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La sorprendente coincidencia litúrgica del eclipse solar

Janez Volmajer | Shutterstock
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El acontecimiento celestial de este año sucede en un día y año significativos para el calendario de la Iglesia.

Aunque el próximo eclipse solar no sea ningún signo del “final de los tiempos”, sí coincide con un día y año significativos en el calendario litúrgico de la Iglesia.

El eclipse tendrá lugar el 21 de agosto. La fiesta principal de este día es san Pío X, un papa que escogió el lema “renovar todas las cosas en Cristo”. Es más conocido por disminuir la edad para la Santa Comunión y decir: “la Santa Comunión es el camino más breve y seguro para alcanzar el Cielo”.

Otra celebración del 21 de agosto en el calendario de la Iglesia es Nuestra Señora de Knock. Fue un 21 de agosto de 1879 cuando la Virgen María se apareció a 15 personas en una pequeña parroquia de Irlanda. Tres figuras se aparecieron, las de la Santísima Virgen, san José y san Juan.

Además, un testigo describió: “Encima del altar y reposando sobre él había un cordero y a su alrededor vi estrellas doradas o pequeñas luces brillantes, relucientes como chorros o esferas de vidrio, reflejando la luz de algún cuerpo luminoso”. Además, “un granjero en la distancia, a una media milla de la escena, salió a echar un vistazo a su tierra. Vio algo que captó su atención; describió lo que vio como un enorme globo de luz dorada”.

Lo interesante es que Nuestra Señora de Knock no pronunció palabra alguna, a diferencia de otras de sus apariciones. Poco después, se registraron curaciones en el lugar de la aparición y Nuestra Señora de Knock sigue reforzando la fe de los irlandeses y de otros devotos de todo el mundo.

Por último, el eclipse solar ocurre durante el año del centenario de Fátima. Las famosas apariciones de María terminaron con un último “Milagro del Sol” que sucedió el 13 de octubre de 1917. La gente describió lo que vio aquel día como el sol “bailando” en el cielo; los presentes fueron capaces de mirar al sol sin dañar sus ojos. Fue un milagro que presenciaron miles de personas.

En la simbología cristiana, la luna a menudo se considera un símbolo de la Virgen María, ya que refleja la luz del sol como refleja la luz del Hijo de Dios. Al mismo tiempo, en el Apocalipsis es descrita como “revestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas en su cabeza” (Apocalipsis 12,1).

Todos estos acontecimientos y simbolismos pueden venirnos a la mente el 21 de agosto mientras disfrutamos del eclipse (¡con las precauciones necesarias para proteger los ojos!), recordando el papel de María en la Historia de la Salvación. En Ella encontramos refugio durante los momentos de dificultad y Ella intercede por nosotros.

Es más, a principios de este año el papa Francisco destacó la ausencia de la presencia de María en las narrativas del Evangelio entre la infancia de Cristo y la crucifixión; según dijo el papa, “los escritores sagrados dan a entender este lento eclipsarse de su presencia, su permanecer muda ante el misterio de un Hijo que obedece al Padre. Pero María reaparece precisamente en el momento crucial: cuando buena parte de los amigos se han disipado por motivo del miedo. Las madres no traicionan”.

Esta reflexión del papa Francisco aúna todo este simbolismo y nos anima a no perder la esperanza cuando el mundo se confunda en las tinieblas. María estará ahí cuando la necesitemos y nunca nos abandonará en nuestro sufrimiento en el “valle de lágrimas”. Quizás parezca silenciosa, pero nos consolará en nuestra pena y siempre orientará nuestras almas hacia la salida del Sol, llenándonos de esperanza en que todos seremos renovados en Cristo.

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