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Un Estado fallido en Venezuela es un peligro para la región

MADURO
Shutterstock-Marcos Salgado
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La gira de Pence por América Latina y la demanda de un mayor involucramiento de los países del hemisferio en el tema Venezuela

El final de la gira de Mike Pence, el vicepresidente de Estados Unidos, finalizó como comenzó, hablando más de Venezuela que de cualquier otro tema. Ni siquiera al término de ella, en Ciudad de Panamá, se salió de foco aún cuando el mundo se encuentra conmocionado por el atentado mortal reivindicado por comandos de Estado Islámico en Barcelona, España.

Pence insistió en que Venezuela debe ser tema de primera preocupación de todo el continente y trabajó por una alianza que incluyera a más países de los 11 que firmaron el Acuerdo de Lima.

Dos asuntos gravitaron sobre esta gira, la determinación de los Estados Unidos de contribuir a la restauración de la democracia en Venezuela y al combate al tráfico de drogas cuyo epicentro, en esta actualidad bochornosa, parece ser Venezuela.

Pero un propósito esencial en esta tarea es punto de partida para lo que podrían ser otras acciones que Pence ha llamado «las múltiples alternativas» que contemplan para Venezuela y reside, justamente, en esa alianza que durante esta gira ha trabajado aparentemente de manera exitosa. La demanda es un mayor involucramiento de los países del hemisferio en el tema Venezuela. Ya va siendo hora.

El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, quien una vez tuvo la infortunada idea de llamar a Chávez su «nuevo mejor amigo»,  hace horas se ha expresado de esta manera:

«Incluso Chávez, al que advertí del fracaso de su sistema, mantuvo las formas institucionales. Pero Maduro ha dado golpe tras golpe hasta el tiro de gracia: una Asamblea Constituyente ilegítima. Debemos luchar por restablecer la democracia».

No es exacto que Chávez haya mantenido «las formas institucionales», más bien se las saltó desde que confiscó los poderes de la República y los subordinó al Ejecutivo. Igualmente debemos recordar aquella famosa consulta que se recuerda como el «2D», cuando el pueblo rechazó las modificaciones a la Constitución que el entonces presidente Chávez quería emprender.

 

VENEZUELA
Shutterstock-David Ortega Baglietto

 

Pero eso no fue problema para él, pues, en un santiamén, estaba rematando por decreto lo que no pudo hacer por vía constitucional. Es por ello que podemos afirmar sin equivocarnos que de aquellos polvos vinieron estos lodos. Pero los pueblos deben tener en cuenta que siempre puede haber algo peor. Y hoy ese «algo peor» es Maduro.

No obstante, es auspicioso el hecho de que quienes se acercaron a la fogata Chávez y salieron chamuscados hoy reconozcan que siempre estuvo errado y que su proyecto ha traído graves problemas, no sólo para Venezuela sino para todo el vecindario.

Tampoco es poca cosa la movilización de tantos expresidentes de países latinoamericanos, quienes, en ejercicio, tenían mucho escrúpulo en reconocer y condenar el camino autoritario que abiertamente emprendía el régimen chavista; hoy, ante una realidad que los interpela, declaran, firman documentos y abogan por el fin de la represión y de la prisión política.

El mismo Estados Unidos, cuyos embajadores al comienzo de la tragedia se limitaban a mantener un terco «wait and see», hoy asume un rol mucho más proactivo sobre cuyos resultados solo podemos decir como santo Tomás: ver para creer.

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