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La primera beata madre de familia de América Latina

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El papa Francisco aprobó en mayo un milagro atribuido a su intercesión, y se espera que la ceremonia de beatificación pueda tener lugar durante este 2017, en su Córdoba natal

En el mundo, son muchas las madres de familia que han alcanzado la santidad. Desde las santas Perpetua y Felicidad hasta santa Gianna Beretta, pasando santa Mónica, santa María Celia Guerin, y tantas otras. Sin embargo, hasta ahora ninguna madre de familia nacida en América Latina había alcanzado el reconocimiento de los altares.

Josefa Saturnina García Rodríguez de Zavalía, luego Catalina de María Rodríguez, será la primera mujer beatificada nacida en tierras latinoamericanas en haber sido madre de familia. Y como si fuera poco, madre del corazón.

Es que antes de fundar las Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús, y de consagrarse ella misma a la acción apostólica, contrajo matrimonio y asumió la maternidad de los dos hijos de su esposo, quien había enviudado en un matrimonio anterior, Benito y Deidamia.

Saturnina acompañó a Manuel Antonio de Zavalía desde 1852 durante sus periplos militares y políticos con amabilidad y cariño, confiada en que ese matrimonio era voluntad de Dios pese a su afán religioso. Además de ser madre para Benito y Deidamia, Saturnina concibió una niña, quien trágicamente falleció al nacer.

Después del fallecimiento del coronel Zavalía, en 1865, conservó con sus hijos del corazón una afectuosa y cercana relación.

Pero a los pocos meses tuvo un fuerte pensamiento, su “sueño dorado”. Desde siempre Saturnina había sentido un fuerte compromiso apostólico.

Convencida desde joven de la importancia de los ejercicios espirituales, los promovía y servía en ellos, y abogó por el regreso de los jesuitas tras su expulsión de Córdoba en 1848 usando sus importantes vínculos familiares; Saturnina era prima del presidente de Argentina Santiago Derqui.

Admiraba a los jesuitas. Quería ser una de ellos, pero no hay en la Compañía de Jesús una rama femenina. Y en su Córdoba natal no existían congregaciones femeninas que no sean contemplativas, vocación que ella no sentía.

Su sueño dorado de crear un instituto de mujeres que sirvan en los ejercicios y eduquen en la doctrina a las niñas, entre otras necesidades, nació no sin tribulaciones y dolores. Pero pronto las Hermanas Esclavas del Sagrado Corazón comenzaron una rica labor reconocida y pedida en distintas partes del país. Fue la primera congregación femenina de vida apostólica de la Argentina.

Las Hermanas fueron muy importantes para apoyar la labor en la provincia de Córdoba del sacerdote José Gabriel del Rosario Brochero, quien las convocó para colaborar con él en Villa del Tránsito cuando aún eran un incipiente instituto.

El Santo Cura Brochero llegó a expresarle en distintas cartas a la Madre Catalina, nombre que adoptó Saturnina para su vida religiosa, cuánto afecto le tenía, y cuánta confianza depositaba en las Esclavas para la atención de la Casa de Ejercicios y el Colegio para Niñas.

Cuando la Madre Catalina falleció, en la Pascua de 1896, cerca de 200 esclavas habían seguido su camino de consagración para la evangelización. Más de cien años después, sus hijas están presentes, además, en Chile, España y Benín.

El papa Francisco aprobó en mayo de este año un milagro atribuido a su intercesión, y se espera que la ceremonia de beatificación pueda tener lugar durante este 2017, en su Córdoba natal.

Cuando la Iglesia beatifica y posteriormente canoniza a una persona la propone como modelo e intercesora. Y al adentrarnos en este nuevo modelo de santidad que nos propone la Iglesia en Saturnina / Madre Catalina, nos encontramos con trazos que pueden inspirar tanto a quienes se consagren a la vida apostólica, como a las madres de familia, en especial aquellas que les toca ser madres del corazón.

No llama la atención pues que, como anuncian quienes promueven la causa de la Madre Catalina, se reciban tantos testimonios de mamás que no podían concebir y recibieron gracias que atribuyen a la intercesión de la futura beata.

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