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Cómo evitar que los niños estén solos cuando no tienen colegio

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Las instancias civiles, políticas y religiosas deben ayudar a las familias a conciliar la vida laboral y familiar

Leía recientemente en un diario que en España hay cerca de seiscientos mil niños de entre seis y trece años que se quedan solos por las tardes cuando salen de la escuela, un hecho que se agrava en verano. Según un estudio de la ONG Educo, el motivo de esta lamentable situación es la imposibilidad de conciliar la vida laboral y familiar de los padres y madres de estos niños.

Siempre he manifestado la voluntad de trabajar juntos en la consecución del bien común. Siempre que puedo animo a todas las personas con alguna responsabilidad o influencia social y política a que tengan muy presentes a las familias. ¿No es verdad que debería hacer lo mismo por nuestros niños, que son un tesoro para la sociedad?

Queremos que todos los niños y niñas, independientemente de su contexto social, puedan crecer como personas y tengan oportunidades de futuro.

Para ello, es necesario que todas las instancias civiles, políticas y religiosas trabajemos a su servicio, colaborando con los padres, las madres y los familiares para ayudarles a evitar la soledad de los pequeños cuando salen de la escuela o durante los meses de verano.

¿Qué podemos hacer para poner solución a esta situación? El reto a alcanzar es la conciliación de la vida laboral y familiar.

El diálogo con muchos matrimonios, familias, personal docente de escuelas y educadores de centros de educación en el tiempo libre, me hace ser consciente del gran reto que tenemos todas las instituciones a la hora de promover esta conciliación.

En nuestro país, a pesar de varias tentativas, esto parece imposible de alcanzar. Ahora bien, si miramos a nuestro alrededor, si analizamos la situación de otros países de Europa, nos damos cuenta de que no es imposible.

Basta con una gran concienciación sobre el tema y un esfuerzo de las empresas, de sus directivos y de las instituciones políticas y civiles para lograr esta ansiada conciliación que permita a los niños y jóvenes disfrutar de la necesaria presencia de su padre y su madre al salir de la escuela o en los períodos de vacaciones.

Mientras trabajamos para conseguir esta deseada conciliación de la vida laboral y familiar de los padres y las madres, es necesario que la Iglesia ayude allí donde no puede llegar la administración pública.

En este sentido, invito a parroquias, institutos de vida consagrada y sociedades de vida apostólica, escuelas e instituciones cristianas a ser creativos y tomar la iniciativa.

Os animo a ofrecer vuestro tiempo y espacios parroquiales, escolares y propios para acoger a los niños y las niñas que sufren las consecuencias provocadas por la falta de conciliación cuando salen de la escuela o de los casales de verano. Sé que muchos ya lo hacéis y os felicito por estas iniciativas.

Tenemos también ejemplos preciosos como los de san Felipe Neri o san Juan Bosco, entre otros. Que su testimonio nos aliente a todos a descubrir cómo ayudar a paliar estas nuevas pobrezas que, a veces, emergen cuando la economía no está al servicio de la persona.

Cuidar la familia es asegurar el futuro de un pueblo. El papa Francisco nos recuerda que la calidad de una determinada sociedad se mide en función del trato que reciben niños y ancianos. Nuestra sociedad debe ser consciente del valor de los niños. Cuidarlos y protegerlos es clave, para que nuestro futuro sea próspero y más humano.

Por el cardenal Juan José Omella, arzobispo de Barcelona (España)

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