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Cuando los niños aprenden a odiar a sus padres

DIVORCE
Oleksandr Zamuruiev - Shutterstock
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El Síndrome de Alienación Parental surge cuando una persona utiliza a sus hijos para hacer daño a su expareja

Síndrome: conjunto de síntomas que se presentan juntos y son característicos de una enfermedad o de un cuadro patológico determinado provocado, en ocasiones, por la concurrencia de más de una enfermedad.

Aplicar esta definición al Síndrome de Alienación Parental (SAP) hace que cobre todo el sentido pues la actuación de muchos padres heridos con sus cónyuges me parece en muchas ocasiones enfermiza.

Su peligrosísimo comportamiento pretende herir a su ex y, al tiempo, lo que está haciendo es destruir el alma y el espíritu de sus hijos. Porque en este tipo de dinámicas los que verdaderamente salen lastimados son ellos.

Los pequeños aprenden a odiar cuando por naturaleza lo único que saben y desean hacer es amar.

De acuerdo con mis estudios y experiencia con parejas en crisis, el Síndrome de Alienación Parental, es para mí un acto patológico, aberrante, deplorable e indigno.

Es un crimen que atenta directamente al alma de los niños que debería ser considerado delito mayor contra la salud pues afecta el bienestar emocional de los más vulnerables del hogar.

Hablamos de SAP cuando una persona pretende hacer daño a su expareja -porque se encuentra muy herida y lastimada- y utiliza a los hijos para hacerlo.

Es cuando uno de los cónyuges experimenta el máximo odio por el otro y usa a los hijos como rehenes emocionales para de manera indirecta descargar todas esas emociones y sentimientos negativos que trae en su contra.

En pocas palabras, es cuando en un divorcio, conflicto de pareja o separación uno de los padres pone a los hijos en contra del otro.

Perversamente, el padre o la madre programan a los hijos para que lejos de sentir amor, admiración, respeto y todo eso que hace admirar a cualquier padre sientan odio, rencor y rechazo por el ser que le dio la vida.

 

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R plantic - Shutterstock

Este veneno o SAP se mete en lo más profundo del ser de los hijos hasta que llega el momento en que verdaderamente el padre o la madre se vuelven los enemigos de los hijos.

Insisto, este es un crimen que muchos padres hacen con el alma de sus hijos. Este tipo de comportamientos, si no se atienden a tiempo, es el camino directo de su autodestrucción.

Hay muchísimas actitudes y comportamientos que llevan a ella:

  • El hijo quiere ver a su papá no custodio y la mamá pone obstáculos para que no se vean o el papá no pueda visitarlo.
  • No permitir ver al papá/mamá con el pretexto de que no ha dado para su manutención.
  • Impedir a los hijos que tengan contacto con la familia o parientes del padre no custodio.
  • Referirse a sus hijos como “mis hijos”, en vez de “nuestros” como si no tuvieran otro padre.
  • Delante de los hijos y más personas referirse al papá o a la mamá como “el difunto”, como si verdaderamente hubiera fallecido.
  • Manipular a los hijos de tal forma que sientan emocionalmente responsables del cuidado y de la felicidad del padre custodio y así toman una actitud de protección hacia él.
  • Preguntar que a quien quiere más o con quien es más feliz, si con mamá o con papá.

Papá, mamá, si tu cónyuge te traicionó, te fue infiel, etc. recuerda que te faltó a ti, no a tus hijos. Si en estos momentos lo que sientes es odio, frustración, indignación, rencor por tu ex., esos sentimientos -emociones- son tuyos y no son tu derecho transmitírselos a tus hijos esperando que ellos sientan lo mismo, y odien igual.

Es una manera inconsciente de que se hagan cargo de ti y de tu dolor y eso es un grave error. Insisto, tu dolor es tuyo, el adulto eres tú.

Los hijos tienen el derecho de tener una imagen paterna y materna intachable. No se la destruyas por muy dolido que estés.

Deja de destruir el alma de tus hijos. Por tu bien y el de ellos elije sanar y perdonar, por muy profundo que te hayan lastimado. Ellos merecen vivir en el amor y no en tu odio.

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