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Operaciones militares en Venezuela: ¿Efecto dominó en desarrollo?

Stringer / Anadolu Agency
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Una señal de fragilidad de la estructura militar y una muestra explícita de un malestar dentro del sector

Este domingo la historia se repitió. En Venezuela, los acontecimientos que marcan la dinámica política y social ocurren de madrugada. Un grupo de militares tomó algunas instalaciones emblemáticas en una acción sorpresiva identificada como “Operación David”.

La población civil despertó con una situación que llamó a la cautela de algunos y lanzó a la calle a otros en respaldo a los militares en acción. Ambas actitudes conectan con el sentimiento de una sociedad que desde hace mucho tiempo quiere ver a los uniformados acompañando el esfuerzo por salir de un gobierno que ha destruido al país y que se hagan partícipes, como lo ordena la Constitución, en la reconquista de la anhelada democracia.

Tal vez algunos se hicieron una idea desorbitada de lo que pretendía esta operación. Pero no hubo decepciones pues la gente, entrenada como está en la guerra psicológica, entendió más rápido que el régimen, de qué se trataba.

Ya la resistencia había asomado algo un par de días antes cuando algunas voces anunciaron que vendrían acciones que colocarían al gobierno en una situación muy comprometida. Adelantaron un día calendario el estallido y los comandos entraron a los cuarteles. No solo en Caracas, sino también en otros fuertes del país.

Los jefes aclararon en un video que circuló profusamente por las redes sociales, que no se trataba de un golpe sino de un acto de rebelión legítimo contra un gobierno ilegítimo. El objetivo no era deponer al gobierno. Ciertos analistas militares se atrevieron a calificar el hecho como “falso positivo”, pero de inmediato aclaró la más respetada periodista de la fuente militar, Sebastiana Barráez con un contundente: “No”.

Los objetivos eran otros que claramente cumplieron: tomar los parques de armamento, probar la fragilidad de la estructura militar y “mover” a sus compañeros haciendo explícito que el malestar dentro del sector es tan serio como en el resto de la sociedad y que en cualquier momento puede dar al traste con el régimen.

Obviamente, eso se consiguió, muy a pesar de que algunas cadenas informativas internacionales, comprensiblemente por la imposibilidad de probar las afirmaciones, coloquen en sus inserts “levantamiento fallido”. Pero es aconsejable tener en cuenta que no se trataba de un levantamiento ni fue fallido.

Fallaron, ciertamente, las pretensiones del G2 cubano y sus mecanismos desinformativos, por minimizar la gravedad de lo ocurrido. Cuba está entrenada para controlar poblaciones sin capacidad de respuesta, cuarteles dóciles y tomar posiciones en instituciones claves para la seguridad de país como militares, gubernamentales, educativas. Son expertos en succionar información como las notarías , registros públicos y hacerse con la data de empresas de comunicación. No en balde se trata de un Estado policial como el que han tratado de calcar en Venezuela. Pero desde hace medio siglo no lidian con un pueblo hastiado de humillaciones que incluye a sus tropas y que ya no tiene nada que perder pues el Estado está incapacitado para resolver sus demandas básicas y manejar la crisis.

Los hechos de este domingo no solo probaron que el control cubano sobre los cuarteles es poco efectivo o está seriamente resquebrajado. Lograron tomar las instalaciones del polígono de tiro para acceder a la brigada blindada por la parte posterior, lo cual no es cualquier cosa. De buena fuente sabemos que el grupo comando liderado por el capitán Caguaripano entró y dominó la situación tan solo con sus armas de reglamento, se llevaron el parque y salieron sin que ninguno resultara herido y menos detenido.

 

 

Hubo un claro respaldo del fuerte Paramacay, el principal en el país después de capitalino Tiuna. El mencionado oficial estaba solicitado por anteriores intentonas, a pesar de lo cual salió del país, entró -presumiblemente con apoyo internacional- y comandó esta operación de manera impecable contando con el respaldo de 5 generales activos.

La evidente incapacidad de reaccionar por parte del gobierno de Maduro es demostrativa de que fueron tan “madrugados” como el propio país. Sus primeras presentaciones a través de los medios fueron reactivas, inconexas, dirigidas a desalentar. Pero ese objetivo no se logró. Un editor venezolano en el exilio escribió.“Señales graves para el régimen: el silencio de Fuerte Tiuna, las desesperadas mentiras de Diosdado y la alegría colectiva”.

La “Operación David” consiguió, entre otras cosas, mostrar al país y al mundo que la población daría la bienvenida a un Ejército que, como ha ocurrido en otros momentos de nuestra historia, se coloque del lado de la libertad y la democracia. Ellos también vieron con nitidez que es su única vía hacia la reivindicación.

Otra de las graves evidencias para el régimen es que no ha logrado tranquilizar los cuarteles a base de dádivas a los jefes y tropas. Por otra parte, la lucha a cuchillo que se libra entre facciones del oficialismo por puestos, control de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) y negociados de última hora, es la misma que separa a los bandos dentro de las Fuerzas Armadas, una pavorosa manifestación de fragilidad que hace inviable el control por ninguno de los jefes políticos o militares.

Ni Vladimir Padrino y el ministro del Interior pudieron este domingo atinar una respuesta contundente que enviara al país signos claros de un manejo seguro de la situación. Todo ello es consecuencia del desgobierno, de la corrupción, del desenfreno que ha minado la autoridad castrense y de la odiosa penetración castrista en los cuarteles para sometimiento de todo el componente militar.

Esto no ha terminado. El prever efecto dominó es un sensato epílogo de este capítulo, sobre todo si se pretende una prospectiva realista del tumultuoso e impredecible escenario venezolano.

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