Aleteia

Crece el liderazgo de los hispanos en USA

© davejdoe
Comparte
Comenta

El promedio de edad es 29 años

Son 60 millones los hispanos en Estados Unidos y su liderazgo está creciendo, de hecho, según el profesor Hosffman Ospino, Director del Programa de Ministerios Hispanos en el Boston College, los católicos hispanos están “transformando” la experiencia católica estadounidense. El promedio de edad de los hispanos es 29 años

¿Qué liderazgo ejercen los hispanos hoy en la Iglesia Católica en USA?

Los católicos hispanos, tanto inmigrantes como nacidos en este país, estamos transformando la experiencia católica estadounidense. Dicha transformación es más evidente a nivel de las comunidades de fe. Miles de parroquias católicas son de facto bilingües, ofreciendo servicios a hispanos. La mayoría de las parroquias con ministerio hispano se encuentran en el Sur y el Oeste del país, espacios geográficos que en el pasado no tuvieron una fuerte presencia católica. Hoy en día la mayoría de los católicos estadounidenses viven en estas dos regiones.

El liderazgo de los latinos va aumentando, aunque a paso lento. Son muchos los católicos hispanos sirviendo como voluntarios en proyectos parroquiales o en sus barrios. Cada vez son más los católicos hispanos los que se encuentran matriculados en programas de formación para el liderazgo pastoral, tanto a niveles básicos como institutos pastorales como a nivel de seminarios y universidades.

Sin embargo, el número de obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, teólogos y otros académicos católicos hispanos es muy pequeño. La gran mayoría de sacerdotes, religiosos y religiosas y ministros eclesiales laicos (usualmente laicos contratados para trabajar profesionalmente en parroquias, diócesis y organizaciones) son inmigrantes. Se necesita una mejor cultivación del liderazgo latino.

Uno de los desafíos más grandes para que los católicos hispanos ejerzamos el liderazgo en una porción de la Iglesia en el que la tarea pastoral se define con criterios bastante profesionales es la educación. La gran mayoría de hispanos adultos en los Estados Unidos no ha terminado un título universitario, casi el 83 por ciento. Sin este tipo de educación, el liderazgo se ejerce con mucha energía en las bases y en los barrios, pero no se llega con contundencia a las mesas de toma de decisiones. Poco a poco esto irá cambiando a medida que más hispanos van a las universidades, seminarios y otros centros de formación para luego dedicarse de lleno a la vida pastoral y a avanzar la misión evangelizadora de la Iglesia por medio de distintos compromisos eclesiales y sociales.

Se asocia la religiosidad hispana a la devoción popular y a una teología del pueblo. ¿Qué más?

La espiritualidad católica hispana en los Estados Unidos con frecuencia se asocia a expresiones de religiosidad popular muy parecidas a aquellas que son comunes en América Latina, el Caribe y España. Sin embargo, esto es más común en la población inmigrante.

Sólo el 36 por ciento de los hispanos en los Estados Unidos somos inmigrantes. La gran mayoría nació en este país y rápidamente se está adaptando a la manera “americana” de vivir la religión, aunque la influencia de los padres y abuelos inmigrantes es bastante fuerte. De hecho, la religión al estilo inmigrante tradicional usualmente sirve como un factor que permite identificarse con una comunidad y crea un sentido de pertenencia. Esto es importante para los jóvenes hispanos nacidos en los Estados Unidos, quienes constantemente son forzados por corrientes sociales e culturales a definir su identidad como hispanos y como estadounidenses.

La práctica de la religiosidad popular, o el catolicismo popular como decimos con frecuencia los teólogos católicos hispanos estadounidenses, es una fuente riquísima para el reflexionar teológico. Se puede hablar del catolicismo popular como la fe del pueblo, el lenguaje con el que millones de hispanos tratamos de entender el misterio de Dios en nuestras vidas y darle sentido a la realidad compleja en que vivimos. A veces este reflexionar tiene un sentido político, en cuanto que permite formular preguntas sobre justicia, igualdad e incluso compromiso con los más vulnerables. También es un vehículo importante para definir características culturales que nos ayudan a los católicos hispanos a afirmar una identidad en medio de un mundo pluricultural que fluctúa entre los extremos del relativismo y las exageraciones fanáticas de grupos marginales y exclusionarios.

Quizás una de las contribuciones más ricas del catolicismo popular hispano en los Estados Unidos es que permite a los católicos a hacer de nuestra algo que es parte de nuestra vida diaria en la casa, el trabajo, el colegio, los espacios públicos, etc., y no sólo algo que tiene sentido sólo en los 45 minutos que una familia pasa en la Iglesia el día domingo.

En otras palabras, el catolicismo popular desafía las fuertes corrientes que privilegian el individualismo y la privatización de la fe en la cultura estadounidense, ofreciendo una alternativa mucho más familiar, comunitaria y pública. No cabe duda que el catolicismo popular puede ofrecer mucho a la reflexión teológica y la planeación pastoral en un contexto como el estadounidense.

¿Cuáles son las fortalezas de la comunidad hispana y qué están aportando de positivo a la sociedad americana hoy?

Son muchas las fortalezas de la comunidad hispana y los aportes a la sociedad estadounidense hoy en día.

La primera fortaleza de la comunidad hispana, y creo que la más importante, es su juventud. El promedio de edad de los hispanos es 29 años, comparado con 37 cuando se mira a la población general. El potencial de los jóvenes hispanos es enorme.

Si la Iglesia católica en este país quiere invertir seriamente en su futuro, ha de comenzar con la comunidad hispana, sus niños y sus jóvenes.

Una segunda fortaleza es lo que pudiera llamarse el arraigamiento de la imaginación católica que existe en la mayoría de hispanos. Esta imaginación o manera de ver la realidad permea todo: familia, relaciones, valores y sensibilidades sociales. Es verdad que muchos hispanos han dejado de identificarse como católicos, pero eso no significa que la mayoría de ellos han perdido la imaginación católica que heredaron de sus familias y de sus culturas. Es algo fascinante.

Esto es algo que ayuda a mantener la identidad en un mundo anglosajón, altamente Protestante y cada día más secularizado.

Una última fortaleza que resaltaría es la ética de trabajo que los hispanos desarrollan en este país. En los Estados Unidos siempre se ha hablado de la ética Protestante con relación al trabajo, afirmando la manera ardua de construir sociedad. Lamentablemente esa idea se ha usado para decir que otros grupos, especialmente grupos que no son de raza blanca o no son anglosajones son perezosos. Pero al mirar a la comunidad hispana, se observa todo lo contrario.

Los hispanos son los que están sosteniendo industrias enteras como la agricultura, la construcción, la manufactura y cada vez más los servicios sociales. Sin llegasen a desaparecer los hispanos por una semana, la economía de este país se vendría a pique. Es por ello que los discursos racistas y xenófobos que tienen como objeto a las comunidades hispanas, aparte de ser absurdos, expresiones de pecado social y disonantes en nuestra época, son ignorantes de la realidad que dicen tratar de interpretar.

En cuanto a los aportes, mi primera inclinación sería decir que el mejor aporte es la presencia de casi 60 millones de hispanos, con nuestros hijos, nuestro deseo de construir una sociedad mejor, a veces comenzando de cero cuando se trata de inmigrantes que llegan huyendo de condiciones que no les permitieron realizarse plenamente como personas en sus países de origen o que han logrado sobresalir a pesar de las contrariedades y ambigüedades en una sociedad que todavía tiene dificultad para reconocerle como suyos. Aparte de esta presencia, yo diría que los hispanos ofrecemos a la sociedad estadounidense una alternativa para vivir la experiencia humana.

Es una alternativa que tiene raíces en la riqueza de las culturas ibéricas, indígenas, afroamericanas, europeas e incluso asiáticas que coinciden en un crisol sociocultural dando luz a un mestizaje y a una creación nueva.

Dicha alternativa se nutre de convicciones religiosas y espirituales que están íntimamente relacionadas con el catolicismo y otras tradiciones que han sido parte de nuestros pueblos latinos por siglos. Los hispanos aportan a la sociedad estadounidense una oportunidad para renovarse y para afirmar lo mejor de esta comunidad en sus distintas manifestaciones, sabiendo que en un futuro no muy lejano (seguramente a mediados del siglo XXI), los hispanos constituirán cerca de una cuarta parte de la población estadounidense.

El porcentaje será mayor dentro de un siglo. La presencia hispana es una presencia que augura un futuro. Esa es una razón suficiente para engendrar esperanza.

Newsletter
Recibe Aleteia cada día