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Así cambia la misa el “Domingo de la Palabra”

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El 24 de septiembre, con ocasión del evento promovido por los paulinos y la Comunidad de san Egidio, la Biblia asumió un papel central

El pasado 24 de septiembre de 2017, en la jornada dedicada a la Biblia, se llevaron a cabo algunos cambios extraordinarios en la misa del “Domingo de la Palabra”.

Con el objetivo de volver lo más central posible las Sagradas Escrituras ese domingo, los paulinos y la Comunidad de san Egidio – promotores de la iniciativa – difundieron una ayuda litúrgico-pastoral “El Domingo de la Palabra” (ediciones San Pablo)

El objetivo es apoyar a los sacerdotes y a los laicos para una mejor organización de la jornada y en particular de la misa.

Durante el Gloria

Con ocasión del Domingo de la Palabra, y por lo tanto de forma extraordinaria, durante el canto del Gloria, el diácono, presidido y acompañado por dos ministros con los respectivos cirios proceden a la entrada solemne de la Biblia oportunamente revestida y se aproximan al altar.

La Biblia

El diácono lleva el Libro, manteniéndolo elevado. Al llegar al presbiterio, el diácono y los acolitos colocan la Biblia en el ambón de manera que pueda ser usada para la proclamación de las lecturas y el Evangelio.

En caso de que se utilizara el evangelario en lugar de la Biblia, ésta se colocaría en el altar. Cuando no hay diácono la entronización la realiza el lector de la epístola. Lo precede el turiferario; se encuentran junto a él los acólitos con los cirios.

La infusión del incienso

Durante el “Canto al Evangelio” los acólitos con los cirios y el turiferario se acercan a la sede, para la infusión del incienso; se dirigen, por lo tanto, con el diácono y con el presidente al ambón para la proclamación del Evangelio. Esta será precedida por al incensación.

El beso del Libro

Al terminar la proclamación, el ministro besa el libro en señal de veneración añadiendo en voz baja:
“La palabra del Evangelio borre nuestros pecados”. Si la celebración es presidida por el obispo, al terminar la proclamación, el presbítero o el diácono lleva al obispo la Biblia para besarla, o la besa él mismo. Es bueno que en esta ocasión el celebrante imparta la bendición al pueblo con el Libro Sagrado.

Gesto de veneración

Con el objetivo de subrayar la centralidad de la Palabra, los fieles pueden ser invitados a expresar un gesto de veneración: en este caso, la Biblia, antes de ser nuevamente colocada en el ambón, o en otro lugar oportuno, se expone para la veneración de los fieles. Un beso, particularmente donde estén presentes los niños, o una reverencia con una mano apoyada en la página bíblica.

El anuncio de los misioneros

La misa, tras la oración después de la comunión, puede encaminarse a su conclusión con el envío de los “Misioneros de la Palabra”.

El diácono, o en su ausencia, otro ministro, anuncia a los fieles los nombres de los “misioneros”, indicando, si es oportuno, el grado u oficio que cada uno de ellos tiene en el pueblo de Dios, como también el ámbito o personas a quienes son enviadas. Pueden ser elegidos los representantes de las varias realidades de beneficencia y asociaciones presentes en el territorio.

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