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Un Papa sencillo, hasta en la mesa; las 4 polentas de Juan XXIII

JOHN XXIII
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Comía poca carne y mucha verdura, quesos como el talleggio, el stracchino… la comida típica de una familia humilde de Bérgamo

Angelo Roncalli nació en el seno de una humilde familia campesina en Bérgamo, era el cuarto de trece hijos, familia muy aferrada a los buenos valores y una fe firme. Después de una larga y dura jornada en el campo, todos se sentaban a escuchar atentamente al jefe de la familia, papá Juan (de quien luego tomará el nombre para su pontificado), leer el evangelio y la vida de los santos.

Al convertirse en Papa trajo consigo todas esas buenas costumbres que había aprendido en familia: ir a la cama temprano después del noticiero, estar muy cerca de la gente con un gesto o una caricia acortando distancias que ponían más en guardia a los guardias del vaticano; y quizás añorando las risas y juegos con sus hermanos tenía una gran preferencia por los niños.

Por ello, la primera Navidad de su pontificado hizo una visita sorpresa a los niños en el hospital Bambino Gesù, que por su vestimenta lo confundieron con San Nicolás; también salvó a miles de niños judíos durante la Segunda Guerra Mundial, cuando era nuncio en Budapest, concediéndoles certificados falsos de bautismos. Y muchos habrán oído algunas vez la famosa frase con el famoso “Discurso a la luna”: «regresando a casa, encontraréis a los niños; hacedles una caricia y decidles: ésta es la caricia del Papa».

Su estilo simple, humilde, familiar hizo pronto que todo el mundo lo amara nominándolo el “Papa Bueno”. Y así también era su gusto culinario: simple, con platos típicos de la tradición bergamasca. Comía poca carne y mucha verdura, quesos como el talleggio, el stracchino…

Pero su plato preferido por excelencia que nunca podía faltar en su mesa era la polenta, que las monjitas del “Ordine delle Poverelle di Bergamo” le preparaban con tanto cariño, respetando las tradiciones propias de su pueblo. También nosotros podemos gustar de estas ricas recetas.

Polenta con leche: polenta hervida y leche fría, era el plato obligatorio al mediodía en el campo

Polenta curada: apenas se sacaba de la paleta de madera con la que se cocinaba al fuego se ponía en una olla con mantequilla derretida, ajo y queso rallado

Polenta asada: Polenta fría cortada en rodajas y dorada en un sartén donde antes se ha frito cebolla en mantequilla

Polenta de pasta roja: en un recipiente para horno se alterna capas de polenta con salsa de tomate, salchicha, carne de cerdo picada y setas; se termina espolvoreando mucho queso rallado y se cocina por media hora en el horno.

Fuente: Il Forchettiere

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