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Muere a los 91 años un icono de la comedia y del cine

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De origen judío, Jerry Lewis ha muerto por causas naturales en su casa de Las Vegas rodeado de su familia

Jerry Lewis siempre fue un tipo gracioso, al menos cuando tenía una cámara delante porque cuando estaba lejos de los focos cuentan que era un tipo difícil. Su nombre está asociado a la comedia, a las muecas y a la música.

Sus números en solitario haciendo el payaso al compás de la música eran sublimes, quizá por esto terminó haciéndolos solo, porque no necesitaba a nadie más. Tal vez por esto Lewis consiguió destacar como dúo humorístico junto a Dean Martin, con quien saldría de los locales nocturnos hasta Hollywood en una relación profesional realmente gloriosa aunque también repleta de baches hasta que ambos se separaron y se distanciaron. Al parecer el ego de Lewis no cabía en el mismo plano en el que aparecía el ego de Dean Martin.

La separación le vino bien a Lewis, que consiguió un contrato con la Paramount por diez millones de dólares y libertad absoluta.

Fue a partir de entonces cuando Jerry Lewis se configuraría como el icono del cine que es a día de hoy con películas que él mismo dirigía como El botones (1960), El terror de las chicas (1961) o El profesor chiflado (1961) o con cintas que él controlaba como productor como, El ceniciento (1960) o Caso clínico en la clínica (1964).

Lewis sabía algo de la comedia que muy pocos saben manejar. El humor no solo consiste en hacer reír, la comedia tiene sus tiempos, sus formas, su estilo e incluso su ética. Jerry Lewis jugaba, como tan solo unos pocos han sabido hacerlo (Charles Chaplin, Billy Wilder y poco más…), con la maquinaria interna de cómo se hace reír.

Sus personajes además, solían ser tipos que no eran fáciles de querer. Es cierto que no eran mala gente y en esencia eran buenas personas pero resultaban tan ingenuos que rozaban lo infantil. Más que empatía Lewis provocaba compasión. ¿Qué hacía un niño con apariencia de adulto metido en asuntos de mayores?

Cuando en los setenta Jerry Lewis comenzó a darse cuenta de que sus caras ya no hacían tanta gracia y que sus chistes parecían antiguos se propuso demostrar que podía ser un actor y un director dramático de primer orden. Y puede que así fuera, el único problema es que, el que puede que sea el mejor ejemplo de esto, es un largometraje que pocos o muy pocos han visto, The Day the Clown Cried (1972).

Cuentan que la película es realmente turbadora, una versión adelantada de La vida es bella en la que Lewis interpretaba a un payaso que debía entretener a los niños de un campamento de exterminio nazi. Dicen que a Lewis se le fue la mano y que no supo equilibrar el asunto.

Jerry Lewis entregó la que se cree que es la única copia que existe de The Day the Clown Cried, a la Librería del Congreso de Estados Unidos con una sola condición: que se hiciera pública al cabo de de diez años. Lewis sabía que lo más probable es que él no estuviera entre nosotros cuando The Day the Clown Cried pueda proyectarse públicamente. Tal vez entonces sepamos si Jerry Lewis solo era un genio de la comedia o también un genio del cine.

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