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Un general nazi-fascista camino a los altares

GIANFRANCO MARIA CHITI

Cappuccini Lazio

Maria Paola Daud - publicado el 10/10/17

Padre Gianfranco Maria Chiti, de soldado de la patria a soldado de Jesús

Gianfranco Chiti nació el 6 de mayo de 1921 en Gignese y ya a los 15 años había entrado a formar parte de la escuela militar.

Fue alumno en la escuela militar de Roma, y antes de recibir su primer título den el liceo, como signo de su gran amor a su patria y su gran fe hizo una promesa a la Virgen pidiendo aprobar los exámenes y a cambio el dedicaría el tiempo de sus vacaciones a dedicarse a los pobres.

Desde entonces la Madre del cielo siempre lo acompañó por toda la vida, y donde estaba siempre quería una imagen o una estatuita de la Virgen María para dedicarle un pequeño altarcito y poder rezarle.

A los 22 años desde el octubre de 1941 a mayo de 1943 fue combatiente en los frentes croata, greco y rusos. Gianfranco Chiti recuerda esos años así:

Cuando durante la retirada, veía los cuerpos de mis jóvenes compañeros tirados sin vida, me venía el instinto de arrodillarme y besarlos porque morían en vano por las culpas de otros, habían sido arrancados a sus familias y llevado a territorios lejanos a morir. Veía en ellos la imagen del Redentor porque aunque la guerra es efecto de los pecados del mundo.

Cuando nos encontrábamos con nuestros enemigos, sin las armas, entre nosotros no había ni odio ni violencia, solo respeto. ¿Cómo habríamos vuelto con vida a Italia, si no fuera por las mujeres rusas que nos dieron de comer lo poco que les quedaba. Quizás veían en nuestros rostros, el de sus hijos y maridos que estaban del otro lado?

Fue en esos grandes momentos de sufrimientos, donde trató por todos los medios de traer vivos los soldados de ambas partes, que nació en él el insistente deseo de entrar en la orden de los capuchinos.

En el 8 de septiembre de 1943 se incorporó a la República Social Italiana (Rsi), convencido de trabajar por el bien de su país. Por esta elección, al final del conflicto, es internado y juzgado en los campos de concentración de Coltano y Laterina. Pero en 1946, la comisión establecida para juzgar a los militares de la RSI, lo absuelve, el comandante Chiti había siempre actuado manteniendo fe al juramento hecho. Fueron muchos los líderes partisanos y civiles que depusieron a su favor. El Padre Flavio Ubodi, vice-postulador de la causa, recordó que gracias a su grado en la RSI, Chiti pudo salvar a cientos de personas, impidió redadas y se opuso a la destrucción de localidades enteras.

En 1944 salvó a más de 200 partisanos del fusilamiento reclutándolos a un curso especial que nunca había existido en su compañía de Granaderos, los “preparó” y luego los hizo regresar a sus hogares. Y su nombre se encuentra escrito en el «Libro de los justos» de la Sinagoga de Turín por haber salvado algunas familias judías. Un testimonio importante dijo sobre él: “el teniente Chiti, logró salvar al hijo del poeta Giulio Segre tomándolo bajo su protección, sabiendo bien que era judío sin importar de las dificultades y oposiciones puestas por sus superiores”.

En 1948 Chiti fue reinstalado en el nuevo ejército italiano y luego fue enviado en Somalia en nombre de la ONU.

A los 50 años fue nombrado primero coronel y luego comandante de la prestigiosa escuela de suboficiales de Viterbo, formando enteras generaciones que todavía lo recuerdan con admiración y devoción por la disciplina firme y rígida con la que enseñaba pero también por su generosidad, siempre presente en los momentos felices y tristes de sus estudiantes.

Ayudaba mucho a los pobres y él mismo era muy pobre, también era muy conocida su gran devoción a la Virgen de Gracia de Pesaro.

A la edad de 57 años es ascendido al rango de general de brigada y al año siguiente deja sus condecoraciones para vestir el sayo franciscano agregando a su nombre el nombre de su amadísima Madre, Maria.

Fue ordenado como Gianfranco Maria, con las condecoraciones de los granaderos debajo de su vestidura.

En 1990 fue enviado a Orvieto para reconstruir las ruinas del convento de San Crispín, que había sido profanado y cubierto con escritos blasfemos.

Instaló una carpa militar bajo las ruinas y sus viejos granaderos vinieron a ayudarlo, convirtiéndola en un oasis de paz y acogida para los más pobres.

Muere el 20 de noviembre del 2004, fue enterrado por su voluntad, en el cementerio de Pesaro.

Inmediatamente muchas personas pertenecientes a la diócesis de Orvieto, la Asociación Nacional de Granaderos de Cerdeña y mucha gente común pidieron iniciar el proceso de beatificación y canonización y el 8 de mayo de 2015, el obispo de Orvieto, Benedicto Tuzia, abrió la fase diocesana del proceso de beatificación.

Para Fray Gianfranco Maria su mérito más grande fue: “Cambiar el uniforme de soldado de la patria por la de soldado de Jesús”

Fuente: Padre Gianfranco Maria Chiti, Generale dei Granatieri e frate cappuccino, Rinaldo Cordovani, Roma 2016

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