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Odette y Jean, 72 años de matrimonio, aún unidos a pesar de los dramas

PERSONNES AGEES SUR UN BANC
© Shutterstock
Photo d'illustration
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La editorial francesa Famille Chrétienne publica un libro sobre la felicidad en el matrimonio como segundo tomo de su colección de libros "Les Questions spi de Marie". Esta serie destinada a jóvenes católicos responde con humor y profundidad a grandes preguntas espirituales. Extracto.

72 años de matrimonio. ¡Ojo al dato! Odette y Jean han celebrado este verano sus ¡bodas de titanio! El titanio es lo más en metales: resistencia excepcional a la erosión y a los choques, plasticidad, conservación de sus características a temperaturas altas… Esto podría aplicarse a este amor de largo recorrido, ¿no? Pero ¿qué hay que hacer para lograr un amor tan… titánico? Eso hemos ido a preguntarles a ellos.

El testimonio de Odette y Jean

“Sumamos 182 años entre los dos en este de matrimonio, Odette, ¡eso no está nada mal!”, pronuncia con orgullo Jean Durrua, de 92 años, con la mano sobre el clavicémbalo de su casa de Saint-Pierre-du-Mont (Landas, Francia). Odette, de 90 años, opina: “¡Sí, es maravilloso!”.

Esta pareja de artistas lleva componiendo su partitura conyugal desde hace 72 años, sin demasiadas notas falsas, a juzgar por el afecto que se dedican sin ostentación. ¿Su secreto? “Amar, amar otra vez; perdonar y rezar”, resume Jean.

Incluso durante las tempestades, porque ha habido más de una en casa de los Durrua. Digamos solamente que tuvieron dos hijas: una se suicidó después de haber entrado en una secta; de la otra, rota por una enfermedad psíquica, apenas tienen noticias.

Los grandes dolores son mudos y lloran en silencio. Pero recuerdan las luces que han recibido, en las horas más tenebrosas, como signos del Consolador: la alegría de ver a su yerno permanecer fiel a su mujer enferma y cuidarla con delicadeza; la dicha de educar a su única nieta y de saborear su tierna atención.

En el salón, grandes ventanales dejan pasar el aire y el verde. La pareja misma plantó esos árboles y arbustos. “El amor es como un jardín ─añade Odette─, necesita ser cultivado, trabajado, labrado… Afortunadamente, el Maestro del jardín, el de la Santa Angustia pero también el de la Resurrección, está ahí para mostrarnos el camino”.

Nacidos a 50 metros el uno del otro

Jean y Odette nacieron a 50 metros el uno del otro, en Mont-de-Marsan, y en realidad jamás han dejado solo al otro. Él cantaba; ella tocaba el piano. “Odette me acompañaba: le pedí que lo hiciera para toda la vida”, resume Jean. Se casaron en 1942, en plena guerra.

Nos atrevemos a preguntar: “¿Qué aspecto tenían de recién casados?”. Jean abre un armario antiguo. Entre las 8.000 partituras que contiene, extrae un fino sobre: su álbum de matrimonio. El sobre solamente contiene tres fotografías en blanco y negro, dos de ellas borrosas: “Nuestro fotógrafo había perdido a su esposa la mañana misma de nuestra boda, temblaba de pena”, excusa Odette.

En cambio, la foto de casados a la salida de la iglesia está nítida, ¿el fotógrafo se habría recompuesto? “No, se perdió la misa a causa de su duelo ─recuerda Jean─, pero unos días más tarde, abría en su laboratorio las bobinas de un oficial alemán de paso. Y descubrió… una fotografía de nosotros dos: ¡el alemán había pasado delante de la iglesia en el momento en que nosotros salíamos!”.

Pepitas de oro en los días ordinarios

Eso resume un poco la vida de los Durrua: pepitas de oro en la cotidianeidad de los días. “En una existencia, no se ve más que desgracia. Nosotros dos creemos que Dios quiere nuestra felicidad incluso en la desgracia”, murmura Jean.

¿El perdón? Los Durrua confiesan no haber tenido demasiados problemas para el diálogo: antes de la puesta de sol, para no dejar que la cólera envenene la noche y pudra el día siguiente.

En cambio, confiesan su dificultad para rezar juntos por motivos de sensibilidades religiosas diferentes. Jean se nutre con la Imitación de Jesucristo, mientras que Odette es más dada a la alabanza espontánea. Estas divergencias no impidieron los intercambios ni las ofrendas de confianza a Dios.

Se impone una conclusión: el secreto del amor duradero bien podría estar encaramado a una colina, a 30 minutos de coche de aquí.  Notre-Dame de Maylis, la abadía amiga, la madre nodriza de Jean y Odette. Así que habría que apuntar allí, a la fuente de su amor.

Una veintena de hermanos benedictinos se preparan para celebrar la eucaristía. En este divino misterio, el Esposo dice a la Esposa (la Iglesia): “He aquí mi cuerpo”. “Este deseo de comunión a veces puede agotarse en una pareja ─comenta Jean─. Así que no podemos sino recibirlo de ese Dios por quien el ser humano nunca agotará su deseo”.

Mientras cierra la tienda de la hostelería antes de dirigirse al coro, el hermano Marie-Bernard confiesa: “¿El secreto de un amor duradero? Primero, una voluntad duradera”.

Un mariage heureux, j’en rêve… Y’a un mode d’emploi ?, 13’90 euros. A la venta en librerías y en el sitio web Famille Chrétienne.

Encuentra a Marie, protagonista de esta colección, en su página de Facebook y en su blog.

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