Cuando el fútbol llena de esperanza a millones de personas en guerra
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Muchos en Estados Unidos, Panamá y Honduras siguieron el partido que tenía lugar en la otra parte del mundo, con sentimientos encontrados. Australia y Siria definieron hoy el rival del cuarto en la tabla de la CONCACAF camino al Mundial de Rusia 2018.
Mientras algunos intuían que la debilidad histórica del equipo siria sería más accesible, otros le temían a su sed de gloria. Pero otros en todo el mundo, seguidores del deporte qué más emociones y millones mueve, contemplaban sin interés nacional lo que en el fondo es una lección de vida y humanidad.
Más de un cuarto de la población siria debió salir de su país y buscar refugio en otro en los últimos cinco años. Los motivos son harto conocidos, en el marco de una atroz guerra con múltiples frentes, y que ha destruido numerosas instalaciones deportivas y ha convocado a posibles deportistas a filas de combate o estrategia.
Pero el seleccionado de fútbol sirio no detuvo su andar. Ni siquiera cuando la FIFA ha prohibido a Siria disputar partidos como local en su país. Y rumbo al Mundial de Rusia 2018 ha disputado encuentros como local en distintos países, principalmente uno en el que no perdió ningún encuentro: Malasia.
Hace poco más de un mes, contra Irán, vivió un momento único, épico, con un desenlace agónico. El empate contra Irán en el tiempo de descuento, que permitió seguir soñando con el Mundial, fue seguido en 30 pantallas gigantes distribuidas en todo el país. Según las agencias de noticias, los seguidores de la selección hablaban de cómo el fútbol unía a los sirios, estén de la vereda política en la que estén. “El equipo une a todos los sirios”, repitieron varios.
El gobierno sirio sabe del capital político que le da el fútbol, y para bien o para mal, ha invertido los recursos publicitarios en sostener y apoyar la algarabía por la selección. Algunos analistas y opositores cuestionan duramente esta cuestión.
Pero independientemente de lecturas políticas, en el campo de juego, 11 deportistas se enfrentan contra 11 deportistas, 11 que viven en guerra contra 11 que viven en paz. Detrás de ellos millones asisten a un evento que podría derivar en un hecho deportivo histórico: la primera clasificación de Siria a un Mundial. O al menos de algo mucho más importante: la posibilidad de que los hermanos enfrentados puedan compartir algo, al menos, durante 90 minutos.
El encuentro no dejó a nadie indiferente. La prórroga hizo que se convirtiera en Trending Topic mundial y aunque para muchos el resultado ni les va ni les viene no pudieron resistirse a dejarse llevar por la emoción. El equipo quedó con 10 y durante la prórroga luchó contra el asedio de Australia. Se iban sucediendo las ocasiones una y otra vez y Siria seguía manteniendo su sueño. ¿Siria el país en continua guerra tendrá un balón de oxígeno con el Mundial? ¿Podrán los sirios hacer la proeza en el peor momento de su historia? ¿Podrán seguir soñando?
Finalmente y en la segunda parte de la prórroga Cahill ponía por delante a Australia. Para añadir más emoción…en el último minuto Siria lanzaba el balón al palo. Un gol que hubiera supuesto seguir con el sueño. La emoción embargaba al mundo entero. No pudo ser, pero hay veces que los resultados son lo de menos. Lo importante es la emoción de todo un pueblo que sufre los estragos de la guerra. El sueño del Mundial, igual, valió la pena.