Aleteia

Cómo relacionarme con la actual esposa de mi ex (por el bien de todos)

J Walter - Shutterstock
Comparte
Comenta

Trabaja en pro de entablar una relación cordial y de respeto por el bien de todos, sobre todo el de sus hijos.

“¿Cómo se te ocurre que puedo llevarme bien con la vieja esa que ahora duerme con mi marido! ¡Es una bruja maldita que se le metió por los ojos -y en la cama- hasta que logró casarse con él! ¡No la puedo ver ni en pintura! ¿Y Rafael? ¡Ese que se olvide de convivir con sus hijos!”

En corto, esta fue la contestación que Paola me dio ante mi sugerencia de que no era sano el continuar con esa actitud en contra de la actual esposa de Rafael, su ex y en que trabajara de manera personal para llevar una relación de respeto con ella por el bien de todos.

Y si se me ocurre este consejo es porque sí es factible, pero si y solo si echamos a andar nuestra inteligencia emocional a nuestro favor.

Por supuesto que cuesta y mucho porque, entre otras cosas, el “ego” lastimado está involucrado. Ver a quien fue el amor de tu vida y tu príncipe azul del brazo de otra a quien ahora llama “mi mujer” como antes lo hacía contigo no es nada agradable.

Y si a eso le sumamos que casi siempre las nuevas esposas son mucho más jóvenes que la anterior la cosa se complica. Duele comprobar que son mujeres esbeltas, que no traen los “pellejos” colgados, ni la piel de naranja moteada de azul -celulitis con venas varicosas- sino una piel tersa y suave porque el tiempo aún no les ha cobrado factura o sencillamente porque se cuidan mucho.

Y es que, desafortunadamente, en nuestra cultura, juventud es sinónimo belleza y de que tiene todas las ventajas sobre las mujeres de más edad y lo peor es que nos la creemos. También, no es nada fácil aceptar que muchas de ellas ahora se están llevando la mejor parte en cuanto a una estabilidad económica. En este y en muchos otros aspectos difícilmente pasarán lo que las primeras esposas.

Es muy entendible y tolerable el que Paola tenga esas sensaciones de malestar en contra de Rebeca, porque no se llama “bruja maldita” como ella la llamó. Para comenzar, le permití que se desahogara de la forma que ella pudiera. No le puse límites ni condiciones. Era necesario que sacara todo lo que traía en su corazón. Desesperada y con un llanto ahogado que apenas le salía voz me decía la impotencia que sentía de que su historia de amor se hubiera terminado de esa manera y que el ver a Rebeca era reflejo de eso, de un sueño no cumplido, de una meta no realizada, de un fracaso… Que sentía mucho dolor de que Rafael hubiera roto sus votos matrimoniales y que hubiera puesta a otra en su lugar… La dejé hablar…

Después de un buen rato de coaching Paola llegó a la conclusión de que en realidad no sentía todo eso negativo por Rebeca, sino por lo que ella representaba.

Después de que entendió eso fue más sencillo llegar a la meta: trabajar en pro de entablar una relación cordial y de respeto con Rebeca por el bien de todos, el de ella principalmente y el de sus hijos.

Entendió que si ella estaba bien haciendo todo por vivir en paz sus hijos estaría aún mejor. Aceptó que para lograr esa meta lo más sano es cortar con tanta rabia, rencor, odio, resentimiento y dar el brinco hacia una auténtica sanación personal que beneficiaría a todo su entorno. Se comprometió consigo a hacer lo que a ella le correspondía porque de más y en los demás no tiene poder alguno.

¡Cuántas familias conocemos que están en esta misma situación! ¡Cuántas mujeres sintiendo lo que Paola, que, en el fondo, quizá muy en el fondo sabe que lo que conviene es dejar atrás el pasado para vivir un presente en vías a un futuro esperanzador!

En estos casos, como en lo que se planteó en un artículo anterior Cómo relacionarme con la ex de mi marido (por el bien de la familia) hay que buscar el mal menor -moralmente hablando- que debe de haber dentro de esta problemática. Es decir, hay que buscar y encontrar la opción con mal menor como el mayor bien posible, en este caso el bien y el bienestar, tanto de Pola como de Rebeca y Rafael, de la familia en general, y, sobre todo, de los hijos -quienes siempre son los más afectados- y lograr así una convivencia sana entre todos.

No promuevo ni la separación, ni el divorcio, mucho menos el adulterio. Sin embargo, si de alguna manera te ves reflejada en Paola, te comparto algunos puntos que te servirán para comenzar un proceso de sanación personal y así puedas relacionarte mejor con la actual esposa de tu ex por el bien de todos.

Aceptar tu presente, tu realidad es el primer paso para lograr un verdadero cambio, así como reconocer tus heridas emocionales y trabajar en sanarlas.

  • Elige cambiar tu actitud hacia la actual esposa de tu ex. Intenta no verla como “la otra” y ni siquiera con el pensamiento te dirijas hacia a ella como “la amante” de mi esposo. Son actitudes que no convienen. Te guste o no hoy por hoy es la esposa legal del padre de tus hijos. Mírala sencillamente como “persona” porque viéndola así ella, tú y todos merecemos respeto.
  • Ni tú ni ellos son enemigos. Tampoco pretendan ser los grandes amigos. Pero lo que sí es posible crear lazos cordiales de cortesía y tolerancia para una sana convivencia por medio del diálogo y del respeto.
  • Pongan reglas claras. Establezcan abierta y honestamente los límites de su relación y de su tolerancia: Dile -sin tapujos- lo que tú eres capaz de condescender y lo que te irrita, hasta donde eres flexible y hasta donde inflexible. Que expectativas tienes de ella. Luego, permite que ella te exprese lo mismo. Y, por sobre todas las cosas, respeten los acuerdos.
  • Ambas tienen distintas maneras de pensar, gustos -aunque esta vez le guste el mismo hombre-, costumbres, hábitos, valores, virtudes, etc. No esperes a que ella actúe o responda ante ciertas situaciones como tú lo harías, sencillamente porque son dos realidades diferentes. Sobre todo, en asuntos de tus hijos.
  • Nunca sabes cuándo necesitarás de su apoyo. Por lo mismo, es importante la sana integración de las familias.
  • A ti te conviene que ella esté bien, en paz y feliz porque si ella vive en ese estado de armonía la contagiará al padre de tus hijos y, por consiguiente, a tus hijos cuando les toque visitarles.
  • En el caso de que sientes algo negativo en contra de ella y que objetivamente tengas razón para hacerlo porque tuvo un comportamiento que te hizo sentir ofendida, de manera prudente haz lo que esté en tus manos por platicarlo directamente con ella, sin insultos ni intermediarios. Es decir, sin meter al marido. Recuerda siempre hablar en primera persona: yo veo, yo siento… Por prudencia recuerda que cuando las palabras no pueden ser más dignas que el silencio lo mejor es callar.
  • No hables mal de tu ex ni de su actual esposa con nadie, mucho menos con tus hijos. Al contrario, fomenta el respeto hacia ellos. Los hijos son los más vulnerables en esta nueva unión. A ellos se les puede generar el temor de perder el amor de su papá y eso no conviene a sus corazones. Si escuchan a la mamá hablar mal de la que ahora es compañera de su héroe -su papá, en su cabecita no encontrarán la lógica de que su padre ahora ame a una mujer así de nefasta. Pensarán que si ella es tan mala como mamá dice, entonces papá debe ser igual que ella. Y comienzan a dejar de tener admiración por esa figura paterna, e insisto, no conviene.
  • No esperes que ame a tus hijos de la misma manera e intensidad que tú y tu ex lo harían. Lo que sí debes esperar siempre es que sean tratados con toda la dignidad y respeto del mundo y esa expectativa no es negociable. Si esta no se cumple platícalo de inmediato con tu ex, pero al grano y sin ofender a su mujer.
  • Ahora bien, si ella previamente tuvo hijos y ahora tiene hijos con tu ex, es tu obligación tratar a “todas” esas criaturas de la misma manera en que tú esperas que ella trate a tus hijos. Sé que es difícil, pero si en algún momento te toca convivir con “los tuyos, los suyos y los de ellos” procura no hacer ninguna diferencia. El lenguaje principal de los hijos, máxime si son pequeños, es el amor mostrado con ternura. Recuerda que no se trata de dividir el amor, sino de multiplicarlo.
  • Te guste o no, la nueva pareja pasa a formar parte de la parentela política de tus hijos y ese es el respeto y cuidado con el que ellos la deben tratar.

Recuerda que tú harás “exclusivamente” lo que está en tu poder: hacer cambios personales dejando atrás lo que ya no te conviene acarrear a tu presente y trabajar en tu inteligencia emocional.

A veces hay que tocar fondo para darnos cuenta de quienes somos, de lo que valemos y de lo que merecemos y tú mereces ser feliz y vivir en paz contigo y con el mundo entero.

 

Tags:
divorcio
Newsletter
Recibe Aleteia cada día