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El verano, momento óptimo para las conversaciones profundas entre padres e hijos

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8 formas de iniciar una conversación que pueden conducir a charlas con sustancia

Hoy en día nuestras vidas están más saturadas que nunca. Cuando los niños no están en la escuela, están haciendo deberes o corriendo a hacer múltiples actividades. Aunque sabemos que la cena familiar es importante, el hecho de sentarnos juntos sucede con mucha menos frecuencia de la que quisiéramos. A veces tenemos que planificar cualquier tipo de momento en familia, incluso una simple noche de juegos o de cine en casa.

Sin embargo, los veranos son diferentes. Incluso cuando los niños se han apuntado a un campamento o hay un viaje familiar planeado, suele haber cierta flexibilidad. Hacer cosas juntos nos ayuda a construir y fortalecer nuestras relaciones.

Los meses de verano sin planificar se ofrecen por naturaleza a facilitar conversaciones sobre qué es importante para nosotros, qué valoramos y qué queremos conseguir en la vida.

El trabajo y la escuela son importantes, claro, pero hay mucho más en la vida al margen de eso. Las vacaciones familiares y otros momentos menos estructurados a lo largo del verano nos dan oportunidades para hablar sobre cosas para las que, sencillamente, no encontramos tiempo en el ajetreado año académico.

Aquí tenéis algunos ejemplos de aperturas de conversación que os inspirarán para iniciar una buena conexión con los hijos mientras todavía tenéis tiempo…

“¿Qué te gustaría inventar?”

Con frecuencia, las grandes innovaciones son el resultado de una capacidad para maravillarse y un poder de imaginación infantiles. Nuestras mayores invenciones no existirían si alguien no se hubiera preguntado “¿Y si…?” y luego creído que era posible hacerlo.

Las cosas que parecían algo fantasioso hace una generación ahora son una realidad (echa un vistazo al dispositivo que tienes en tu bolsillo con miles de imágenes y juegos y que puede contactar con cualquier conocido en cuestión de segundos). Hablar sobre ideas fantásticas puede fomentar la creatividad y animar a los niños a asumir riesgos intelectuales.

Muchos de nuestros hijos tendrán trabajos que todavía no existen, así que ¿por qué no podrían ser ellos mismos quienes los creen?

“Si ganaras la lotería, ¿qué harías con el dinero?”

Aunque es habitual escuchar la frase “Me aburro”, el verano puede ser un buen tiempo para reflexionar sobre uno mismo. El frenético año escolar a menudo significa hacer lo que nos mandan y trabajar sobre objetivos que otros establecen para nosotros. El verano es una buena oportunidad para marcar nuestras propias metas, para descubrir lo que queremos hacer, ya sea aprender una nueva habilidad o gestionar mejor nuestro tiempo. Una lluvia de ideas puede ayudar a revelar esos objetivos e intereses.

Las preguntas con respuestas abiertas, del tipo “Si ganaras la lotería, ¿qué harías con el dinero?”, dan la oportunidad a todo el mundo de desvelar sus sueños sin sentirse culpable por pedir demasiado.

Aunque es probable que surjan algunas respuestas estrafalarias, es posible que algunos deseos estén al alcance. Además, esta pregunta también puede abrir una conversación sobre la importancia de las donaciones caritativas.

“¡Por qué hay personas que dejan basura en mitad de la naturaleza!”

Con un horario más relajado, el verano propicia los momentos para sentarnos y observar. Múltiples estudios han mostrado los beneficios de pasar tiempo en la naturaleza: reduce el estrés y mejora las habilidades de observación.

Empleamos de forma activa todos nuestros sentidos cuando estamos en el exterior. Ir de acampada o simplemente de paseo nos ofrece una oportunidad para hablar de la importancia del medio ambiente.

Dependemos de los recursos naturales para sobrevivir y tenemos la responsabilidad de preservarlos y no abusar de ellos. Si vemos basura en los caminos o pintadas en las piedras podemos iniciar una conversación sobre nuestra responsabilidad de cuidar del planeta, además de respetar el derecho de los demás a disfrutar de la naturaleza.

“¡Mira cómo da de comer a sus bebés!”

Es probable que haya pequeños animales viviendo en tu patio, jardín o en un parque cercano. A comienzos de este verano, a mi familia le tocó el premio gordo con nada menos que cinco nidos de pájaros en nuestro jardín. Así, pudimos observar cómo tres tipos diferentes de aves construían sus nidos (de diversos tamaños y formas), luego incubaban los huevos y alimentaban a sus crías.

En años anteriores hemos tenido el privilegio de ser testigos de clases de vuelo. Además de suministrar horas de un espectáculo fascinante, nuestros amigos del jardín trasero animan nuestras conversaciones sobre cómo estas criaturas tienen comportamientos similares y diferentes de los nuestros y entre sí mismas.

“¿Sabes de dónde viene de verdad esa manzana que estás comiendo?”

Los meses veraniegos implican un mejor y más apetecible acceso a frutas y verduras. Un huerto casero permite ver de verdad el crecimiento de la comida. Si no es posible, una excursión a un mercado de agricultores o una granja permite interacción con las personas que cultivan tus productos.

Cuando descubrimos algo nuevo, hablamos sobre dónde y cómo crece, sobre si sabe bien y cómo combinarlo para hacer un plato sabroso. Visitar una granja inspira conversaciones sobre el origen de la comida y comprar productos locales no solo implica que la comida sabe mejor, sino que también beneficia a la zona en su conjunto.

“Personas reales murieron aquí luchando por sus ideales”

Las vacaciones incorporan el mundo exterior en nuestras vidas, hace que todo parezca más cercano, más real. Las vacaciones familiares son relajantes, pero también ofrecen la oportunidad de aprender sobre lugares nuevos y ver de primera mano aquello sobre lo que uno lee en el colegio.

Viajar nos hace conscientes de cómo las cosas difieren según su localización. Diferentes modos de viajar afectan al tiempo necesario para ir de un lugar a otro, y las experiencias varían mucho. Por ejemplo, vemos cosas diferentes en un viaje en coche que en un viaje en avión.

La geografía de un lugar afecta a la vida: trabajos, actividades de ocio, incluso la gastronomía. Los viajes a ciudades principales o lugares históricos pueden ayudar a los niños a comprender acontecimientos históricos (los museos han mejorado mucho con el aprendizaje interactivo y divertido). Hablar sobre estos temas ayuda a definir nuestro lugar en el mundo. Viajar nos da perspectiva y nos enseña tolerancia.

“Apaga la consola, tengo algo mucho mejor para que hagas…”

La lectura durante el curso escolar a menudo se limita a lo que se encarga en clase. Durante el verano, muchas escuelas asignan lecturas, pero debería haber tiempo también para que los niños leyeran algo en lo que estén realmente interesados.

Los recuerdos de libros leídos en la infancia a menudo desencadenan fuertes emociones en los adultos, lo cual es precisamente el motivo por el que deberías compartir tus clásicos preferidos con tus hijos. Hay algo reconfortante en un libro familiar, y es emocionante compartir un interés personal con tus hijos.

La mayoría de los niños se interesan por saber cómo eran sus padres cuando eran jóvenes (una vez que pueden asumir la idea de que mamá y papá también fueron niños una vez) y reciben cierto tipo de conexión a través de la literatura. Comparar notas sobre libros que ambos habéis leído es una manera divertida de conectar.

“¿Quieres escuchar la historia más sorprendente del abuelo?”

Las vacaciones suelen despertar la nostalgia. Los padres hablan sobre las vacaciones familiares cuando eran niños. Un viaje quizás implique una reunión familiar en la que los niños pasan tiempo con familiares lejanos. Hay conversaciones sobre la familia, sobre cómo estamos todos emparentados, e historias sobre los abuelos e incluso los bisabuelos.

Si tu familia tiene profundas raíces en tu zona, es probable que encuentres pruebas tangibles de ello, como un nombre familiar en una calle o edificios o al visitar el cementerio. Estas experiencias inspiran preguntas a los mayores, que pueden entonces contar historias que esperamos se pasen de generación en generación.

Por supuesto, también podríamos tener algunas de estas conversaciones durante el año escolar, pero es probable que algo las interrumpa o que tengan que ser apresuradas y no profundicemos como se merecen.

El verano ofrece tiempo y espacio para ser introspectivo, para ir más allá y lograr las sucesivas preguntas que nos llevan al corazón de una cuestión importante.

Nuestros hijos merecen saber las cosas que nos hacen ser como somos, y nosotros merecemos conocerlas también. Así que usad con sabiduría el descanso veraniego y planificad algunas conversaciones profundas. Quizás incluso queráis ponerlas en vuestro calendario.

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