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El sorprendente simbolismo de los perros en el arte cristiano

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Este animal doméstico era muy respetado en el mundo antiguo

Los perros llevan varios miles de años llevando el título de “mejor amigo del hombre” y ya eran muy conocidos por ello en el mundo antiguo. Incluso podemos encontrar a este animal doméstico en varios episodios diferentes de la Biblia, como el del perro fiel de Tobías (Tobías 6,2), aunque a menudo se les menciona de forma negativa, como perros salvajes y carroñeros.

En lo referente a la representación de los perros en el arte medieval, el perro asumió algunos de sus atributos clásicos de vigilancia y lealtad. A veces se representaban perros junto a una mujer casada, simbolizando la fidelidad de la esposa (hay un motivo que explica que, a lo largo de los siglos, el más común de los nombres para un perro mascota sea Fido, latín para «fiel»).

En otras ocasiones los perros eran considerados sanadores por virtud de las propiedades naturales de su lengua. Un texto medieval explica: “La capacidad del perro para sanar heridas al lamerlas representa cómo las heridas del pecado pueden ser curadas por la confesión. El perro que regresa a su propio vómito simboliza a aquellos que hacen confesión pero luego vuelven a su camino pecaminoso”.

San Roque, un santo del siglo XIV invocado contra la peste, a menudo es representado con su perro milagroso, que curaba las llagas lamiéndolas.

Más tarde, los perros negros y blancos se convirtieron en símbolo de la orden dominica de san Domingo. Es en parte debido a la frase domini canes, “perros del Señor”, que se asemeja al nombre latín de un monje dominico, dominicanus.

También existe una historia sobre la vida de santo Domingo que dice que su madre soñó que daría a luz a un perro con una antorcha en su boca y que prendería fuego al mundo.

El poeta inglés Francis Thompson es famoso por su poema El perro del cielo, que representa a Dios como un perro que persigue constantemente a las almas descarriadas para traerlas a la redención.

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