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Mi amiga la “Meno”

Shutterstock/Image Point Fr
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Cómo llevarte bien con esa "compañera" que aparece en tu vida de repente

¡Qué cosas! Primero fueron las lágrimas que se me venían sin yo invitarlas. Siempre he sido muy llorona, pero últimamente rayaba en lo ridículo. Luego, momentos en que no sabía de mí. Le llaman “day dreaming”. Mi cuerpo estaba aquí, pero mi mente no. ¡Ay, y lo peor! Vellitos en la cara, de esos que tienes que encontrarte con lupa, pero que sabes que ahí están. ¡Espantosos y nada sexys!

La subida de peso no se hizo esperar. De talla 6 me fui a una maravillosa talla 10 en poco tiempo (aunque aquí entre nos, la 12 me sienta más cómoda). Mi espejo no mentía al mostrarme los estragos que esta subida de peso había provocado.

Ah, y esos calores con sus lindas descargas de sudor que hacen de tu maquillaje un verdadero pegote. Pareciera que en vez de polvo en la cara trajeras plastas de pintura. Y qué tal las canas o, mejor dicho, mi linda cana, porque solo es una la que tengo, pero salió justo en el momento. Cambios de humor. De repente con un súper ánimo y al poco rato pa’bajo.

Había días en que sí sentía que me volvía loca y con urgencia necesitaba de algo dulce. Insomnio y, obviamente, falta de energía, pero muy exagerada. Creí que estaba muy enferma de algo o que estaba a punto de “estirar la pata”, como decimos en mi país. Hasta que se me ocurrió acudir al médico, me hizo análisis y me dio la gran noticia: “¡Estás menopáusica!

¡No puede ser! Otro cambio en mi vida… ¡Y qué cambio! Yo no sé si creí que los años no pasarían por mi o qué onda. Cómo no se me ocurrió pensar que a los casi 46 ya es una edad prudente para darle la bienvenida a mi amiga la Meno: la menopausia. Pero cómo, si hasta hace unos pocos meses yo me sentía tan bien, tan delgadita y llena de vitalidad. Sí, estos cambios fueron de repente, llegaron sin avisar.

Ni corta ni perezosa me di a la tarea de estudiar todo lo que pudiera sobre mi comadre “la meno” para darle la más cordial bienvenida a mi vida y que el tiempo que eligiera quedarse conmigo tuviéramos una relación armónica. Decidí no pelear contra la visita que sé que se quedará conmigo por poco tiempo, solo el necesario. Tomé la decisión de no tomar hormonas artificiales y hacerme responsable de la situación supliendo la falta de estas con aún más ejercicio.

Lo primero que hice fue darle las gracias a mi Creador y a mi cuerpo por haberme dado la capacidad de dar vida y por todo lo que me permitió hacer hasta antes de sentirme tan mal. Entendí que es solo un cambio por el que he elegido transitar de la manera más armoniosa posible. He aceptado todo lo que se fue, lo que ahora vivo y el maravilloso futuro que me espera.

Día a día, aunque mi cuerpo está en una talla que a mí en lo personal no me gusta, lo estoy tratando de la manera más respetuosa y cariñosa posible, y abrazando con amor lo que veo en el espejo. Me hago mis lavados de cerebro diciéndome que yo soy más que un cuerpo esbelto o con rollitos. Claro que me cuesta aceptarlo.

También comprendí que menopausia no es sinónimo de vejez, de fealdad o de que las mujeres ya no servimos, sino de madurez. A esta edad las mujeres tenemos una belleza muy particular y única. Somos sencillamente fascinantes e interesantes. Si no lo creen, pregúntenle a nuestros mariditos.

Sí, efectivamente, es un cambio difícil que yo siempre he comparado con la adolescencia porque sus cambios hormonales son muy parecidos. Percatándome de esto, lo que hice fue una deliciosa reunión familiar -con maridos e hijos- y les compartí por lo que pasaba y lo que yo esperaba de ellos. Le dije que en esta época necesitaba mucho de su amor, cariño, comprensión y paciencia y que si me veían pegar gritos que mejor corrieran antes de que les lanzara huevos. ¡Claro que es broma!

En serio, les pedí que fueran muy pacientes conmigo y que aplicaran este dicho en mí: “Ámame cuando menos lo merezca porque es cuando más lo necesito”. Claro que yo les prometí poner de mi parte para tener autocontrol sobre mis impulsos. Que mis hormonas no maten mis neuronas.

Investigué sobre los posibles cambios que podría experimentar en mi cuerpo con mi tan querida comadre “la Meno”. Al hacerlo me di cuenta de que ya tengo la gran mayoría. Te comparto algunos de ellos para que estés atenta y no te encuentren en la luna como a mí. Obviamente, estos cambios son generalizados y variarán de mujer a mujer.

Lo que sí me queda claro es que, con un estilo de vida saludable, estando en el peso ideal, comiendo y durmiendo bien y, súper importante, haciendo ejercicio, estos pasarán casi inadvertidos por ti. Por favor, al estar experimentando algunos de estos cambios, acude a tu médico. Es importante que te estés revisando periódicamente durante esta etapa.

  1. Episodios de agresión. El desbalance hormonal te hace reaccionar de manera agresiva a cosas que antes no te alteraban. Aquí es importante no echarles toda la culpa a las hormonas. Si ya caíste en la cuenta de que estas te están haciendo una mala jugada, serénate, respira y no reacciones a la primera provocación.
  2. Experimentar miedo e incertidumbre. Es normal sentir eso porque es un cambio fuerte y difícil. Recuerda que tu vida no termina con la menopausia, al contrario. Es el comienzo de una nueva etapa de más serenidad, ecuanimidad y paz. Solo es necesario que con paciencia permitas que pase el tsunami hormonal y emocional.
  3. Mala digestión. Si antes te podías comer 4 tacos con mucha salsa y mucho limón, hoy con un solo taco no te la acabas con las benditas agruras y el reflujo. ¡Guácatelas! ¡Qué asco!
  4. Retención de líquidos e hinchazón. A veces la barriguita se inflama, como si estuvieras embarazada, porque se hincha todo el abdomen (tanto el alto como el medio y el bajo). Comer menos sal ayudará a reducir la inflamación. Bebe más líquidos -de preferencia, agua pura- durante el día y no tanto por la noche. En ayunas toma un vaso de agua calentita con el jugo de un limón y un poco de bicarbonato y eso también te ayudará.
  5. Pérdida de memoria. Sobre todo, la de corto plazo. Lo que habías pensado hace 30 segundos simplemente se borró de la memoria. Es horrible esa sensación. Pero no te preocupes, no te estás volviendo loquita. Es normal.
  6. Cambios de estado de ánimo. Esto sí que asusta porque pareciera que padecemos del trastorno de bipolaridad. De la tristeza profunda pasamos a la euforia o a pegar gritos como histéricas. ¡Que alguien me explique!
  7. Subida de peso. Los hombros y la parte superior del cuerpo se ensanchan. ¡Hasta la lechuga engorda! Porque el metabolismo se ha puesto lento.
  8. Bochornos o incremento de la sudoración. Las gotas de agua se te vienen como si tuvieras una manguera integrada y abrieras la llave. El calor es tan fuerte que desearías vivir en un “igloo”.
  9. Antojo desenfrenado de dulce. Sobre todo, por el chocolate. Lo pruebas y, literal como la canción, te sube la bilirrubina: en este caso, el estado de ánimo.
  10. Falta de sueño nocturno. Esto es muy común. El forzarte a tener una rutina de sueño ayuda mucho. Al principio te costará, pero al poco tiempo lograrás dormir. Hay infusiones -pasiflora, manzanilla, lavanda- que también te pueden ayudar con estar calmada antes de ir a la cama. Consulta a tu médico antes de ingerirlos.
  11. Sientes que la locura llegó para apoderarse de ti. Algo anda mal contigo, pero no das pie con bola sobre qué es lo que te sucede. Literal, andas como gallina sin cabeza. ¿¡Qué me pasa!? Nada, tranquila… Se llama “menopausia” y se apellida “ya te amolaste”. Mejor ríete con ella antes de que ella se ría de ti. ¡No estás loca! Mejor corre por ese chocolatito que te hará sentir requetebién.
  12. ¡Lágrimas a mí! Con estos cambios hormonales hasta porque pasa la mosca lloras. Por eso diles “no son lágrimas, son hormonas que salen por la niña de mis ojos”.
  13. Se incrementa la ansiedad. Cuando te sientas ansiosa, haz unas cuantas respiraciones y confía en que todo está bien así como está. La ansiedad -y las emociones en general- se estacionan en el abdomen haciendo que este se distienda. Por eso, si te dicen que te ven más llenita, diles que no estás gordita sino llena de emociones.
  14. Aparición de vello facial. Esto es de lo primero que se hace presente cuando hay cambios hormonales: vello, sobre todo en la parte de la barbilla.
  15. Nos da el síndrome de la verborrea. Es decir, nos da por hablar y hablar… y hablar… de todo lo que se nos viene en gana. Como que la coladera entre lo que pensamos y lo que decimos no funcionara. Hablamos sin poder parar.
  16. Espacio vital. Los abrazos y la compañía de personas que antes disfrutabas ya no suponen lo mismo. De hecho, disfrutas mucho de la soledad.
  17. Cansancio crónico o fatiga. No dormimos con el mega insomnio que traemos. Estamos todo el día somnolientas y con una falta de energía tal que necesitamos de mínimo cuatro tazas de café, pero es tanto el cansancio que sentimos que qué flojera pararnos a hacerlo. La pierna derecha le pide permiso a la izquierda para caminar. El cuerpo puede sentir algo de dolor.
  18. Cambios en la piel. Esta se puede volver un poco rugosa, áspera y/o muy delgada. El rostro puede perder luminosidad, textura, firmeza e hidratación. ¡No te preocupes! También esto tiene solución. El agua mineral es muy buena para hidratar y el agua de manzanilla para desinflamar la piel.
  19. Riesgo de caer en depresión. Es muy importante que tú misma te estés monitoreando en tus cambios de ánimo. El sentirte tan cansada, el insomnio y la irritabilidad, etc… pueden ser síntomas de depresión por desbalance químico. Más vale prevenir que lamentar así que haz caso de tu instinto y ve a tu médico a que te revise.

¿Tantos, tantos, tantos cambios? Pues sí, pero son solo eso, cambios. Todo esto lo único que indica es que sigues siendo mujer, una maravillosa mujer dejando su capullo para convertirse en una bella mariposa monarca.

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