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Verónica: Yo no tengo la culpa de verte caer

VERONICA
Film Factory Entertainment
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A partir de un hecho de la crónica parapsicológica española, Paco Plaza ha construido el relato de maduración de una adolescente atormentada

No es casual que, a la hora de llevar a la gran pantalla el llamado «Expediente Vallecas», conocidísimo entre la comunidad parapsicológica española, Paco Plaza y su coguionista, Fernando Navarro, hayan decidido alterar los nombres de las personas afectadas.

Y es que su intención con Verónica no ha sido, en ningún caso, hacer una reconstrucción fiel del caso real, sino utilizar sus mimbres para, a través de las formas del cine fantástico, lanzar una mirada desde la distancia sobre la España deprimida de los años 90. Casi una visión pesadillesca de aquel país ahogado por la crisis económica –no muy alejado, por lo tanto, de la realidad que ahora vivimos–, y del que su joven protagonista, Verónica (Sandra Escacena), se evade a través de las canciones de Héroes del Silencio, que le sirven para obviar un contexto que Plaza muestra (casi) siempre en segundo plano, de forma sutil.

Sin embargo, no es su barrio, ni su condición social –la misma que le hace observar a su amiga Rosa (Ángela Fabián) desde la distancia, anhelando aquello que no tiene–, lo único de lo que la joven huye. Verónica vive, sin ser apenas consciente de ello, en continua negación, y las consecuencias de ese jugueteo en grupo con un tablero ouija pueden leerse, más allá de su explicación sobrenatural, como la proyección de una psique en precario equilibrio por la presión familiar que se ve obligada a asumir pese a su juventud –de ahí, seguramente, la amenorrea que sufre, que si se da en edad fértil puede estar relacionada con estrés psicosocial o con trastornos psiquiátricos–…

Pero también por una (turbia) relación paternofilial que Plaza no aborda de forma directa, sino que ahonda en ella a través de las apariciones del espíritu de su fallecido progenitor, que, se nos insinúa, puede representar su sentimiento de culpa, su vergüenza, su humillación… Su dolor.

Un relato que Plaza construye a partir de la influencia de obras que, a través del velo de lo fantástico, han elaborado metáforas sobre la maduración (sexual o no) de sus jóvenes protagonistas, como Valerie y su Semana de las Maravillas, Celia o Cría cuervos… –de ahí el detalle de darle a la protagonista de esta última, Ana Torrent, el papel de madre de Verónica–, si bien también se filtra la influencia del terror italiano de los 70 y los 80, sobre todo en su forma de abordar lo gótico desde una perspectiva contemporánea.

Pero asimismo se intuye esa herencia transalpina en su visión nihilista, desesperada –y aun así, repleta de apuntes de humor que la desengrasan–, de la propia historia, que se niega a jugar, al estilo Hollywood, con lo que apunta su escena de apertura: al fin y al cabo, la película es casi un gran y pesado mecanismo que empuja a su joven protagonista hacia un destino inevitable.

Precisamente esa secuencia inicial nos promete, a través de un muy bien empleado off visual, un horror que sólo se nos revela después del clímax, y que nos lega una imagen (casi) final atroz, inquietante –incluso habiendo sido apuntada sutilmente durante todo el metraje–, una de las más desasosegantes del fantástico español contemporáneo… Y que rompe con las interpretaciones simplistas de Verónica, que intenten domar un filme que vuela mucho, mucho más alto de lo que pueda parecer al primer golpe de vista.

Ficha Técnica

Título original: Verónica

NO RECOMENDADA PARA MENORES DE 18 AÑOS

Año: 2017

País: España

Género: Terror

Director: Paco Plaza

Reparto: Sandra Escacena, Ana Torrent, Bruna González, Claudia Placer, Iván Chavero, Ángela Fabián

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