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Pensar y votar como católicos

ELECTIONS

Darron Birgenheier-(CC BY-SA 2.0)

Jaime Septién - publicado el 05/11/17

Nueva cita en las urnas electorales estadounidenses

El próximo martes 7 de noviembre es día de elecciones en muchas ciudades y en dos estados de Estados Unidos: Nueva Jersey y Virginia. A un año de las votaciones presidenciales del 8 de noviembre de 2016, en la que resultó electo el Republicano Donald Trump, en esta nueva ronda electoral se medirá la fuerza de los Demócratas frente a la nueva administración Republicana (sobre todo en el Estado de Virginia donde el Demócrata Ralph Northam parte como favorito).

Ante esta nueva cita de los estadounidenses en las urnas electorales, Stephen Schneck, ex Director del Instituto de Investigación Política y Estudios Católicos de la Universidad Católica de América, ha publicado en U.S. Catholic una guía de siete ideas sobre lo que los católicos deberían pensar sobre política y gobierno, y lo que sería bueno reflexionar antes de votar el próximo martes. Una guía no escrita “desde arriba”, y que puede servir para cualquier católico que se tome su fe en serio (con respecto a la polis).

“Con el lugar fundamental que los católicos ocupan en la vida pública estadounidense, surge una gran responsabilidad. Por el bien de nuestra nación y nuestros conciudadanos, estamos llamados a asumir esa responsabilidad con la guía de las enseñanzas morales y sociales de la Iglesia”, asegura Schneck.

Participar en las urnas

Las enseñanzas católicas tradicionales reconocen no solo la necesidad del gobierno para la vida humana, sino también su responsabilidad de promover el bien para la sociedad. A diferencia de la concepción negativa que los estadounidenses (y en muchos otros países del mundo) suelen tener, percibiendo la política como “un mal necesario en el mejor de los casos”, la Iglesia católica ve la vida política como una actividad natural e idealmente noble para lograr lo que no pueden hacer los individuos por sí mismos. La ciudadanía tiene, por lo tanto, obligación moral de participar en la vida pública. En democracia, donde votar es una forma primaria de compromiso político, la enseñanza católica insiste en la importancia de participar en las urnas.

Involucrarse desinteresadamente

El mensaje cristiano básico “siempre ha sido sobre superar al yo por el amor a Dios y a los demás”. En política, este mensaje del Evangelio significa que debemos comprometernos no para promover «intereses», ya sean intereses propios, intereses especiales o intereses partidistas, sino más bien para avanzar en el bien común. El ideal, aquí, no es una política de división y competencia, sino de solidaridad y cooperación, a medida que los ciudadanos se elevan por encima de las preocupaciones egoístas para centrarse en lo que es mejor para la comunidad y todas sus partes.

Discernir el bien común

En la práctica, participar en la vida política para el bien común significa anteponer las necesidades de los más vulnerables, marginados y menos poderosos. ¿Quiénes son los vulnerables, marginados y menos poderosos? Son aquellos de los que los evangelios hablan como «los menos» entre nosotros: los pobres, los no nacidos, los oprimidos, los maltratados, los migrantes en la sombra, los enfermos, los encarcelados, los niños, los que están al final de la vida, e incluso nuestro planeta extenuado. “La medida para el bien común no es la proeza militar, la tecnología o el índice Dow Jones; en cambio, es la calidad de vida de los menos entre nosotros. En las enseñanzas católicas, los ciudadanos deberían votar por los menos importante entre nosotros”. Que ellos estén siempre en sus mentes.

Elegir la virtud

Avanzar en el bien común significa promover la virtud. Promover la virtud es, en muchos sentidos, materia de la verdadera política. La ciudadanía no es tanto una cuestión de reglas, de leyes y derechos de nacimiento; la buena ciudadanía emerge de la formación de los ciudadanos en la virtud. “El personaje importa. Es crucial que los votantes midan la virtud de un candidato, pero aún más es necesario votar por aquellos cuyas políticas inculcan virtud”. En las enseñanzas católicas, los ciudadanos deberían votar por los virtuosos.

Comprometerse con la humildad

“Los católicos, entendemos cómo el pecado nubla las mentes y corrompe los corazones, incluido el nuestro”. En contraste con los ideólogos que orgullosamente asumen certezas acerca de lo que es correcto, y que se ensañan con los demás de manera auto justificada, los evangelios advierten contra el orgullo y exigen humildad. Los que tienen autoridad, deben gobernar humildemente, practicando el liderazgo del servicio. En las enseñanzas católicas, los ciudadanos deben votar por aquellos que se humillan a sí mismos, que son servidores del bien común.

Prudencia en el ejercicio

La prudencia es la virtud de tomar decisiones sabias sobre cuestiones de las que no se tiene total certeza. Santo Tomás de Aquino pensó que la prudencia es la virtud esencial para la política y el gobierno. A diferencia de los revolucionarios –que destruyen el orden existente y lo reemplazan por otro– una persona prudente se orienta hacia el cambio del orden existente. Así que la tradición, las costumbres, los precedentes, el debido proceso y el Estado de Derecho son valorados y respetados por la persona prudente. En las enseñanzas católicas, la votación debe guiarse por la prudencia.

Votar proféticamente

Los antiguos profetas levantaron la voz en tiempos de falsedad y confusión. Los profetas son aquellos que poseen “la gracia de no ser engañados por las mentiras y tienen el coraje de ser testigos de verdades inconvenientes”. Los profetas desenmascaran las anteojeras de la ideología, las post-verdades, el partidismo y la opinión de las masas. La profecía le espeta la verdad al poder. Con la Resurrección de Jesús, todos los cristianos están llamados a ser profetas. En las enseñanzas católicas, el acto de votar debe estar informado por la verdad, debe dar testimonio de la verdad y debe decirle la verdad al poder.

Con información de U.S. Catholic. (Stephen Schneck en Twitter: @StephenSchneck)

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