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Sin ética no hay desarrollo

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Análisis de la situación de Venezuela a la luz de la "Populorum Progresio"

En el marco de los cincuenta años de la publicación de la encíclica de S.S. Pablo VI sobre el desarrollo de los pueblos, en Caracas el aniversario no pasó bajo la mesa a pesar de las urgencias que plantea la cotidianidad de la crisis…o quizá a causa de ellas.

Una conmemoración muy especial motorizó diferentes foros donde se pudo escuchar la disertación de distinguidos expertos de la academia venezolana. Se buscaba aclarar conceptos y lograr acuerdos sobre los elementos del desarrollo integral del hombre.

Especial relevancia tuvo el panel en la Universidad Monteávila, que compartieron el doctor Raúl González Fabre, sj, profesor de la Universidad de Comillas (Madrid), presente con aportes fundamentales sobre *Justicia y Desarrollo* y el venezolano Rafael Tomás Caldera, filósofo y reconocido profesor universitario quien coordinó una publicación que circula con el material generado por la participación de los ponentes en los distintos eventos.

“Venezuela atraviesa uno de los momentos más oscuros de su historia –se lee en el prólogo del compendio- debido a la paupérrima situación económica, política y social en la que se encuentra”. Es precisamente la razón por la cual encaja el tema fundamental “recurrente en nuestras discusiones: la relevancia de la ética para el desarrollo integral humano, dado que uno de los acuerdos sobre la raíz del problema del (sub)desarrollo venezolano es de índole moral”.

Destaca la coincidencia temática de la Populorum Progressio y la vigencia de su discurso con el llamado que hiciera san Juan Pablo II (CEPAL 1987, Chile) a ver más allá “de cifras y estadísticas y descubrir el rostro viviente y doloroso de cada persona, de cada ser humano indigente y marginado con sus penas y alegrías, con sus frustraciones, con su angustia y su esperanza en un futuro mejor”. Y es aquí donde el papa polaco conectó con el contenido de la Populorum Progressio divulgada en 1967: “Es el hombre, todo el hombre, cada hombre en su ser único e irrepetible, creado y redimido por Dios, es el que se asoma…tras la generalidad de las estadísticas!”.

Estos papas enfrentan a la humanidad con un desafío moral, interpelan al actuar ético del hombre señalando que las soluciones al desarrollo deben estar fundamentadas en la justicia y la libertad.

Si la ética y la moral remiten al recto obrar de las personas en orden a su bien, ello concierne al fuero interno de los individuos y no depende tan solo del orden jurídico vigente. En esa misma lógica, el tema del desarrollo no se agota en lo económico. Tampoco hay que ceder al relativismo que consume las reservas morales del mundo moderno. Lo bueno y lo malo no pueden depender de lo *políticamente correcto*. Es claro: la persona debe pensar y luego decidir, desde la responsabilidad basada en la ética. “Mi llamado, pues, –casi rogaba san Juan Pablo II- toma la forma de un imperativo moral: Sed solidarios por encima de todo!”.

Ciertamente, que “la salud social y política de Venezuela –concluyen los foristas- depende de la calidad ética de sus ciudadanos y gobernantes. En este sentido, es evidente que Venezuela está enferma”. Es prioritario, en consecuencia, fortalecer la familia y otras instituciones fundamentales, así como recuperar la confianza entre todos los ciudadanos, la cual debe ganarse ejerciendo la honestidad, la veracidad, la capacidad de servicio, independientemente de las opciones políticas a las cuales se adhiera. Sin la dimensión ética privando en procura de soluciones -ya de orden técnico- a los problemas de todo el hombre y todos los hombres, no conseguiremos el desarrollo.

Como bien apuntó Rafael Tomás Caldera en su ponencia *sobre el auténtico desarrollo humano*, “No habrá desarrollo si no se fomenta en la sociedad la responsabilidad de edificar el bien común”. Parece de perogrullo, pero es un tema central que inspiró y angustió a dos papas modernos y que permanece a la raíz del problema venezolano y latinoamericano: el fondo ético de la política.-

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