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El muñeco de nieve: El thriller en clima frío

THE SNOWMAN

Universal pictures

Hilario J. Rodríguez - publicado el 22/10/17

Lo peor de la película es lo poco que cree en sus personajes

Tomas Alfredson había dirigido de puntillas, sin llamar demasiado la atención, muchas series y telefilmes, e incluso varios largometrajes, antes de que la flauta sonase con Déjame entrar (2008) en su larga travesía del desierto.

Era una película de terror narrada desde fuera, por un intruso en el género que supo extraer de rasgos más bien realistas un clima alucinatorio donde una vampirita acababa convertida en ángel exterminador y femme fatale casi al mismo tiempo, con un paisaje proletario de fondo, un poco como el de Martin (1978, George A. Romero).

Luego Alfredson dirigió El topo (2011) en territorio extranjero, pero se llevó consigo su gusto por el claroscuro, la demora compositiva y los contrastes entre lo familiar y lo anómalo dentro del mismo plano, consiguiendo que el subgénero de espías latiese más allá de Bourne & Co, sin artes marciales ni imágenes generadas por ordenador.

Ahora nos propone El muñeco de nieve, que tiene que rivalizar con pesos pluma del thriller, en este caso en versión escandinava. La película se basa en la séptima novela que el novelista Jo Nesbø le dedicó al detective Harry Hole (interpretado aquí por Michael Fassbender).

Como no la he leído, y aunque sé algo sobre la violencia extrema de su autor para narrar asesinatos y torturas, tendré que conformarme con sacarle comparaciones con las películas basadas en la Trilogía Millenium de Stieg Larsson -a quien tampoco he leído, mea culpa- y concluir que entonces no es tan mala, y eso que buena tampoco me parece.

El desastre -sí- puede que venga de lejos, de cuando Martin Scorsese dijo que la iba a dirigir y luego prefirió pasar, de cuando un guionista se convirtió en tres acreditados (y algunos más en la sombra), de cuando se multiplicaron los montadores porque no había suficiente película, y de cuando el dinero comenzó a provocar prisas y todo fue quedándose a medias, quizás porque ya nadie confiaba en que el barco pudiese llegar a buen puerto (algo que explicaría que se estrenase sin pases de prensa, para tomar por sorpresa la taquilla y ver si el primer fin de semana de recaudación salvaba el proyecto del desastre).

En el cine clásico te presentaban a los personajes con dos pinceladas, imprimiendo luego el mismo ritmo a la acción, de modo que todo era eléctrico pero con sentido del ritmo. Había un equilibrio entre narración e imagen que ahora ya no hay porque el espectáculo quiere apropiarse del control, dejando a menudo las historias cojas y a los personajes mutilados, como efectos colaterales de un concepción cada vez más industrial, clonadora y boba de la historia del cine, que en una época de residuos dialécticos le proporciona significado a todo, para bien, para mal y para lo que sea. O deja el peso de la literatura en manos de las series de televisión.

Con respecto a esta película, podría decirse que trata sobre un detective alcohólico (el trabajo y los demonios se le han metido hasta el tuétano), un asesino en serie que trabaja con patrones (porque es muy vengador e inteligentísimo) o la sociedad noruega (que -ya puestos- podemos decir que ejemplifica a toda Escandinavia). Traducido queda así: la víctima, el bichejo y la sociedad del espectáculo (o el simulacro).

Lo peor de la película es lo poco que cree en sus personajes, en su capacidad para suscitar el interés del espectador sin que haya grandes dosis de suspense, miedo y sangre de por medio. Lo mejor son algunos planos donde un paisaje urbano desolador autentifica el esfuerzo de algunas imágenes por parecer amenazantes antes de serlo.

Entre todo esto, El muñeco de nieve sufre esa dispersión de quienes quieren hacer psicología, sociología, periodismo, comentario político y ficción a la vez, yendo de acá para allá sin encontrar nunca un centro. «Hace frío», nos dicen las imágenes y nos las creemos; «aquí todo es un baile de máscaras», nos sugiere la trama al descubrirse que cada invierno, al desatarse la primera tormenta de nieve y ser asesinado un miembro de una familia cuyo padre no era quien decía serlo, y entonces ya no creemos con tanta vehemencia.

Todo es bonito, pintoresco; es Noruega, un infierno con apariencia de postal navideña. Aquí sólo se puede beber para combatir el frío, la intemperie, las noches sin día. Los padres sin hijos se dan de bruces con los hijos sin padres, y en medio está un mundo que cambia: tipos listos por instinto frente a inteligencias artificiales (o artificiosas, con tecnología punta).

Menos mal que unos y otros quieren atrapar al asesino, incluso el asesino lo quiere, seguramente para devolvernos la esperanza de que en cuanto destruyamos la ilusión del presente a lo mejor aún nos queda algo que festejar en el futuro.

Ficha Técnica

Título original: The Snowman (2016).
País: Reino Unido.
Director: Tomas Alfredson.
Guión: Hossein Amini, Peter Straughan, Søren Sveistrup (a partir de la novela homónima de Jo Nesbø).
Reparto: Michael Fassbender, Rebecca Ferguson, Charlotte Gainsbourg, Jonas Karlsson, J. K. Simmons, Val Kilmer, James D’Arcy, Chloë Sevigny, David Dencik, Michael Yates, Jamie Clayton, Toby Jones, Sofia Helin, Ronan Vibert, Jakob Oftebro,Alec Newman, Silvia Busuioc.

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