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El hambre tiene rostros concretos en Venezuela

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La iglesia de Santa Capilla, a pocos metros de la sede del Gobierno de Maduro, acoge y alimenta a cientos de personas necesitadas

“Yo me llamo Jesús Ramón Vallenilla. Estoy padeciendo una situación de calle desde hace dos años. Duermo donde me consiga la noche aunque trato de hacerlo cerca de los templos buscando un poco de seguridad y respeto. Todas las semanas vengo a disfrutar de la comida que entregan en esta iglesia. A veces es la única que como en el día”.

Jesús Ramón, de 60 años, llega cada ocho días a la Basílica Santa Capilla, en pleno centro de Caracas (Venezuela), para recibir un envase con sopa de pollo y/o patas de res con verduras. “Aunque estoy muy delgado, las proteínas materiales y espirituales que aquí recibo me dan fuerzas y esperanzas”, reconoce con una sonrisa, a pesar de todo.

Víctor Manuel Pérez Sierralta, de 44 años, también está en situación de calle y acude a la olla de la misericordia en esta iglesia que está rodeada por instituciones del Estado Venezolano. “A raíz de la muerte de mi esposa caí en depresión y vivo en la calle. Tengo casi dos meses viniendo a comer en Santa Capilla. Debido al trato que he recibido quiero reponer mi vida”, expresó, deseoso de narrar su drama personal.

Testimonios como los de Vallenilla y Sierralta se repiten cada semana en este templo de aspecto gótico que se convierte en comedor para alimentar a cientos de personas. Acuden niños, jóvenes y ancianos; sanos y enfermos; incluso, familias completas que además de la escasez alimentaria, viven en situación de calle o están desempleadas.

 

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Nadie se va sin comer…

En Santa Capilla la “multiplicación” de los panes y los peces es una realidad que se fundamenta en la oración y en el apoyo desinteresado de muchas personas. La nave derecha del templo está dedicada a Jesús de la Divina Misericordia. La adorna un cuadro inmenso representando el milagro narrado en los evangelios. Es una obra del pintor venezolano Arturo Michelena que donó al templo en 1897.

“Aquí disfrutan la comida y mientras la esperan algunas misioneras laicas orientan con la palabra de Dios y enseñan las oraciones básicas de la Iglesia. Quisiéramos contar con otro espacio más adecuado pero hasta ahora no lo hemos conseguido”, dijo la hermana Camila Véliz, cuya congregación –Siervas del Santísimo Sacramento- fue fundada por Juan Bautista Castro, el 7 de septiembre de 1896, justamente en este templo.

La religiosa explicó que “olla solidaria de la misericordia, es un compromiso asumido junto a los voluntarios de varios grupos de apostolado, desde el año santo impulsado por el Papa Francisco”, expresó Camila habla mientras cortaba las verduras.

“Conseguir los alimentos es muy duro para muchos venezolanos”, reflexionó. “Este compromiso lo hemos hecho con mucha ayuda y oración. Algunas veces cuesta conseguir los ingredientes, pero el ‘milagro’ ocurre y la gente no se va sin comer”.

Esto la ratifica Mariana Guerrero, una laica consagrada que participa en la organización de la comida. El Santo Padre nos ha enseñado que hay mucha necesidad, pero los panes nunca se terminan, y debemos ser solidarios con estos hermanos necesitados”.

Muchas familias necesitadas

Otra de las voluntarias es la abogada Judith Esperanza Guillén, del Camino Neocatecumenal. Lleva un libro con la situación personal de cada persona o familia. No ha elaborado las estadísticas pero indica que recoge sus datos porque son personas con rostros y nombres concretos, y muchos esperan que alguna institución decida ayudarlos. Destacó que el martes 26 de septiembre entregaron 450 comidas dentro del templo, pero también repartieron otras 50 para llevar a personas enfermas en sus casas.

 

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Igualmente acentuó que aunque este proyecto cuenta con el visto bueno del padre Ponc Capell, capellán del santuario, no obstante, por ser una iglesia de paso no cuenta con suficientes recursos para desarrollarlo por cual reciben ayudas para estas comidas.

“Cada vez son más las familias enteras que buscan comida y muchas viven en la calle”, dijo con cierta preocupación Guillén. También asomó que “vienen a Caracas desde el interior del país para realizarse estudios médicos, o sencillamente, buscando un mejor modo de vida y aquí encuentran un plato de comida”, dijo la voluntaria.

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