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¿Qué tipo de madre eres? Tu actitud marcará el futuro de tu hijo

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A pesar de las buenas intenciones, las relaciones familiares poco saludables a veces pueden tener consecuencias a largo plazo.

Las relaciones con nuestras madres pueden ser difíciles. Al principio, cuando somos niños, las madres son todo nuestro mundo. Más tarde mantenemos una distancia mayor para poder explorar el mundo. No todas las madres entienden esto. No saben cómo dejar marchar a sus hijos y aflojar los lazos que los atan.

Por desgracia, esto puede ser motivo de conflictos y problemas en un momento en que el vínculo con la madre —una de las personas más importantes en nuestras vidas— debería estar lleno de comprensión y compromiso mutuos.

¿Por qué es tan importante tener una buena relación con tu madre?

Si experimentas dificultades en tu relación con tu madre o con otras personas en tu vida adulta, el libro El factor mamá de Henry Cloud y John Townsend podría resultarte útil.

El autor destaca que tu desarrollo depende significativamente de la actitud de tu madre hacia ti y de tu respuesta al proceso de las atenciones de tu madre. Esto se debe a que aprendes sobre las relaciones con otras personas a través de tus padres.

El tipo de relación que tienes con tu madre configura en gran medida tus relaciones actuales. Por ejemplo, si tu madre se preocupaba excesivamente por ti, en tu vida adulta quizás tengas dificultades para aceptar la ternura de los demás. O, si tu madre era muy controladora, quizás seas especialmente sensible en este aspecto y consideres incluso las preguntas más sencillas como un intento de controlarte.

Los autores identificaron seis tipos de relaciones no sanas entre madre e hijo/a. 

MOTHERHOOD
Syda Productions - Shutterstock

La mamá fantasma

La mamá fantasma o la madre distante y ausente. Es emocionalmente inaccesible. Se caracteriza por un autocontrol constante, lo cual imposibilita establecer un vínculo con ella. Experimenta frecuentes cambios de humor, lo cual puede llevar a que su hijo o hija tema confiar en ella. Está tan metida en los problemas de su propia vida que se distancia de su hijo. Como resultado, el niño o niña no tiene manera de profundizar en el vínculo con su madre; por consiguiente, como adulto, es emocionalmente incapaz de desarrollar relaciones estrechas con otros.

La mamá muñeca de porcelana

La mamá muñeca de porcelana no sabe cómo gestionar las situaciones estresantes o desagradables. No puede hacer frente a sus problemas y se siente abrumada por lo que el niño trae a su vida. Como resultado, el niño no aprende a lidiar con las emociones; esto hace de él o ella un adulto impotente ante sentimientos de furia, tristeza o miedo que ellos mismos u otros conocidos experimenten.

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La mamá controladora

La mamá controladora está segura de saber qué es lo mejor y su actitud dificulta o imposibilita que su hijo crezca como persona. Estas madres crean un sentimiento de culpa en el niño adulto cuando intenta emanciparse y trata de ir más allá del control de sus padres. Alguno de los comportamientos que usan estas madres es mostrar indiferencia, usar chantaje emocional o mostrar ira y hostilidad. Quieren que todo sea como ellas quieren.

La mamá trofeo

La mamá trofeo necesita un público y valoración. Quiere ser el centro de atención y a menudo usa a su hijo o hija para conseguirlo, haciendo todo lo posible para que el hijo parezca perfecto y viva al nivel de sus expectativas; quiere que su hijo “la haga enorgullecerse” en todas las circunstancias, que sea un “trofeo” del que pueda presumir. Los hijos adultos de este tipo de madre están determinados a ser los mejores y a satisfacer las necesidades de los demás. Intentan hacer felices a otras personas y hacer lo posible por evitar decepcionar a la gente. Tienen miedo a cometer errores y a mostrar debilidad. Su perfeccionismo y sus constantes comparaciones con los demás les crean un sentimiento de infelicidad.

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La mamá aún jefa

La mamá aún jefa tiene un principio que orienta la forma en que maneja a sus hijos: “No importa lo mayor que seas, siempre seré tu madre y tú siempre serás mi bebé”. No sabe cómo dejar crecer a su hijo para hacerse independiente. De adultos, sus hijos tienen relaciones difíciles con sus semejantes, porque nunca aprendieron a relacionarse con los demás como compañeros e iguales. Como consecuencia, o bien permanecen en el papel de niños, sintiéndose inferiores e incapaces de tomar decisiones maduras, o bien asumen la actitud de jefe, intentando liderar y controlar a los demás. Ambos estilos también pueden funcionar alternativamente en la misma persona.

MOTHER
Martin Novak - Shutterstock

La mamá “American Express”

La mamá “American Express” es el tipo que no permite que sus hijos maduren y se emancipen, literal o psicológicamente; metafóricamente, implanta el antiguo lema de la tarjeta American Express de “no salgas de casa sin ella”. Intenta mantener inmutable para siempre la relación madre-hijo. Sus hijos adultos, por un lado, idealizan a su madre y, por otro, luchan por su “independencia”. También transfieren esta lucha a otras relaciones, lo cual implica que no saben cómo construir relaciones basadas en el interés y la confianza mutuos.

No todas las madres encajan necesariamente en alguna de estas categorías de forma exclusiva o en algún grado significativo; es bastante posible que tu madre —o que tú, como madre— sea imperfecta pero, en esencia, una buena madre. No te sorprendas si no te identificas con ninguna.

Por otro lado, incluso si una de las categorías sí encaja contigo como hijo o como madre, debemos recordar que las generalizaciones son útiles, pero son únicamente eso: generalizaciones. No pueden capturar todos los matices y las circunstancias de los casos específicos. Pueden ser muy útiles para ofrecernos entendimiento sobre los factores que pueden haber afectado nuestro desarrollo y nuestras relaciones actuales, pero no deberíamos caer en el riesgo de la exageración ni de las valoraciones precipitadas.

 

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EL FACTOR MAMA
Editorial Vida

Este artículo se publicó originalmente en la edición polaca de Aleteia

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