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¿Qué tienen en común san Miguel Arcángel y el Ángel de Fátima?

Marko Vombergar-ALETEIA
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Un misterio que tiene relación con la luz, más que con la fuerza

Con ocasión de los 100 años de Fátima, un mensaje que no ha perdido su vigencia y que debe ser redescubierto, y al mismo tiempo con motivo de la gran fiesta litúrgica del 29 de septiembre en honra a los Santos Arcángeles, Miguel, Gabriel y Rafael, he querido compartir con ustedes queridos lectores las relaciones y las misiones que hay en el mundo angélico.

Una de esas relaciones se da precisamente entre San Miguel Arcángel y el Ángel de Portugal y nos podrá ayudar en el discernimiento de los espíritus.

“Una luz más blanca que la nieve…atravesado por los rayos del sol”

Recordemos que el Ángel de Portugal aparece en tres ocasiones diferentes, a lo largo de 1916, a los pastorcitos Lucia, Jacinta y Francisco (hoy día Jacinta y Francisco ya canonizados).

En la primera aparición en Fátima el Ángel les dice a los pastorcitos “No tengan miedo”, lo cual debe entenderse como la respuesta espontánea que se tiene ante la presencia de la Divina Majestad, y no porque la apariencia o el aspecto del Ángel cause miedo, sino porque todos los santos ángeles llevan la presencia de Dios (cfr. Ex. 23,21).

Si esto se puede decir del Ángel de Fátima, con cuánta mayor razón la luz de la majestad divina debe brillar en el nombre de San Miguel Arcángel que significa ¿quién cómo Dios?. Y es que a los ángeles en el momento de la prueba los envolvió una oscuridad, Dios se ocultó de ellos y estos seres debían decidirse, de manera libre y voluntaria, si querían permanecer fieles a Dios o, por el contrario, seguir una vida “nueva”, una vida “libre” de Dios.

Resulta paradójico que el Ángel portador de la luz, Lucifer, haya escogido la oscuridad, mientras que San Miguel al grito de “¿Quién cómo Dios?” haya sido quien guió y dirigió a los santos ángeles a permanecer fieles y expulsar del cielo a los espíritus rebeldes (cfr. Ap. 12,7 ss).

Esta visión que la Sagrada Escritura y la Tradición nos muestra sobre este Arcángel ayuda para tener y cultivar una correcta amistad con San Miguel: él, como “príncipe de la luz”, refleja en su nombre la luz de Dios y por ello antes de cualquier otra cosa la verdadera amistad con San Miguel comienza por defender el honor de Dios y tener reverencia ante Dios todopoderoso; e igualmente así como los ángeles fieles se reunieron en torno al grito de este Arcángel, ¿Quién cómo Dios?, así también debemos considerar sagrado y santo lo que él considera santo y sagrado.

Este tema de la iluminación que los santos ángeles producen en las almas ha sido abordado por distintos santos. San Antonio Abad por ejemplo habla de los efectos que esta iluminación deja en las almas. Lucia escribe en sus memorias que las visitas del ángel dejaron en sus almas felicidad interna, paz y gozo.

Ya San Antonio Abad menciona que al momento inicial la presencia de un santo ángel nos puede llevar a sentir cierto temor, pero éste pasa rápidamente a ser un sentimiento indescriptible de alegría, confianza, fortaleza y una resolución de amar a Dios. Esta es la luz divina de la gracia que los santos ángeles transmiten.

Continuando con San Antonio Abad, éste padre del desierto menciona que al ser iluminados por la luz de los ángeles, las almas permanecen imperturbables en el amor por lo divino que la luz de los ángeles comunican. Esto explica cómo una niña como Lucia, de escasos 10 años de edad, que no sabía contar los meses ni los días, puede guardar con prodigiosa memoria para narrar las apariciones del Ángel en primer lugar, y después los de la Virgen Maria.

Otro santo que trata sobre esta iluminación es San Juan de la Cruz. El, en su poema “Noche oscura del alma”, menciona que el hombre solamente recibe este luminoso conocimiento por medio de los ángeles.

Los ángeles fieles en los lugares donde se manifiestan irradian, hacen resplandecer algo del rostro de Dios, ellos hacen una revelación radiante de la presencia de la divina majestad, de la presencia de Dios que se manifiesta para la realización del plan de salvación.

Es esta luz que los Ángeles, todos los que permanecieron fieles, transmiten a los hombres; luz que representa la luz de la fe. Siguiendo la Encíclica “La luz de la fe” se puede decir que  en ese momento de oscuridad, de prueba para los Ángeles, San Miguel pudo ver que nadie era como Dios porque creyó y “quien cree ve; ve con una luz que ilumina todo el trayecto del camino…” (cfr. Lumen Fidei, 1).

Es en esta luz la que se apoyó San Miguel y la que continúa siendo la luz que brilla. No es la luz del arcángel, o la del mundo angélico, es la luz que viene del amor de Dios. Por esto, ante esta oscuridad, San Miguel ve el amor de Dios y se apoya en ese amor: ¿Quién cómo Dios?. A diferencia de Satanás que no reconoció este amor y se puso en el centro.

La encíclica “Luz de la fe” nos muestra este itinerario al decir que quien se “Sólo abriéndonos a este origen y reconociéndolo, es posible ser transformados, dejando que la salvación obre en nosotros y haga fecunda la vida, llena de buenos frutos. La salvación mediante la fe consiste en reconocer el primado del don de Dios…” (cfr. Lumen Fidei, n.19).

Por el contrario, quien se aleja de esta bondad y este amor “se cierra, aislándose del Señor y de los otros, y por eso mismo su vida se vuelve vana, sus obras estériles, como árbol lejos del agua. Cuando el hombre piensa que, alejándose de Dios, se encontrará a sí mismo, su existencia fracasa (cf. Lc 15,11-24). La salvación comienza con la apertura a algo que nos precede, a un don originario que afirma la vida y protege la existencia” (cfr. Lumen fidei, 19).

Este apoyarnos en este amor, reconocerlo en nuestras vidas y abrimos a él es lo que los Santos Ángeles transmiten.

La anterior imagen de San Miguel está lejos de presentar a un San Miguel como “Arnold Schwarzenegger”. San Miguel vence y es el príncipe por que se apoya precisamente no en su propia fuerza, sino en la fuerza del amor y de la sabiduría divinas. De esta manera San Miguel nos enseña la necesidad de tener un verdadero autoconocimiento que todo nos ha sido dado por Dios, y de ahí nace la humildad necesaria para que la luz de Dios triunfe.

Esta batalla la libramos todos nosotros: una falsa imagen de nosotros mismos, un orgullo que nos lleva a querer ser independientes y ser como dioses. Es por esta razón que la batalla espiritual se libra en la tierra, en cada alma y es por esta razón que San Miguel ejerce su liderazgo militar aquí en la tierra. El busca que tengamos esa fuerza de Dios que hace nos comprometamos con la santidad y la gloria de Dios; el quiere darnos la fuerza divina para tomar la cruz, renunciar a nosotros mismos y seguir al Hijo de Dios.

Esta es la luz que transmite San Miguel, fuerza de Dios.

“Soy el Ángel de la Paz”, “Soy el Ángel de Portugal”

Sin embargo, aquí no terminan las relaciones que hay entre estas criaturas: el Ángel de Portugal y el glorioso Arcángel San Miguel. En la primera aparición el Angel se presenta diciendo que es el Angel de la paz, y en la segunda les dice a los niños que es el Ángel de Portugal.

Un mismo ángel con dos misiones o tareas: la de ser el ángel de la paz y la de ser el ángel guardián de Portugal. Si tenemos en cuenta que el Papa Gregorio Magno había enseñado que los nombres de los ángeles no se refieren a la esencia, sino a la misión a la que están llamados a realizar, podemos concluir que el Ángel de Portugal y el ángel de la paz puede ser perfectamente una misma persona espiritual, un mismo ángel, pues sus nombres no se refiere a la esencia sino a las tareas que a ese ángel le corresponden: ser el ángel de la paz y, al mismo tiempo, ser el ángel custodio de Portugal.

De esta manera, este Ángel como ángel de la paz tiene como misión llevar los hombres a la paz que viene de Dios. En el cumplimiento de esta tarea el Ángel conducirá a los niños en Fátima al perfecto amor de Dios y a una profunda unión con Dios, pues así como la paz entre las naciones solo viene de Dios y es un don que viene de lo Alto, así la paz de los corazones viene de someterse a los designios de Dios.

Esto hace comprender el hecho de que Lucia mencione que precisamente el Ángel en Portugal era un mensajero que buscaba llevar a la observancia de la ley divina y hacernos recordar el fin para el cual fuimos creados; de esta manera y solo así llevarnos a la paz que solo Dios puede dar.

San Miguel Arcángel presenta algo semejante: tiene varias tareas que realizar y también es el ángel protector de una nación: Israel (cfr. Dn. 10,21, 12,1). Sobre esta tarea basta mencionar que en muchas naciones se tiene una gran y profunda devoción a este glorioso Arcángel: hay varios santuarios dedicados a él donde se ha aparecido (Monte Gargano, Monte Saint Michel, San Miguel del Milagro).

Ya Carlomagno había promovido la devoción de San Miguel en todo su vasto imperio. En España y Portugal aparece en los siglos XI y XII, lo cual está unido a la época de la expulsión de los musulmanes de la península ibérica. San Bonifacio consagra iglesias en honra a San Miguel al norte de Alemania.

Pero así como Portugal tiene su Ángel protector, así el pueblo de la alianza, Israel, tiene a San Miguel, y el también el nuevo pueblo de Dios, esto es la Iglesia, goza de la especial custodia de este Arcángel….cuántas tareas las de San Miguel y cuánto debe proteger.

En este contexto, de ser custodio de la Iglesia, cabe recordar la plaga que sacudió a Roma por los años 590, bajo el pontificado de Gregorio Magno. Este papa para pedir que la peste se alejara de la ciudad organizó una procesión desde la ciudad de Roma hasta Santa Maria Mayor- Al llegar al puente sobre el río Tiber, San Miguel aparece sobre la tumba del emperador Adriano enfundando su espada y la plaga terminó.

Pero el episodio de la plaga en Roma y de la aparición de San Miguel nos muestra otra de as tareas de este ángel: curar la enfermedad y la muerte que vienen como castigo del pecado. En este sentido, cabe recordar la aparición en México de San Miguel en el año de 1631 a Diego Lázaro, indígena convertido. En estas apariciones que tienen lugar el 23 de Abril, el 8 de Mayo y el 13 de Noviembre, San Miguel le indica al indígena la existencia de un manantial del que brota agua milagrosa que si es bebida con fe y arrepentimiento de los pecados otorga la aclaración del alma y la salud del cuerpo.

“Rezad conmigo”

El Ángel en Portugal en la primera aparición les enseña a los pastorcitos a rezar: Dios mío yo creo, adoro, espero y te amo. Te pido perdón por aquellos que no creen, no adoran, no esperan y no te aman”. Sor Lucia señala que en Fátima “Dios ha querido servirse una vez más de Sus Ángeles para dirigirnos un nuevo llamamiento a la observancia de Su ley y recordarnos el fin para el que fuimos creados”.

Esto es lo que hace el Ángel de Portugal y de manera especial San Miguel Arcángel como el primer defensor de los derechos de Dios. Juan Pablo II en el Monte Gárgano afirmaba que “el mal que existe en el hombre, así como el desorden que se encuentra en la sociedad, la incoherencia del hombre, la división interior de la cual es víctima, no son sólo las consecuencias del pecado original, sino también el efecto de la acción devastadora y oscura de Satanás, de este insinuador del equilibrio moral del hombre”.

Y Benedicto XVI el 29 de Septiembre de 2007 decir que “la serpiente intenta continuamente hacer creer a los hombres que Dios debe desaparecer, para que ellos puedan llegar a ser grandes; que Dios obstaculiza nuestra libertad y que por eso debemos desembarazarnos de él. Pero el dragón no sólo acusa a Dios. El Apocalipsis lo llama también “el acusador de nuestros hermanos, el que los acusa día y noche delante de nuestro Dios” (Ap 12, 10).

Quien aparta a Dios, no hace grande al hombre, sino que le quita su dignidad. Entonces el hombre se transforma en un producto defectuoso de la evolución. Quien acusa a Dios, acusa también al hombre. La fe en Dios defiende al hombre en todas sus debilidades e insuficiencias: el esplendor de Dios brilla en cada persona”.

De esta manera los Ángeles, comenzando por el glorioso príncipe San Miguel, se ven comprometidos con la causa del hombre, por la vida y dignidad auténticas del ser humano que sólo vienen de su unión y relación con Dios.

 

 

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