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Primera víctima del “Rusiagate”

RUSSIA
Shutterstock-Diego Fiore
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El ex jefe de la campaña de Trump, Paul Manafort se entregó a las autoridades federales

Se veía venir. Y como sucede en estos casos, había que fabricar un chivo expiatorio. La presidencia de Donald Trump en Estados Unidos, podría deber mucho a la intromisión en la campaña que lo enfrentó con Hillary Clinton ni más ni menos que a Rusia.

Ya está el primero en prisión domiciliaria. Se trata del ex jefe de la campaña de Trump, Paul Manafort, quien, junto con su colaborador, Rick Gates, se entregaron a las autoridades federales, concretamente al FBI.

Se trata de cumplir una orden de arresto dentro de la investigación sobre la posible intervención de Rusia en las elecciones presidenciales del 2016. ¿Cómo intervinieron los rusos, archirivales de Estados Unidos? Según se ha podido saber, después de las investigaciones que apenas comienzan, alterando el proceso electoral a favor de Trump (y en contra de Clinton)

Según reportes de CNN y The New York Times, tanto a Manafort como a Gates se lee imputaron cargos por lavado de dinero, evasión de impuestos y cabildeo en el exterior. Ante un Tribunal de Washington, Manafort y Gates se declararon inocentes de los cargos presentados en su contra por conspiración y lavado de dinero.

​Por otro lado, George Papadopoulos, un asesor de asuntos exteriores de Trump, se declaró culpable de mentir al FBI en 2016, por un incidente que conecta directamente a la campaña del republicano con Rusia.

Papadopoulos mintió sobre una conversación que mantuvo en 2016 con un profesor universitario cercano al gobierno ruso, quien le reveló que Moscú tenía en su posesión “lodo” en la forma de miles de correos sobre Hillary Clinton.

De acuerdo con la declaratoria de culpabilidad, Papadopoulos sirvió de contacto entre la campaña de Trump y altos funcionarios rusos, incluido el presidente Vladimir Putin.

Y por su parte, el presidente Donald Trump se distanció de Paul Manafort y de los 12 cargos criminales con que su ex gerente de campaña fue acusado. Sugirió que la campaña de su rival demócrata Hillary Clinton debería ser también objeto de una investigación federal.

Trump externó su frustración por el hecho de que el fiscal independiente Robert Mueller mantiene la atención de su investigación centrada en su campaña, pese a las revelaciones de que la campaña de Clinton financió una pesquisa privada sobre sus presuntas conexiones con Rusia.

En la rueda de prensa de ayer lunes, la portavoz de la Casa Blanca, Sarah Sanders, dijo que los señalamientos “se remontan a mucho tiempo atrás, antes de que comenzara la campaña”, tal como había tuiteado el mandatario estadounidense ayer en la mañana.

“El anuncio de hoy no tiene nada que ver con el presidente y nada que ver con la campaña del presidente o la actividad de la campaña”, dijo. “El verdadero escándalo de colusión tiene que ver con la campaña de Clinton y (la empresa) Fusion GPS y Rusia”, afirmó Sanders, quien además dijo que hay “clara evidencia de que ellos (los demócratas) se coludieron para difundir información y calumniar al presidente”.

“Hemos estado diciendo desde el primer día que no hay evidencia de colusión entre Rusia y Trump, y lo de hoy no cambia eso”, dijo, finalmente, Sanders.

Lo cierto es que el llamado “Rusiagate” está en pleno apogeo. Y nadie, absolutamente nadie, podría decir que el asunto no podrá llegar a mayores. De hecho se encuentra en lo que en el boxeo se llama “rounds de sombra”.

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