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¿A qué sabe una carta manuscrita?

Shutterstock-Janna Golovacheva
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Escribir o recibir una carta escrita de puño y letra es hoy un acto revolucionario. Con ese gesto se puede llegar muy hondo. ¿A quién no le emociona recibir una carta personal?

Ya casi nadie recibe cartas manuscritas. Pasas por delante del buzón de casa y la mayoría de la gente prefiere que esté vacío porque, de haber algo dentro, hay una alta probabilidad de que uno encuentre dentro una multa, un requerimiento judicial, una factura o una publicidad que no le interesa lo más mínimo. Lo único que medianamente interesa, en todo caso, es el catálogo de Ikea, ¿cierto?

En muchos trabajos de oficina y despacho, llegan cartas pero están despersonalizadas. Son las que manda el banco para ofrecer una nueva línea de créditos (y se esfuerzan por hacerte creer que tú eres “alguien” para ellos, ¡con tu nombre mal escrito por enésima vez!) o las que envía una empresa de seguros que promete casi regalarte una segunda vida si te cambias de compañía. Cero humanidad.

Sin embargo, ¡cómo nos cambia la vida a todos el día en que recibimos una carta manuscrita! Miramos el remite y ya el corazón se acelera. ¿Qué querrá decirnos alguien que nos escribe una carta en vez de mandarnos un mail, un whatsapp o llamarnos por móvil? Abrimos el sobre y leemos: alguien que ya de entrada demuestra que nos ha dedicado un tiempo, que ha pensado en nosotros y ha tomado papel y bolígrafo (o pluma) para molestarse en compartir con nosotros un momento de su vida. Una carta manuscrita hoy puede despertar en nosotros emociones más fuertes que un baúl en la isla del tesoro. Recuerdos, alegría, nostalgia de un ser querido…

“Eres importante para mí”

Las cartas son hoy un signo de lujo. Es el lujo del tiempo, del que no todos disponemos. Hay ahí un proceso de búsqueda del papel adecuado, de sentarse a una mesa y concentrarse para pergeñar unas letras. Un lujo para el que escribe y un lujo para el que la recibe. Una carta viene a decir “eres importante para mí”.

¿Quieres ser un antisistema? Escribe una carta. ¿Quieres ser un revolucionario? Haz algo que nadie hace. Seguro que a tu madre le encanta recibir los whatsapps de todos los primos, hermanos y tíos. Pero solo con que le escribas en un papel que la quieres y que en el día de su cumpleaños o de su santo te has acordado de ella, verás que eso le hace llegar mejor aroma que un Chanel nº5. Y ahora que quedan dos meses generosos para Navidad, piensa qué mejor sorpresa podrían recibir tus personas queridas que un texto de tu puño y letra. O en el Día de los Enamorados, un tarjetón donde expreses algo especial.

El horror a la página en blanco es un síndrome que frena a mucha gente. Prefiere borrar ese momento de pánico y suplirlo por unas flores enviadas por encargo o una buena cena. Por supuesto que esas son opciones espléndidas. Pero estaremos de acuerdo en que a veces en nuestro interior guardamos aquello que nunca le hemos dicho a una persona. ¿Por qué no hacerlo de una vez? Prueba hoy mismo, al acabar de leer este artículo, quizá con una servilleta de la cafetería donde te estás tomando un cortado.  Si Picasso y Dalí firmaron ahí algunas de sus obras, no quedará feo que tú mandes una servilleta, al contrario.

Escribir nos ayuda a aclarar la mente, a subrayar recuerdos o decisiones y, a veces, a explicarnos a nosotros mismos. A asentar nuestro sentido de la vida y a decirle a esa persona que la queremos en nuestro camino. Escribir sirve para agradecer, para pedir, para disculpar, para tender puentes, para retomar la amistad, para pedir perdón… para todo lo humano. Los animales y las plantas pueden hacer muchas cosas bellas pero nunca podrán escribir a otro de su especie. El escribir es profundamente humano.

 

Literatura de buenos sentimientos

En los últimos años, ha aparecido en el horizonte de la literatura sobre cartas la escritora Ángeles Doñate. Española que ha vivido en Chile y México, la autora reivindica la escritura epistolar como una de las formas para recuperar la humanidad que nuestra sociedad está perdiendo por momentos. Escribir es curarse y curar.

En su vida personal las cartas han sido importantes y esto hizo que ya en la primera novela Doñate otorgara un papel crucial a las cartas. “El invierno que tomamos cartas en el asunto” narra la historia de una pequeña localidad rural en la que la cartera va a perder su empleo por falta de material que repartir. Alguien se entera de ello y decide crear una cadena de cartas para que a la chica no le falte trabajo. ¿Han visto la película “Qué bello es vivir”? Pues esta novela tiene mucho de esa bondad infinita. A través de las cartas y de lo que en ellas se expresa, el lector va conociendo a los personajes, que entran en relación entre sí en circunstancias pintorescas.

La novela, que ha llamado la atención de la crítica, forma parte de lo que los expertos llaman “feel good literature”: literatura de buenos sentimientos, descubrimiento de la buena gente, lecturas que transmiten sosiego y felicidad… El libro nació sin muchas pretensiones comerciales pero resulta que el “boca-oreja” funcionó y ya es un fenómeno internacional. Ahora mismo está -además de en español- en alemán, polaco, portugués, griego, francés, chino, búlgaro, flamenco e italiano. En Alemania se han vendido más de 25.000 ejemplares y en Italia va por la 3a. edición.

Doñate volvió este año a redescubrir el valor de las cartas personales. Lo hizo con “El alma de la radio”, una novela que gira en torno a un consultorio sentimental radiofónico que recuerda al popular Consultorio Elena Francis que existió en España y era seguido por todas las mujeres de los años 60′ y 70′, pegadas cada tarde al aparato de radio para escuchar los consejos de una voz de mujer prudente y buena. El relato se centra en el (que ella llama) Consultorio de la Señorita Leo y a través de él la autora vuelve a conseguir que el lector conozca a un enjambre de personajes que van tejiendo sus vidas entre sí, de nuevo por motivos rocambolescos. La obra se ha traducido ya en Alemania e Italia.

 

Semana de la Carta Manuscrita

Amantes de escribir a mano, un grupo de filólogas decidió poner en marcha en 2016 la Semana de la Carta Manuscrita. La iniciativa, de carácter internacional con origen español, ya ha celebrado la segunda edición y promete ser un aliciente también para que desde los centros de enseñanza se recupere la escritura como vía de crecimiento educativo y la literatura epistolar como género narrativo. 

Ser revolucionario es algo que siempre atrae. ¿Por qué no intentarlo hoy, en el Día Mundial del Correo? #diamundialdelcorreo

 

“Enviar una carta es una excelente manera de trasladarse a otra parte sin mover nada, salvo el corazón” (El Conde Lucanor)

 

 

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