todo ello reduce los resultados de salud, la calidad de vida de los pacientes, los casos de complicación y, en algunos casos, incluso muerte y, en conjunto, supone mayores costes para el sistema sanitario desde el punto de vista económico.

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La solución está en tus manos: voluntad, responsabilidad y compromiso  

Si entendemos y participamos de las decisiones de nuestro tratamiento, en general, mostramos mayor predisposición a colaborar aunque requiera un esfuerzo extra por nuestra parte. Asumir esta responsabilidad nos convierte en sujetos activos en el cuidado de nuestra salud y, a la vez, hacemos que objetivo de curarnos no sea solo del médico sino también nuestro.

Para conseguirlo se ponen en marcha campañas educativas e informativas dirigidas a pacientes según sus características, la enfermedad y el grado de  complejidad. Los grupos de apoyo creados por asociaciones de pacientes también han dedicado atención a esta problemática y actúan como coaching ya que  proporcionan  soluciones específicas para superar las dificultades que a menudo pueden resultar  fatigosas y demasiado largas para pasarlas en soledad.

Otra opción es recurrir al ingenio y encontrar  soluciones domésticas sencillas que seamos capaces de cumplir y que  pueden sernos de gran ayuda: colgar una lista en la nevera, activar una alarma en el teléfono móvil, cambiar el reloj de mano, organizarnos un pastillero, etc. A veces, las ideas que surgen de nosotros mismos son las más eficaces para conseguir nuestros objetivos.

Porque es muy importante recordar que somos los primeros responsables de nuestra salud.

 

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