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Devolver la dignidad a los niños que no pueden pagar una silla de ruedas

WHEELCHAIRS
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Una organización trabaja con un proyecto «low cost» que puede cambiar la vida y la educación de los más pequeños

Sumando la población de España a la de Portugal no se alcanza el número equivalente a la cantidad de personas en el mundo que necesitan una silla de ruedas para desplazarse.

De acuerdo al informe Pautas para el suministro de Sillas de Ruedas Manuales en entornos de menores recursos, de la Organización Mundial de la Salud, se estima que más de 65 millones de personas en el mundo las precisan. La estimación parte de la base que el 10% de población, unos 650 millones de personas, tienen algún tipo de discapacidad. Y de estos, el 10% las necesitan para desplazarse.

Pero tan alta demanda de sillas no es debidamente suplida. “Se calcula que sólo una minoría de quienes necesitan sillas de ruedas tienen acceso a ellas y, de esa minoría, poquísimos tienen acceso a una silla de ruedas apropiada”, asegura el informe.

Con el propósito de proveerlas a quienes más lo necesitan de los más pequeños, y favorecer procesos de rehabilitación, un equipo israelí de emprendedores, ingenieros, diseñadores, entre otros, desarrolló un modelo de silla de ruedas distinto para los niños: liviano y accesible. Se trata de Wheelchairs of Hope, sillas de ruedas de esperanza.

“La incapacidad para caminar perjudica su autoestima y su educación. Según un informe del Banco Mundial las brechas educativas entre los niños discapacitados y sus pares pueden llegar hasta un 60%”, explica la organización.

Según relató al periódico La Nación el argentino Pablo Kaplan, uno de los líderes y fundadores del proyecto, el primer modelo fue desarrollado hace tres años junto con el Hospital pediátrico ALYN, y probado con un primer grupo de niños. Los niños que probaron la versión de prueba, recuerda, no querían devolverla.

 

Por un 20% de su precio

Desde que comenzaron a producir estas sillas, que logran vender a menos de 100 dólares cuando el valor de venta de estas puede ser más de cinco veces ese, las han comenzado a usar niños de distintos países del mundo. Ya el que las puedan usar niños de Israel y Palestina sería un logro humanitario en sí mismo que habla de la nobleza del emprendimiento.

Pero, además, gracias a un modelo de trabajo por el que empresas y fundaciones las adquieren y hacen llegar a hospitales y centros, han llegado a niños de Etiopía, Kuwait, Jordania, Sudáfrica, Camerún, Vietnam, Tayikistán, Swasilandia, Panamá, Colombia, Chile y Perú. En Perú, en el mes de febrero, la Fundación Paraíso del Perú donó 100 sillas para ser distribuidas en 6 clínicas San Juan de Dios del país.

El premio Nobel de Química Aaron Ciechanover está fascinado con el proyecto, y en un video de apoyo enviado a la organización explica que el proyecto, además de suponer una silla de ruedas, “lleva a niños que son completamente inmóviles, dependientes de otros para ayuda, y les da independencia. Les permite ir al colegio, vestirse, ir al baño, jugar en las plazas, visitar amigos, estar vivos… esta pequeña y simple silla de ruedas es un rayo de esperanza para estos niños”. Detrás de la movilidad, Ciechanover ve la dignidad de los niños.

 

Un sueño en 7 años

Con el apoyo de la OMS, de Unicef, de miembros del gobierno israelí y británicos, entre otros, las sillas, que además de económicas y cómodas presentan colores atractivos y divertidos para los niños, van cumpliendo el sueño de los fundadores de Wheelchairs of Hope y de cientos de familias en todo el mundo. Pero las aspiraciones de Wheelchairs of Hope son altas: alcanzar a distribuir un millón de sillas de ruedas en siete años. Es que la necesidad de sillas lo es. La necesidad de devolver dignidad en la movilidad a millones de niños llama al compromiso.

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