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6 maneras de hacer que tu próximo vuelo en turista sea como de primera clase

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No hay por qué romper la hucha para lograr que el trayecto en avión sea una parte agradable de tu viaje

Las aerolíneas ofrecen unas tarifas estupendas en verano y, muy convenientemente, las revistas vienen repletas de listas sobre lujos necesarios para hacer que tus vacaciones sean perfectas y tu vuelo más tolerable. Aunque tienen sus ventajas esas botellitas flamantes de pociones mágicas perfectamente almacenadas en bolsas cosméticas aceptadas por la seguridad aeroportuaria, además de los auriculares de última tecnología y chándales de cachemira, también puedes conseguir mucho con las cosas que ya tienes en casa (y unas pocas bolsas de plástico). Aquí está mi receta para hacer del viaje en clase turista una experiencia un poco más de primera clase…

Personaliza tu espacio

Entras en el avión y pasas a través de la reluciente cabina de la clase preferente con esas cómodas mantas, el burbujeante champán y sus elegantes paquetes de servicios. Suspiras. Aunque es imposible recrear el lujo del espacio personal disponible en la parte frontal, puedes hacer que tu pequeño espacio personal sea lo más agradable posible.

Primero, pasa de inmediato una toallita húmeda por todo lo que vayas a tocar, sobre todo la mesita desplegable.

Maximiza el espacio para tus piernas guardando tu equipaje de mano arriba, si consigues espacio; si no, usa tu bolso de mano (preferiblemente uno con cremallera) como reposapiés.

Un poco de aromaterapia puede servir de mucho para hacer que tu espacio parezca más tuyo. Puedes usar aceites esenciales como lavanda, eucalipto o menta, o tu perfume favorito, por ejemplo, rociado sobre un pañuelo o bolas de algodón. Los puedes conservar en una bolsita de plástico que convertirá tu diminuto espacio vital en algo más agradable sin imponer tus preferencias olfativas a tus compañeros de viaje.

Ponte al día con tu entretenimiento favorito

Aprovechar al máximo tu tiempo a bordo podría suponer trabajar ininterrumpidamente con el móvil y el correo electrónico, pero también es una buena oportunidad para desconectar y relajarte. Ponte al día con nuevos estrenos de series o películas o vuelve a alguna antigua favorita. La mayoría de aviones tienen entretenimiento a bordo, pero a veces el sistema está caído.

Ve preparado. Si tienes una tableta, descárgate una temporada de tu serie favorita y date un buen atracón.

Lleva contigo un boli y un pequeño cuaderno. Sin la distracción de los emails y los medios sociales puedes tener una tormenta de ideas sobre algún problema molesto o incluso hacer una lista de restaurantes que te gustaría probar. O escribe una carta, ¡o incluso un libro entero de una sentada! Aunque te sientas un poco estrecho e incómodo, siempre puedes deleitarte en esas varias horas de estar ilocalizable y disfrutar de tu método de evasión favorito.

Aliméntate

Comida de avión. Sí, todos conocemos los chistes. Si tienes la suerte de conseguir algo de comida, en el mejor de los casos su calidad es cuestionable y por lo general no es muy saludable. Así que, ¿por qué no te llevas tu propia comida? Sí, preparar un paquete de comida que pase los controles es otra cosa más que tendrás que hacer antes de salir de viaje, pero cuando te pregunten “¿Pasta o pollo?” y puedas decir “Nada, gracias”, verás que merece la pena. Un sencillo bocadillo es mi comida de viaje preferida: jamón y aceite en un buen pan. Nada demasiado oloroso ni pringoso. Una ensalada de cereales es otra buena idea. Frutos secos, chocolate, fruta resistente. Incluso puedes traer tu propio té y los auxiliares de vuelo te suministrarán el agua caliente. Solo con eso, ya habrás comido mejor que cualquiera en el avión.

Mímate

No soy muy aficionada al acicalamiento público, pero cuando atenúan la luz de la cabina, sobre todo en un vuelo nocturno, no tengo problemas con sacar unos guantes hidratantes o incluso una mascarilla del tipo sheet mask. Es posible que puedan causar más de un susto a los de alrededor, así que mejor que bajes la cabeza o mires hacia la ventana para evitarle el sobresalto a un auxiliar de vuelo. Probablemente es más adecuada cuando viajas junto a alguien que conoces bien.

Para un vuelo diurno más corto, recurre a un bálsamo labial, crema de manos y un breve masaje en las sienes. Es la oportunidad para dar salida a esas muestras que se quedan en el fondo de la bolsa de maquillaje. Con la sequedad de la cabina, agradecerás esa hidratación y humedad añadidas.

Date tiempo

El tiempo vuela. Y es especialmente verdad en el caso de los viajes modernos. ¿Aviones, trenes y coches? Llegado el momento, siempre prefiero un poco más de tiempo en casa antes de un vuelo para asegurarme de que no he olvidado nada. En realidad, lo que estoy es entrando en pánico y llenando todas las rendijas vacías del equipaje con cosas que en realidad no necesito.

A mi marido le gusta llegar pronto al aeropuerto. Le gusta embarcar temprano en el avión. Yo nunca lo he entendido; tengo la sensación de estar apresurándome solo para esperar. Con los años, he adoptado a regañadientes sus modos y ahora lo entiendo del todo: no tener que correr hacia la puerta de embarque, tener tiempo para ponerte cómodo y poner a mano el libro y los auriculares, ir al servicio una última vez antes de que no quede más remedio que usar el terrible aseo del avión… Esto, amigos míos, es un lujo, sobre todo cuando reflexionas sobre las alternativas.

Planifica con antelación por seguridad

No me refiero al potencial cacheo de seguridad que te espera. Me refiero a la seguridad que deriva de saber que si el Plan A falla, tienes un Plan B perfectamente aceptable. Busca horarios de vuelos y trenes antes de tu viaje para conocer las opciones de que dispones si pierdes una conexión o tu vuelo se cancela. Quizás puedes ir un paso más allá si estás al tanto de los hoteles cercanos en caso de quedarte tirado en el aeropuerto hasta el día siguiente.

Escribe todos tus números de reservas de hoteles y confirmaciones de vuelos en un cuaderno y también guardados en tu teléfono. Deja copias de tu pasaporte en casa con tus amigos o familiares. Entérate de dónde está tu embajada en el extranjero. Ten mirado un segundo hotel en caso de que llegues y descubras que el tuyo está a tope porque han reservado de más. Cuando sé que tengo un plan de reserva, puedo relajarme y no preocuparme sobre los contratiempos que puedan surgir en el viaje.

No es necesario romper la hucha para llenar el equipaje de mano con antojos de lujo cuando puedes subir el nivel de tu asiento de oferta con unos cuantos artículos que probablemente ya tengas en casa, un poco de planificación cuidadosa y otro poco de previsión. Así que, ¿a qué esperas? Confío en que estos consejos te sirvan para disfrutar, y no solo tolerar, ese viaje de ida y vuelta de tu destino vacacional.

Bon voyage!

 

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