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Iglesia en Cataluña: Se la respeta solo cuando concuerda con los valores políticos e ideológicos

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10 notas de óptica cristiana sobre la cultura de nuestro tiempo, según el escritor Antoni Puigverd

Antoni Puigverd es un escritor y poeta catalán, ejerció un tiempo como profesor de literatura y colabora habitualmente en La Vanguardia de Barcelona, el tercer diario de mayor tirada en España. Hace unos meses, Puigverd reflexionó sobre la cultura de nuestro tiempo desde la perspectiva cristiana en una conferencia en Barcelona. Recoge estas reflexiones la publicación de los capuchinos (www.caputxins.cat) Cataluña Franciscana.

1.La expulsión de Dios

El autor analiza la situación del secularismo en Cataluña y sostiene que la predicción de Nietzsche es un hecho en este territorio. “Dios ha muerto”, asegura. Cataluña es la zona de Europa en la que la práctica religiosa es menor. Teniendo en cuenta que Europa es la zona más laicizada del planeta, Cataluña es la “campeona mundial de la laicidad”.

Puigverd se pregunta cómo se ha llegado a este punto. Intentando dar respuesta a esta cuestión, explica que la Iglesia, durante la historia de Cataluña, especialmente durante los años de la dictadura franquista, contribuyó decisivamente a promover los cambios políticos y culturales (democracia, catalanismo, corrientes de izquierda).

Su fidelidad al país y a los más desfavorecidos explica esta función de servicio popular que, sin embargo, acabó por situarla en una posición subordinada o subalterna con respecto a los movimientos políticos y culturales hegemónicos en Cataluña: el catalanismo y la izquierda social.

En este sentido, compara la situación catalana con un estudio del obispado de Bolonia y establece un paralelismo: en ambos territorios de hegemonia cultural izquierdista, se respeta a la Iglesia sólo en el caso de que concuerde con los valores políticos e ideológicos de la cultura política dominante.

De ahí su conclusión: “o la Iglesia consigue estar presente en los medios por lo que es, es decir por su mensaje específicamente cristiano, o irá perdiendo poco a poco influencia”.

2. Los debates contemporáneos

En Francia, sostiene Puigverd, el catolicismo es más combativo, existe una cultura católica muy sólida intelectualmente, basada en la espiritualidad y la teología. Tener que superar la revolución y la instauración del Estado laico, fortaleció a la Iglesia de Francia: “no le quedó más remedio que espabilarse intelectualmente”.

En Cataluña hubo intentos de crear una corriente católica de identidad cultural propia, pero ésta no tuvo tiempo de consolidarse antes de la dictadura. Pasados los años de la secularización acelerada y de cierta desarticulación orgánica, la iglesia ha quedado reducida a institución transmisora de la tradición cuando apenas quedan rastros de la sociedad tradicional.

Actualmente la sociedad da la espalda a la Iglesia, no sólo porque el mensaje evangélico entra en contradicción con el nihilismo y materialismo compulsivo imperantes, también porque en Cataluña, y sobre todo en otras zonas de España, la Iglesia “intenta preservar más su fuerza mundana o pública que su espiritualidad”.

En este sentido, recuerda que el Papa Benedicto no promulgaba la recuperación del terreno mundano de la Iglesia, sino un pulso moral e intelectual con el relativismo contemporáneo para singularizar la ética evangélica y la tradición cultural cristiana.

3. Relativismo y nihilismo

Según el autor, el relativismo avanza hacia el nihilismo moral. “Nietzsche triunfa cada día un poco más”, detalla.

Existen dos posiciones ante esta realidad: los obstinados (que querrían volver a una sociedad fuertemente determinada por algunos parámetros religiosos y con un potente poder eclesial) y los indiferentes (que aceptan el triunfo del relativismo ideológico). Esta segunda opción es característica de la sociedad catalana.

En esta sociedad, sostiene Puigverd, cualquier visión de la existencia humana es igualmente válida lo que da pábulo y cobertura a la indiferencia ética y a un estridente cuestionamiento de la dimensión transcendente de los comportamientos morales. Esto explica el fácil y con frecuencia frenético e irreflexivo aplauso que reciben todo tipo de innovaciones morales.

Una actitud que es muy visible en la simpatía irreflexiva con que son recibidas las nuevas posibilidades de la ingeniería bioética. Los partidarios de la innovación irreflexiva son hegemónicos en los medios de comunicación catalanes (y en menor medida en los españoles), lo que provoca batallas simplistas y superficiales con la conferencia episcopal española, que acostumbra a responder a toda innovación ética con acritud y con una cerrazón no menos automática.

4. Anticlericalismo

A pesar de la desaparición del clericalismo, en Cataluña sigue vigente el anticlericalismo. Puigverd lo define como retórico. Muchos partidos catalanistas o de izquierdas lo usan como arma política, debido a los vínculos, no siempre coherentes, de la derecha española con la tradición católica. Y es que el posicionamiento claramente contrario a las innovaciones éticas coloca a la Iglesia en una posición excéntrica.

Mientras tanto, el progreso tecnológico de la investigación genética sitúa a la humanidad ante un cruce ético de gran envergadura. Dicho progreso pueden aportar enormes beneficios médicos, pero al mismo tiempo puede recrear irreversiblemente al ser humano. La indiferencia y el relativismo dominantes en la sociedad sugieren que el imparable progreso de la ingeniería genética carece de verdaderos filtros éticos.

Ante este complejo cruce de caminos, el autor recomienda a la Iglesia convertirse en una “minoría creativa”, que hable con voz honesta y clara, sin pretensión de liderazgo mundano, sin afán de recuperar el poder institucional perdido. Una voz creativa que guía en el desierto moral de nuestro tiempo.

5. Entre el maniqueismo y el esteticismo moral

Sostiene Puigverd que ante las grandes cuestiones actuales, no existe un verdadero debate. Lo que se produce es un choque de tópicos ideológicos y de prejuicios. Somos seguidores de una determinada corriente de pensamiento como lo somos de un equipo de fútbol: por adhesión sentimental. No reflexionamos: o aplaudimos o condenamos. La reducción del espacio reflexivo ha desembocado en superficiales batallas maniqueas.

Los extremos dominan en una sociedad regida y dominada por las emociones. En efecto: el actor cultural más determinante de nuestro tiempo es la industria del entretenimiento y de la publicidad, cuyo éxito depende de la eficacia con que fabrica reacciones emotivas. La influencia de esta industria condiciona extremadamente las opiniones y posiciones de la ciudadanía sobre los temas éticos, que generalmente responden a las reacciones emocionales activadas por la citada industria cultural.

“Mientras active la emoción y ofrezca amenidad, cualquier discurso funciona”, explica Puigverd, y añade, que la primacía de la sugestión contribuye severamente a reducir y a trivializar la complejidad del debate ético. En este sentido, el poder de la publicidad es absoluto, de la misma manera que la amenidad narrativa hegemoniza el discurso periodístico y literario. La exigencia de amenidad y comercialidad favorece la desaparición de la frontera entre la verdad y la mentira: “por eso el Cristianismo horroriza, porque se atreve a afirmarse como la verdad y no como un juego emotivo más”.

6. Literaturizar el cristianismo

Puigverd propone el ejemplo de la novela El Reino, de Emmanuele Carrère, que aborda los orígenes del cristianismo. La tesis del autor francés, subrayada por Puigverd, asegura que la fe cristiana “ya no puede interesar a los europeos de hoy”, a pesar de que con su bagaje cultural pueda elaborarse buena y bella literatura. Este sería, alerta Puigverd, el peligro de reducir el cristianismo a legado cultural: asociarla a las mitologías griega o egipcia.

7. Un nuevo cristianismo viejo

Las nuevas modas espirituales responden, asegura Puigverd, a un vacío de espiritualidad de nuestra sociedad y la Iglesia podría dar acogida a esta necesidad, definida por el autor como “hambre de espiritualidad”. Ese es el ejemplo precisamente del Papa Francisco, “un cristianismo que aporta valores, alegría y consuelo a la sociedad relativista, que ayuda a encontrar sentido a los que lo han perdido”.

El autor está convencido de que la Iglesia podría volver a ser una minoría creativa que se atreve a cuestionar las bases de la sociedad actual, basada en el individualismo y el consumismo.

8. A favor del amor

“Las propuestas de Jesús eran revolucionarias en su tiempo porque es el primer personaje de la historia que pone el acento ético no en la fidelidad al grupo o clan propio, sino a todos los humanos en general”. Esta fraternidad la representa el Papa actual, que presenta la Iglesia no como una muralla o una fiscalía moral sino como un hospital de campaña al que todas las personas desconcertadas están invitadas.

9. Ampliar el espíritu de Cáritas también a la espiritualidad y al amor

El cristianismo, sostiene el autor, debe ampliar el espectro social de Cáritas. Debe dirigirse no solamente a los que pasan hambre y a los que no tienen techo, sino también a los que tienen “el corazón perdido” y a los que tienen “sed de espiritualidad y hambre de compromiso”. Ante la lógica “depredadora” de nuestro tiempo, Cáritas puede mostrar con gestos de fraternidad, que el amor es dar y no recibir.

10. ¿Justicia vs. Caridad?

Hemos destruido el sentido del concepto austeridad, sostiene Puigverd. Ahora significa imponer recortes y subir impuestos, pero no debemos olvidar que austeridad significa prescindir de gastos superfluos para centrarse en los básicos. Es lo que el Papa promulga en el “Laudato Si”, donde explica que hemos puesto el foco en la “idolatría del dinero” y no en la vida humana.

Francisco coincide en este punto con las corrientes ecologistas y antisistema, según le reprochan muchos de sus detractores. Pero Puigverd sostiene que, a diferencia de estos movimientos, el Papa hace énfasis en la vida humana; y habla de caridad, no sólo de justicia. La diferencia entre el cristianismo y las ideologías que apoya a los desfavorecidos radica precisamente en la caridad: “la caridad contiene la justicia, pero la justicia no contiene la caridad”. La tarea de Cáritas resume la potencia del amor cristiano: “Quien milita en Cáritas rompe el tópico del egoísmo humano para afirmar que el amor puede ser más fuerte que el malestar del mundo”. Según Puigverd, la aportación cristiana se resume en el salmo: “Donde hay caridad y amor, allí está Dios”.

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