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La sharía ¿es un código legal como los demás?

SHARIAH
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Para los musulmanes, las leyes proceden directamente de Dios, no de los hombres

No. Los códigos legales que actualmente conocemos son fruto del proceso de secularización de las sociedades occidentales. Es decir, de la separación entre las esferas religiosa y civil. Para los musulmanes ley y fe no son separables.  El Islam se materializa en el cuerpo social a través de la Sharía. Ésta regula las relaciones entre Dios y los hombres y de los hombres entre ellos.

No estamos por tanto ante un corpus jurídico consensuado por una comunidad política. Unas leyes sujetas a cambios históricos, acordes con las necesidades expresadas por dicha comunidad. La Sharía es para los musulmanes el camino que Dios les muestra para el cumplimiento de Su voluntad. Su seguimiento es camino de salvación.

Esta ley islámica se sustenta en el modelo ético que representa la vida de Muhammad a través del Corán y los hadices (dichos y hechos del Profeta). A partir de este planteamiento, podemos diferenciar entre los partidarios de inmovilismo y los que sostienen su carácter histórico. Los primeros la conciben como procedente Dios y por ello es inmutable y eterna. Los segundos, aunque no desechan esta concepción divina, subrayan cómo ha interpretación de las fuentes por parte de los hombres es el origen de la ciencia jurídica (fiqh).

Aquí radica el origen de un error frecuente que traza un paralelismo entre sharía y código legal. La sharía no puede desprenderse del carácter divino que tiene asociado. Es un elemento central de la identidad musulmana que regula desde el derecho individual, el de familia, mercantil, procesal o internacional.

Tampoco podríamos identificar sharía y derecho canónico. Éste se encarga de regular jurídicamente la Iglesia Católica. Es un “código” reunido en un solo volumen de modo consistente, coherente y sistemático. Y aunque esté en perfecta armonía con la creencia, sus normas no emanan directamente de Dios.

Desde la perspectiva de un musulmán, la ley islámica no emana de los hombres. Y como tal, no es susceptible de oposición, coordinación o sustitución. Sólo a Dios le incumbe la facultad de legislar y al hombre competente codificar y ejecutar.

La diferencia con un código canónico es que la Sharía no está recogida en un conjunto normativo, estructurado en artículos. Sino que la Sharía las diferentes soluciones que han sido dadas por los expertos (alfaquíes) ante determinadas situaciones. La clasificación e los actos humanos se hace en función de categorías que van de mayor a menor cercanía con el modelo ético representado por Muhammad.

Finalmente, podemos decir que casi todas las corrientes islamistas han hecho del establecimiento de la Sharía una reivindicación fundamental. Sin embargo, puede afirmarse que no existe un acuerdo unificado sobre qué sería esa Sharía, hasta el punto de llegar a confundirse con el Islam mismo, con un marco general en el que se esté “a salvo” de la modernidad. Una fuerza puesta al servicio de la reislamización, de un reordenamiento espiritual, político, vital. Un instrumento de “lucha por la pureza” del mundo islámico en contraposición con la decadencia occidental.

 

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