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Si con tus compañeros te limitas a transmitir información, prepárate para los conflictos

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César Nebot - publicado el 02/11/17

La comunicación, y no la mera transmisión de información, facilita relaciones laborales más productivas y humanas

En nuestras relaciones tanto sociales como laborales, tendemos a considerar que la comunicación se limita a la transmisión de una información relevante. Pero la comunicación excede con creces el fenómeno de la transmisión de un mensaje informativo, declarativo o del tipo que sea.

El esquema canónico sobre la comunicación ya nos pone sobre aviso en que hay más elementos relevantes sobre el propio proceso. El canal y las características de quienes emiten o la diferente forma de entender un mismo mensaje en función de las características del receptor trasmutan la información en una complejidad caleidoscópica comunicativa.

Si esto puede conllevar diferencias de parecer y conflictos en el orden de lo social, claramente implica una serie de dificultades en el ámbito laboral en el seno de las organizaciones.

De hecho, en las organizaciones empresariales se suele pensar que la comunicación formal es una condición suficiente para alcanzar una comunicación efectiva. En le cortometraje Yo tb tq se trata magistralmente cómo un mismo mensaje alcanza resultados diferentes en función de la comunicación no verbal y el propio canal de comunicación.




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Si bien la revolución informática ha permitido un mayor flujo de información, podemos caer en el error de que también lo ha hecho en términos de comunicación. Nos olvidamos del factor humano en la comunicación que es básico. 

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En las empresas, si no tomamos en cuenta de la importancia de comunicar, frente al mero hecho transmitir información, corremos el riesgo real de enrarecer e ir contaminando el clima laboral. De esto se derivan muchos de los conflictos dentro de las organizaciones con costes no sólo monetarios sino pero, en términos personales, de vida, incalculables.

Para lograr una comunicación efectiva en nuestros ámbitos laborales y sociales hemos de reparar en la importancia de la comunicación no verbal que complementa la verbal; a su vez, deben tomarse en cuenta los elementos mencionados de la comunicación para que siendo conscientes de que la comunicación lleva mucho del emisor ser capaces de acogerle. Por esto se precisa practicar la escucha activa. Una escucha en actitud de acogida del otro teniendo en cuenta sus características, buscando ponerse en su lugar de forma empática.

Llegados a este punto es necesario diferenciar la empatía de la simpatía. En nuestras relaciones de todo tipo tendemos a confundir ponerse en el lugar del otro con padecer su mismo mal, su misma tribulación. Esto último no es empatía, sino simpatía, padecer lo mismo.

Caer en el aspecto naïf de la simpatía provoca que en las organizaciones empresariales y sociales suframos un desgaste superior.

De igual manera que ayudar a alguien que se está ahogando, no consiste en ahogarse con él, ayudar a un compañero tiene más que ver con lanzarle un flotador o un  salvavidas sin perder la propia posición. La simpatía nos ahoga y en este sentido evita que podamos crecer. Por otra parte, nos expone como presas ante los victimistas.

Éstos, que suelen ser verdigos disfrazadas, suelen usar la simpatía de los demás para llevar a cabo su proselitismo de adhesiones a su causa. Así pues la simpatía nos puede convertir en un medio para el otro. En cambio la empatía permite distanciarse de todas estas trampas y así poder crecer.

Tal vez si pusiéramos un poco más de atención a los procesos de comunicación dentro de nuestros trabajos y de nuestras organizaciones y adoptásemos la escucha activa desde la empatía como base, muchos de los conflictos que erosionan el clima laboral se irían atenuando y podríamos disponer de unas relaciones laborales más productivas y más humanas, que al final es lo que importa.

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