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El Cristo de Bojayá, testigo de la masacre de Colombia, nos interpela

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 4 víctimas se convierten en el signo vivo del costado herido del  Cristo roto en una masacre de refugiados en su iglesia. Palabras y momentos  inolvidables en el Gran Encuentro de Oración por la Reconciliación en Colombia. 

“Nos reunimos a los pies del Crucificado de Bojayá, que el 2 de mayo de 2002 presenció y sufrió la masacre de decenas de personas refugiadas en su iglesia. Esta imagen tiene un fuerte valor simbólico y espiritual”, expresó el Papa.

“Ver a Cristo así, mutilado y herido, nos interpela. Ya no tiene brazos y su cuerpo ya no está, pero conserva su rostro y con él nos mira y nos ama”, dijo el papa Francisco debajo del Crucifijo de Bojayá con motivo del Gran Encuentro de Oración por la Reconciliación en Colombia en el Parque de Las Malocas de Villavicencio este viernes 8 de septiembre de 2017.

Crucifijo de Bojayá

“Cristo roto y amputado, para nosotros es «más Cristo» aún, porque nos muestra una vez más que Él vino para sufrir por su pueblo y con su pueblo; y para enseñarnos también que el odio no tiene la última palabra, que el amor es más fuerte que la muerte y la violencia”.

“Nos enseña a transformar el dolor en fuente de vida y resurrección, para que junto a Él y con Él aprendamos la fuerza del perdón, la grandeza del amor”, sostuvo.

El Pontífice escuchó los testimonios de cuatro víctimas de la violencia: Deisy Sánchez Rey (reclutada para las Autodefensas Unidas de Colombia), Juan Carlos Murcia Perdomo (por 12 años en las FARC), Pastora Mira García (víctima de la violencia) y Luz Dary Landazury (víctima de la explosión de un artefacto).

Papa Francisco emocionado acompañó esta apertura de corazones. “Estoy aquí no tanto para hablar yo sino para estar cerca de ustedes y mirarlos a los ojos, para escucharlos y abrir mi corazón a vuestro testimonio de vida y de fe. Y si me lo permiten, desearía también abrazarlos y llorar con ustedes”.

Verdad

La verdad es una compañera inseparable de la justicia y de la misericordia. Juntas son esenciales para construir la paz y, por otra parte, cada una de ellas impide que las otras sean alteradas y se transformen en instrumentos de venganza sobre quien es más débil”, dijo el Papa Francisco luego de escuchar el testimonio de Juan Carlos.

Puedo pedir así una vez más perdón, mi corazón se desahoga y me siento más libre”, sostuvo Juan Carlos Murcia Perdomo (por 12 años en las FARC). Su testimonio sobre la Verdad se basó en su experiencia de renovación luego de haber sido reclutado a dieciséis años por la guerrilla; después de poco tiempo perdió la mano izquierda, manipulando explosivos.

“A pesar de que me enseñaron que el único verdadero Dios son las armas y el dinero, no perdí del todo la fe […] y Dios me hizo comprender que la violencia no es verdad y que debía salir de la selva más profunda, la de mi corazón esclavizado por el mal”, comentó.

Hoy lleva adelante la Funddrras, una Fundación para el desarrollo del deporte con setenta jóvenes, a quienes, a través del deporte, ayuda a no ser reclutados ni por las armas ni por las drogas.

Cada víctima ha encendido una vela a los pies del Crucifijo. Presentes en el evento 7000 representantes de víctimas de la violencia, militares y agentes de policía y ex guerrillera. Se leyó el Salmo 85 y cantó a la paz.

El recuerdo de 8 millones de víctimas de la guerra que dura más de 53 años delante al crucifijo de Bojayá, Cristo que presenció y sufrió la masacre de decenas de personas refugiadas en su iglesia el 2 de mayo de 2002.

 

Paz

Quizá el testimonio que más conmovió a papa Francisco fue el de Pastora Mira García sobre la Paz. Una mujer católica que aprendió a perdonar a tal punto que acogió en su casa uno de los miembros del grupo de verdugos que asesinó a su hijo menor, el joven después de recuperarse de una herida le contó cómo habían torturado a su hijo, hasta matarlo. 

“Pastora – sostuvo Francisco – tienes razón: la violencia engendra más violencia, el odio más odio, y la muerte más muerte. Tenemos que romper esa cadena que se presenta como ineludible, y eso sólo es posible con el perdón y la reconciliación”.

Ella ya había perdido a su primer marido, fue amenazada por la guerrilla y por los paramilitares, que se habían instalado en esa zona de Antioquia.

En 2001, los paramilitares le desaparecieron a su hija Sandra Paola. “Emprendí su búsqueda, pero encontré el cadáver solo después de haberlo llorado por 7 años”

En 2005, el Bloque Héroes de Granada, de los paramilitares, asesinó a Jorge Aníbal, su hijo menor.

Luego contó el testimonio desgarrador: “Tres días después de haberlo sepultado, atendí, herido, a un jovencito y lo puse a descansar en la misma cama que había pertenecido a Jorge Aníbal”.

Y hasta los periodista comenzaron a lagrimar al escuchar: “Al salir de la casa, el joven vio sus fotos y reaccionó contándome que era uno de sus asesinos y cómo lo habían torturado antes de matarlo.

Doy gracias a Dios que, con la ayuda de Mamita María, me dio la fuerza de servirle sin causarle daño, a pesar de mi indecible dolor”.

La mujer indicó que ahora coloca “este dolor y el sufrimiento de las miles de víctimas de Colombia a los pies de Jesús Crucificado”.

Y añadió: “como signo de esta ofrenda de dolor, depongo a los pies de la cruz de Bojayá la camisa que Sandra Paola, mi hija desaparecida, había regalado a Jorge Aníbal, el hijo que me mataron los paramilitares”.

 

 

Asimismo, otro momento emotivo fue el saludo de paz, donde victimarios (también definidos víctimas por Francisco por la perdida de humanidad) y víctimas se abrazaron.

En esta ocasión especial, el papa Francisco invitó a toda Colombia: “Abre tu corazón de pueblo de Dios y déjate reconciliar. No temas a la verdad ni a la justicia.(…) “No tengan temor a pedir y a ofrecer el perdón. No se resistan a la reconciliación para acercarse, reencontrarse como hermanos y superar las enemistades”.

Luego se rezó la oración atribuida a San Francisco de Asís para que cada persona sea instrumento de paz.

Francisco ha dado la bendición y después de las palabras de agradecimiento de dos niños, el Obispo de Roma se trasladó en auto al Parque de los Fundadores donde se encuentra la Cruz de la Reconciliación.

Sin duda, este fue un cara a cara entre personas que recibieron y causaron dolor; hecho de una narración sin realismo mágico, mejor con una dura realidad que aflora, en el que las víctimas y los victimarios se miraron desde la misericordia dejando atrás el odio.

Historias escritas en sangre y llanto que han confluido en un gran Encuentro por la Reconciliación presidido por el Papa que será recordado por relanzar la misericordia con creatividad.

Colombia no debería jamás olvidar las voces de las víctimas, las cuales se unen simbólicamente al mensaje de la homilía del Papa Francisco en la misa Campal en Villavicencio de esta mañana, cuando el Sucesor de Pedro ha puesto en alto la dignidad de las víctimas, quienes dejando atrás la venganza son testimonios creíbles de la reconciliación.

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