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Teléfono contra el Suicidio: voluntarios que en Bélgica atienden 12.000 llamadas al año

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Esta ayuda social, sufragada por el Estado, es un ejemplo para otros países. En Europa se dan cada año 58.000 casos de suicidio

Las formas de ayudar a otras personas son variadísimas. Se canalizan, las más de las veces, a través de profesiones de servicio: desde bomberos hasta médicos y desde la enfermería hasta la enseñanza. Más allá de este núcleo de vida social, sin embargo, se extiende un vasto círculo concéntrico habitado por personas que se dedican al cuidado de los demás de forma altruísta. Son voluntarios que ofrecen su tiempo libre o parte de él.

Entre las tareas de los voluntarios en todo el mundo, llama la atención la de las personas que atienden los teléfonos para evitar el suicidio. Son números de emergencia a los que llaman personas de toda condición en los momentos más difíciles y a las horas más intempestivas. No todo el mundo puede ser voluntario para llevar a cabo este quehacer. Hay que estar preparado y saber cómo se puede orientar a una persona que llama posiblemente a pocos minutos de un terrible desenlace si no se la convence de que existen poderosas razones para seguir viviendo.

Las tasas de suicidio no van directamente unidas a la situación económica de un país. Algunos de los Estados aparentemente más avanzados son los que encabezan el ránquin.  En Alemania se produjeron en 2014 un total de 10.300 suicidios, en Francia 9.100, en Polonia 6.000… Son números nada despreciables (un total de 58.000 en el conjunto de Europa) y que nos plantean qué hacemos mal como sociedad y en qué podríamos mejorar. Por contra, los países con la ratio más baja (en el caso de Europa) son Grecia, Chipre, Italia, Reino Unido, España y Malta.

Bélgica es el sexto país europeo con mayor ratio de suicidios por habitante: allí mueren anualmente por esta causa 17 personas de cada 100.000. Aún estando en el corazón de Europa y gozando en general de un alto poder adquisitivo, la calidad de vida no asegura el estado de serenidad del espíritu y esto afecta a un gran número de ciudadanos. En aquel país, cada día se suicidan 6 personas. 

Para poner remedio a este terrible problema, el propio Estado puso en marcha hace años el Teléfono contra el Suicidio. Cuenta con un equipo de 60 voluntarios seleccionados (superan un examen), que se distribuyen el horario de atención a las llamadas de modo que el Teléfono está disponible 24 horas al día los 7 días de la semana.

Cada día reciben 33 llamadas diarias de promedio, en total 12.000 a año.

Responder al teléfono, en este caso, no es una tarea de poca monta. Los voluntarios deben saber cómo encajar cada una de las frases del interlocutor. En esos momentos, es importante la riqueza interior de que cada uno dispone para trasladarla a la conversación con argumentos acertados, con la palabra y el tono oportuno, y con un mensaje que abra una luz de esperanza en el corazón de la persona atendida. 

No hay cifras con la cantidad de suicidios que se han evitado gracias a las conversaciones con voluntarios de este Teléfono. Sin embargo, es de agradecer la tarea puesto que el número de llamadas prueba lo necesario que es este servicio. Tan es así, que el Gobierno Belga es quien carga económicamente con el mantenimiento de este servicio. El Estado, en este caso, no se desentiende de estas tareas asistenciales y les da el soporte necesario.

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