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Wuilly Arteaga fue liberado y está con su familia, ¿y todo por un violín?

Violin
AFP PHOTO / CARLOS BECERRA
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El joven violinista venezolano se ha transformado en símbolo de las protestas contra el régimen de Maduro

 El joven violinista ha sido puesto en libertad. Cualquiera de nuestros amigos lectores podrá preguntarse qué hacía preso un humilde músico que solo tomaba su violín para aparecer en las protestas de calle rasgando sus cuerdas. Y la cosa es más compleja. Para un régimen totalitario como el que impera en Venezuela, un violín es más peligroso que un mortero o un cohete de fabricación casera.

La música mueve otras fibras, las más sensibles del espíritu humano. Cuando se llama a la guerra suenan tambores. Cuando un equipo de fútbol va al campo a buscar la victoria cantan juntos el himno nacional. Y cuando Wuilly Arteaga, así se llama nuestro personaje, tocaba con su violín el Alma Llanera -considerada el segundo himno nacional de Venezuela- mientras la guardia reprimía las protestas lanzando perdigones y gases lacrimógenos, los muchachos, guerreros de la calle, reforzaban su coraje con el corazón inflado de emoción.

Wuilly fue agredido, su violín destrozado por funcionarios bárbaros, pero la sociedad se volcó sobre su dolor y varios violines le fueron regalados. Wuilly salió hacia los Estados Unidos donde ofreció conciertos relatando la situación de su país. Wuilly regresó y se reincorporó a las protestas. Su violín volvió a sonar y el régimen volvió a rabiar. Un día lo apresaron y casi de inmediato se pudieron ver imágenes de Wuilly en las redes sociales con el rostro desfigurado y su boca descosida a golpes. Las fotos fueron tomadas y distribuidas por el propio aparato policial de tortura del gobierno de Maduro para escarmiento de los manifestantes y acobardamiento de la sociedad.

Pero ninguna de las dos cosas llegó y el jovencito seguía preso. El país, al unísono, emprendió una campaña por su liberación. El Foro Penal Venezolano asumió su caso con la misma entrega y eficiencia con las que se hace cargo de cuanto preso político aparece en el país. Pero antes, la dictadura debía exhibir otra forma de tortura, típica de regímenes tutelados por el castrismo: hacer creer que será liberado, incluso emitir una orden de excarcelación y no producirse la liberación.  Así pasaron los días hasta que, finalmente, se anunció la liberación de Wuilly.

Pero, de nuevo, esa forma enrevesada, perversa por sofisticada de mantener la incertidumbre y el desasosiego colectivos, se hace presente. La consigna es jugar con la desesperación. Se anuncia que Wuilly tendrá casa por cárcel -sin que se conozca sentencia, proceso ni motivos-, pero simultáneamente se asegura que fue liberado y dejado en la emblemática plaza caraqueña de Altamira.

El abogado Alfredo Romero, director del Foro Penal, afirmó en un primer momento no tener noticia del paradero de Wuilly. No lo habían visto, ni escuchado, pero luego, finalmente, se supo que estaba en su casa, con su familia. De nuevo rompieron su violín, esta vez contra su cabeza por lo que ahora adolece de problemas auditivos. Contó brevemente que no le entregaban lo que su familia le enviaba. Ofreció para hoy una narrativa más completa de lo que fue su odisea en detención.

 

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