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La princesa japonesa que renunció a su título por amor

SHIZUO KAMBAYASHI / POOL / AFP
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Cuando la verdadera felicidad importa más que el dinero

“El amor es paciente, servicial y sin envidia. No quiere aparentar ni se hace el importante. No actúa con bajeza, ni busca su propio interés”, se lee en la Biblia y, aunque para algunos pueda parecer exagerado o demasiado romántico para la vida real, existen casos que te renuevan la fe en estas palabras. Hace unos días, la princesa Mako de Japón fue noticia porque anunció su compromiso con Kei Komuro, un plebeyo que, según ella, le da paz y la hace sonreír.

El asunto es que según las estrictas normas de la Casa Imperial, si una mujer se casa con alguien que no tenga un título nobiliario, pierde su estatus real (no así pasa con los hombres, a quienes sí les permiten casarse con mujeres “comunes”).

“Desde mi infancia sabía que perdería mi estatus real una vez me casara. Mientras, he trabajado para ayudar al emperador y he cumplido con las tareas de miembro de la familia real tanto como pude, me gustó mi vida”, dijo en una conferencia de prensa junto a su novio.

Mako es la primera nieta de los emperadores Akihito y Michiko que se compromete y, aunque no tenía derecho al trono por ser mujer, sí tenía ciertos privilegios como princesa (aunque en su vida común rara vez los utilizara).

Ella y su novio se conocieron en la International Christian University de Tokio en el 2012, en la que ambos estudiaban. A Mako lo primero que le atrajo de él fue su sonrisa, a la que describe “radiante como un sol”; mientras que a él le cautivó su manera tranquila de ver las cosas, “como lo hace la luna”.

Ellos piensan cumplir con todos los ritos tradicionales en señal de respeto a los emperadores, quienes ya le dieron su aprobación. De hecho, sí habrá una boda imperial como tal (ella perderá su título en el momento que diga “acepto”), la cual se realizará en otoño del año que viene.

Actualmente, ella trabaja como investigadora en una filial del Museo Universitario de la Universidad de Tokio y él labora para una firma de abogados.

La princesa Mako no es la primera en sacrificarse por amor en la familia real japonesa, también lo hizo su tía Sayako en el 2005 cuando se casó también con un plebeyo.

La familia imperial se ve en un aprieto, pues sin Mako, serán sólo 18 miembros y 13 de ellos son mujeres. ¿Quizá tendrán que reformar sus normas para que las mujeres puedan ser emperatrices? No es algo que le quita el sueño a la princesa o a su prometido, quienes confiesan que su único interés es “construir una casa tranquila y relajada para formar una familia llena de sonrisas”.

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