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Venezuela: Los niños de la revolución en abandono total

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La Iglesia acompaña y transmite esperanza

Apenas asumió la Presidencia de la República en 1999, el entonces mandatario venezolano Hugo Chávez hizo una promesa formal: “Si en 6 meses hay niños en la calle, dejo el cargo”. En ese lapso aumentó el número. A mediados de su gobierno ya la cifra era considerable y a su muerte el aparato productivo del país acusaba una destrucción que, hoy por hoy, no ha sido emulada por ningún otro país.

El detalle, cierto e inaceptable, es que esto ha sido hecho de manera intencional. Se trata de reducir a la población a la condición de mendigos que dependan del mendrugo que el gobierno deja caer. Mantener el poder a base de someter a la gente por hambre. Un crimen perpetrado contra el país, de manera continuada, flagrante e impune.

El obispo de la diócesis de Carúpano (Venezuela), monseñor Jaime Villarroel, denunció en España la caótica situación a nivel político y social que vive el país. La suya es una de las diócesis más pobladas del Estado Sucre, tradicionalmente uno de los más deprimidos desde el punto de vista de la actividad económica, a pesar de tener uno de los más importantes potenciales pesqueros y turísticos del territorio venezolano. Las derivaciones sociales son alarmantes. El prelado sinceró el cuadro, llamando la atención sobre una política económica está hundiendo cada vez más al país.

“Hay mucha falta de comida y medicinas. En Venezuela hay más de 20.000 neonatos muertos al año por falta de asistencia médica. En mi diócesis, los niños y los ancianos se están muriendo de hambre.  La humillación que pasan los ancianos para cobrar una pensión es indignante. La población vive una situación de abandono total y está desanimada y desesperada. La Iglesia está procurando acompañar a los que sufren y dar esperanza a la gente”, expresó. 

El obispo está “bien dateado”, como decimos coloquialmente en Venezuela. Según el más reciente Informe de Monitoreo, Alerta y Atención en Nutrición y Salud (Saman) que elaboró Cáritas hasta el 31 de julio y que realiza desde el último trimestre del año pasado, revela que 60% de 486 niños menores de 5 años de edad que fueron pesados y medidos presentaban déficit nutricional.  Susana Raffalli, experta en seguridad alimentaria y coordinadora del programa Saman, aseguró que los índices del último boletín pasaron ahora a escala de emergencia, porque superaron en más de 11% la muestra que reportó una desnutrición aguda grave hasta julio.

El trabajo de investigación, que será presentado en pocos días al público por Cáritas Venezuela, concluye lo que Raffalli resumió en una dramática frase: “En este momento ya no se puede hablar de vulnerabilidad sino de daño nutricional”. Se debe disponer de alimentos terapéuticos en dispensarios y hospitales. El gobierno sigue ausente del problema, aunque ya lo esté hablando. No se está haciendo una lectura apropiada”, explica, por lo que medidas paleativas como aumentos de sueldos o monto de los tickets de alimentación -que devora la inflación en pocos días- no causarán ningún efecto a los fines de aliviar la insostenible situación.

Villarroel no esquivó el espinoso tema de la tortura en Venezuela. “Cada vez hay más evidencias de que se tortura a la gente que ha sido detenida previamente. Se está sustanciando un expediente en el que cada vez es más patente que existe una violación de los derechos humanos. Hay muchos testimonios de personas que han sido violentadas en la cárcel. Hay jóvenes que no tenían ni siquiera 20 años y han muerto por disparos de las fuerzas policiales (…) Tenemos un Gobierno que está violando los derechos humanos, que está matando a su propia gente solamente por el afán y el deseo de mantenerse en el poder”, afirmó.

No se frenó el obispo cuando tocó el turno a evaluar las posibilidades de una salida, asegurando que no se la ve a corto plazo: “Los obispos tenemos mucha preocupación por la situación de Venezuela porque vemos que se agrava más. La oposición está dividida y muy debilitada. El Gobierno cada vez les cede menos espacios y si consiguen alguna cuota de poder, enseguida les es arrebatada por la fuerza”.

Pero el más acuciante de los asuntos apunta al hambre y la necesidad de medicamentos. A estas graves alturas, no hay señales de que el régimen haya resuelto cambiar su decisión de no admitir ayuda humanitaria o abrir un canal que alivie el problema permitiendo la entrada de ayuda exterior. En ello ha venido insistiendo continuamente la Iglesia pues el costo humano de la crisis es impresionante. El gobierno se quiere quedar y está dispuesto, si hace falta, a matar de hambre a los venezolanos.

Las crisis políticas siempre traen serias consecuencias económicas. El hambre es la consecuencia más visible y sentida del costo económico de la crisis. Pero hay otros aspectos. En opinión del analista Aurelio Concheso “la destrucción del capital humano nacional expresado en la diáspora también adquiere proporciones que igualan o exceden tragedias anteriores de este tipo. Tres millones de venezolanos -que es lo que se estima que ya ha emigrado- equivalen al 10% de la población, mejor dicho, a una cantidad comparable con la que emigró de Cuba al inicio de la tiranía castrista”.

Y no es para menos si tomamos en cuenta algunas realidades. Cifras que ha hecho públicas Conindustria (Consejo Nacional de la Industria) indican que de 12.000 industrias que existían en 1998, quedan tan solo 4.000. Pero, además, de las que quedan, operan a un nivel de actividad oscilante entre el 40% y el 30%. Coincidentemente con esto, los centros comerciales exhiben tiendas cerradas y poca afluencia de público, lo cual ofrece un aspecto que habla del apocamiento de la actividad económica.

Según el consenso de los analistas, durante los últimos tres años la economía se ha contraído en un 35%. “Dicha contracción –continúa Concheso- es una cantidad equivalente a lo que mermó la economía estadounidense durante la Gran Depresión de los años treinta del siglo pasado”.

Más recientemente, han salido otros datos sobre esa misma variable. Y se trata de que la contracción de la economía, a partir del 2011, es del 51%. Para poner esa cifra en perspectiva, durante la Segunda Guerra Mundial la economía alemana se contrajo el 49%.

A los abusos contra los derechos humanos se une la inclemente condición de vida a que se somete a toda una población de manera desalmada. Un   alivio resulta recibir noticias como las llegadas desde Argentina, los últimos días de agosto, dando cuenta del aplauso de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) para la decisión del Tribunal Federal de Mendoza correspondiente al 27 de julio de 2017, mediante la cual se condenó a 25 ex jueces federales a penas de 15 años a prisión perpetua por su colaboración con los crímenes de lesa humanidad de la dictadura cívico-militar (1976-1983).

Esta decisión representa un histórico paso hacia adelante en la lucha contra la impunidad de las graves violaciones a los derechos humanos. Hay una esperanza para que un día, Dios quiera no lejano, podamos ver justicia para tanta injusticia en Venezuela.

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