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Río 2013: La JMJ que no podría haber sido en otra ciudad

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Stéphane PERES-cc

Esteban Pittaro - publicado el 24/07/17

A cuatro años de un evento internacional que fue la carta de presentación del primer Papa latinoamericano

Río de Janeiro no es una ciudad perfecta. Río de Janeiro tiene sectores preciosos, ordenados, únicos; y otros caóticos y peligrosos. Como gran parte de las urbes latinoamericanas. Pero ninguna ciudad del mundo podría haber albergado mejor lo que fue la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de 2013, celebrada hace cuatro años.

Río fue sede de tres magnos eventos los últimos años, un triduo de celebraciones internacionales que la ubicó como epicentro informativo mundial entre 2013 y 2016. La primera fue la JMJ, en 2013. La segunda, las finales y los partidos más importantes del Mundial de Fútbol, en 2014. La tercera, los Juegos Olímpicos, celebrados en ella por primera vez en América Latina.

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Stéphane PERES-cc

En julio de 2013, Río iniciaba su camino de epicentro de la atención mundial con la visita de un recientemente designado pontífice. Y encima uno nacido en la Argentina. La madurez eclesial, ajena a cualquier tipo de nacionalismos ridículos que se podía intuir podrían emerger, fue abrumadora. Demasiado para la prensa internacional, pendiente de posibles traspiés del Papa, como le gusta estarlo ante cada viaje papal del Papa que sea. En vez de eso, hubo una suma de grandes momentos que resumimos en estos:

Francisco se encontró con los jóvenes argentinos en la catedral de Río de Janeiro, y dio un mensaje a la juventud mundial, desde su corazón, en su lengua, con su jerga. Pidió hacer lío en las diócesis, que se salga afuera, que se salga a las calles, que se escape de la comodidad.

Francisco se movió hasta Aparecida y visitó a la patrona del Brasil. Rezó ante ella. Se emocionó mucho cuando le obsequiaron una imagen de Nuestra Señora. Se la llevó del templo abrazándola, acariciándola, besándola. Esa actitud está en el ADN del cristiano latinoamericano.

Francisco fue a la favela de Varginha, representante simbólico para el viaje de todos los barrios del Brasil. “Cuando se es capaz de compartir llega la verdadera riqueza: todo lo que se comparte se multiplica”, aseguró mientras repitió un dicho brasileño “siempre se puede agregar más agua a la feijoada”.

– Francisco cerró en Copacabana. También, dejó de lado los papeles. Se vio a sí mismo predicando ejercicios ignacianos. Ante kilómetros de playa llena de jóvenes dijo que “Jesús nos pide que le sigamos toda la vida, nos pide que seamos sus discípulos, que «juguemos en su equipo». A la mayoría de ustedes les gusta el deporte. Aquí, en Brasil, como en otros países, el fútbol es pasión nacional. ¿Sí o no? Pues bien, ¿qué hace un jugador cuando se le llama para formar parte de un equipo? Tiene que entrenarse y entrenarse mucho. Así es nuestra vida de discípulos del Señor”.

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Leandro Neumann Ciuffo-CC

Un taxista carioca comentaba que para la JMJ se habían convocado a muchísimas más personas que para el Mundial, y que sin embargo, no hubo un incidente, como sí durante el mayor evento del fútbol. “Ni uno borracho, ni uno alcoholizado, ninguno violento, todos de buen humor”, evocaba.

Hubo problemas de organización. Por poner un ejemplo, hubo grupos de peregrinos que fueron destinados a zonas realmente muy alejadas de los epicentros de la celebración y grupos cariocas que se quedaron con las ganas de acoger a sus peregrinos porque los grupos nunca llegaron. Pero ante todo, quedó una imagen de una iglesia joven que es revoltosa cuando tiene que serlo, piadosa cuando tiene que serlo, de profundo compromiso social cuando tiene que serlo, profunda y reflexiva cuando tiene que serlo.

No se podría haber elegido una mejor ciudad que Río de Janeiro para ese propósito. Río con su alegría, Río con su piedad popular que no esconde y por el contrario clama orgullosa con su Cristo Redentor, Río con sus favelas, Río con su vista al mar y esa maravillosa sensación que ofrece Copacabana que pese a estar en una gran urbe, igual te invita a la contemplación.

No, ninguna ciudad mejor que Río de Janeiro para la JMJ de 2013.

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