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¿Las personas infectadas por VIH pueden tener hijos sanos?

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Lolostock - Shutterstock
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¿Existe riesgo de contagio del VIH si la pareja quiere aumentar la familia a través de una relación sexual natural?

Como se afirma en un artículo publicado en Human Reproduction, un aspecto fundamental a tener en cuenta en el consejo reproductivo que se pueda dar a una pareja HIV discordante, (una pareja en la que uno de los miembros está infectado y otro no), es informarles adecuadamente sobre las opciones que tienen, tanto por la vía de la reproducción asistida, como por la vía natural, de poder tener un hijo sano y de que el miembro no afectado por el VIH pueda infectarse.

Para aquellas parejas que deseen recurrir a la procreación asistida la posibilidad de evitar un contagio o de tener un hijo sano en este momento son casi totales, pero cuando la pareja deseche esta opción y quiera aumentar la familia a través de una relación sexual natural, la posibilidad de conseguir este objetivo no está bien determinada. Esto es a lo que hace referencia el artículo que comentamos.

Para conseguirlo, el primer escollo que hay que salvar es la dificultad de conseguir un grupo suficientemente amplio de este tipo de parejas para poder obtener datos estadísticamente evaluables.

Cuando no existía la terapia antirretroviral que actualmente se utiliza, las posibilidades de contagio del miembro sano de la pareja o de trasmisión vertical materno-filial variaban entre el 0,0001 y el 0,0014, en estudios realizados en Estados Unidos y Europa en parejas discordantes.

Ahora, con los logros alcanzados con este tipo de terapia la situación es muy diferente, y a ella es a la que nos vamos a referir.

Es sabido que con la terapia antirretroviral el sida ha pasado a ser de una enfermedad mortal a una enfermedad crónica. Es decir, la supervivencia de los infectados puede ser casi ilimitada si la terapia antirretroviral se lleva a cabo correctamente, pues es sabido que la viremia en sangre prácticamente desaparece con esta terapia.

Si así es, que la viremia circulante es nula, la posibilidad de contagio sería prácticamente inexistente. Por tanto sería la viremia la que habría que evaluar en el caso que se comenta, es decir, en el de una pareja VIH serodiscordante que desea ampliar su familia por el camino de una relación sexual natural.

Como ya se ha referido, existen muy pocos trabajos en los que se evalúe esto. Sin embargo, sí que se ha publicado uno (ver aquí) en el que se consiguió reunir 70 parejas VIH serodiscordantes, tratadas con antirretrovirales, que desearan tener un hijo por una vía natural.

En este caso, de un total de 76 embarazos nacieron 68 niños. Solamente uno de los hijos nació infectado por el VIH; pero no se dio ninguna infección del miembro sano de la pareja serodiscordante. Este es el dato sobre el que vamos a fundamentar nuestra reflexión.

Lo que hay que evaluar  son fundamentalmente dos posibilidades, si el miembro sano de la pareja serodiscordante se infecta por la relación sexual o si el hijo que pudiera nacer pudiera así mismo infectarse.

Asumiendo que la viremia en sangre, e incluso del semen del varón infectado, en caso de que sea este el VIH positivo, sea nula, las posibilidades de contagio, como se deduce de los resultados de trabajo que se comenta, es remota.

Por ello, en la balanza del juicio ético y moral que este tema plantea, habría que poner por un lado el deseo de esa pareja de tener un hijo por vía natural y por otra la remota posibilidad del contagio.

Es la propia pareja, la que, en ejercicio de su autonomía personal, debería tomar una decisión, a la luz de los datos aportados, es decir, ¿estarían dispuestos a asumir ese mínimo riesgo de contagio por el deseo de tener el hijo o no?

Este es el dilema ético. A los datos comentados, habría que añadir que, en caso de que el hijo o uno de los miembros de la pareja se infectaran, podría ser tratado eficazmente con antirretrovirales.

 

Artículo de Justo Aznar publicado originalmente en el Observatorio de Bioética de la Universidad Católica de Valencia. 

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