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Los huracanes y cómo se unen los pueblos de América y del Caribe

Lionel CHAMOISEAU / AFP
Huracán Irma
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El origen de sus nombres...¿Quién dijo que no era posible el entendimiento de los pueblos?

Hay nombres que no se borran de la memoria de los pueblos. Evocan tragedias, evocan días a los que no se quiere regresar. Son bellos y fáciles de entender, pero están asociados a días tristes. Camille, Mitch, Katrina son huracanes que azotaron a pueblos americanos y caribeños y que la misma organización internacional encargada de regular los nombres de los huracanes ha eliminado de la lista para futuras tormentas.

Cada temporada de huracanes y tormentas trae nombres distintos a los del año anterior, aunque, en su gran mayoría, vuelven a aparecer cada seis años. Se trata de nombres fáciles de entender y pronunciar por los distintos pueblos independientemente de su lengua, para facilitar ante todo la comunicación entre aquellos que siguen los avances de los huracanes en los distintos países. Históricamente, se ha entendido que era mucho más sencillo nombrarlos con nombres que con precisiones técnicas o números. Así, por ejemplo, Irma es un nombre sencillo de pronunciar en inglés, francés, español, holandés, criollo haitiano…

Aunque durante un tiempo los nombres de huracanes eran exclusivamente femeninos, a partir de la década del 70 se fueron incorporando nombres de varones. Además, nunca por temporada se repite la primera letra de los nombres de cada huracán. Cada año, la primera tormenta comenzará con la letra A, la segunda con la B, y así sucesivamente. Por eso después de Harvey viene Irma. Y después de Irma vienen Jose, Katia, Lee, Maria, etc.

Las seis listas de nombres se usan de manera rotativa y se vuelven a utilizar cada seis años, con variaciones si es que hubo alguna tormenta de magnitud que conviene no volver a usar, como las nombradas en el primer párrafo de esta nota. Los nombres de las tormentas de este año que no hayan provocado grandes destrozos se volverán a escuchar en 2023. Actualmente, la nominación anual de las tormentas y huracanes está a cargo de la Organización Mundial de Meteorología.

El poder nombrar las tormentas ha ayudado durante mucho tiempo a la organización de programas de prevención y difusión incluso en aldeas donde la única tecnología de comunicación existente durante mucho tiempo fue la radio. En este medio incluso se han organizado materiales didácticos para saber cómo actuar ante las tormentas en formato de radioteatro, para ser distribuido en distintas emisoras de la región.

El sistema de nombres de huracanes y tormentas es un ejemplo de que es posible el entendimiento de los pueblos cuando se pone por delante lo más importante, el hombre, independientemente de idiomas, razas e ideologías.

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