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La sotana: ropa de trabajo más que uniforme de gala

Elliott Franks /eyevine/EAST NEWS
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Llevarla podría y debería ser una forma de oración en sí, pero no se convierte en eso únicamente con abrocharla

La sotana es la vestimenta de trabajo de los clérigos y de los que se preparan para ser sacerdotes. El primer día que le tocaba ponerse una sotana, un seminarista recibió una carta de su amigo, que le llevaba unos cuantos años de ventaja. Esto es lo que aprendió sobre su sotana:

Una sotana. Hoy es para tus ojos más hermosa que el vestido de una novia. Tu felicidad al llevarla es apropiada y juiciosa; después de todo, llevas esperándolo desde que entraste en el seminario.

Solo me queda esperar que tu felicidad sea la misma cuando se convierta en lo que su color implica, esto es, un sudario mortal y un uniforme agonizante. Hoy es un vestido de novia que despierta tu entusiasmo y el de tus familiares y amigos. Mantén ese mismo entusiasmo cuando empiece a ser tu jaula, tu confinamiento solitario y tu horno, donde Dios te derretirá y te purificará, una incómoda ermita.

Este vestido de novia, cuando sea necesario, será tu armadura, siempre que te cuides de recordarlo y de utilizarlo así. Llevar una sotana podría y debería ser una forma de oración en sí, pero no se convierte en eso únicamente con abrocharla.

Bolsillos. Los profundos están para almacenar todas las cosas que compartirás con los demás. Ten siempre algo para darlo a los necesitados y a los niños. Recuerda que hay quienes apreciarán unas monedas, una sonrisa y una palabra de consuelo más que tu voz impecable al cantar himnos. Es porque las personas necesitan primero y ante todo escuchar que son amadas, y mucho más sentir que es cierto.

Un bolsillo interior en el pecho. Al contrario de lo que aseguran los entendidos de la moda arcipreste, no es para guardar un bolígrafo caro. Lleva en su interior cartas a las que no sepas qué responder, notas con los nombres de por quienes has prometido rezar, facturas de otros que has decidido pagar, direcciones que sabes deberías visitar porque sus ocupantes nunca vendrán a ti por su cuenta, fotografías de perros, gatos, nietos y personas amadas, además de hojas de árboles y dibujos que te hayan regalado los preescolares. Mantén siempre lleno este bolsillo.

Que tu sotana sea un fastidio y un obstáculo cuando empieces a darte aires y a pavonearte como un gallo en su corral, cuando caigas víctima de tus magistrales ambiciones. Ojalá te tropieces con ella cada vez que tomes el camino descarriado. No te preocupes: siempre estará pegada a tu camino. No temas arremangarla para correr a ayudar al prójimo, incluso si te da un aspecto ridículo o divertido.

Las mangas se pueden arremangar mejor que estas simbólicas esposas. De hecho los puños esposados a tus muñecas están para recordarte que una sotana no es un uniforme de gala, sino auténtica ropa de trabajo. Sin embargo, súbete las mangas cuando tengas que hacer el trabajo que Él quiere que hagas, nunca para avanzar en tu agenda personal.

Te deseo sinceramente que en tu sotana aparezcan manchas blancas de sal: las de la espalda serán indicios de tu sudor, las de tu pecho serán marcas de lágrimas, tanto tuyas como las de aquellos que te abrazaron porque te confiaron sus cientos de preocupaciones, grandes y pequeñas, serias o absolutamente alocadas. Deseo que estas manchas blancas de sal se muestren antes que las primeras mechas grises en tu pelo.

No temas arrugar y manchar tu sotana cuando vayas al rescate del necesitado y el herido. No temas desgarrarla si hay que vendar alguna herida humana. Recuerda que, de ser necesario, puede convertirse en una capa o una tienda de campaña.

Ojalá muestre rápido señales de gastado y rasgado en las rodillas y hombros, que indicarán tu oración y tu carga de las preocupaciones de los demás. Ojalá no muestre esas señales en la espalda y los codos, indicios de que habrás estado mucho tiempo sentado y te habrás abierto paso entre la multitud a codazos.

Ama a tu sotana, pero no te ames a ti llevándola. Primero y ante todo, ama a la Iglesia que te la ha concedido. Y ama infinitamente más a Jesús, que te ha ofrecido la Iglesia y que te ha ofrecido a ti a la Iglesia, algo por lo que yo mismo Le estoy profundamente agradecido.

P.D. Recuerda que todos los pasajeros en un autobús o en el metro creen que tienen más derecho a ocupar un asiento que un sacerdote. Para ser sinceros, es irrelevante si tienen razón o no. Lo importante es que cuando la gente te odie, no deben odiar a Dios. Cada vez te mirará más gente; después de todo, tu sotana te da mucha visibilidad. También intimida y cada vez habrá menos personas lo bastante valientes como para criticarte. Sin embargo, esto no significa que no les falten motivos. Recuerda que tu sotana no es el embalaje de un producto perfecto. El Señor te ha vestido con ella para esconder misericordiosamente tus incompetencias y deficiencias. “Ustedes serán felices si, sabiendo estas cosas, las practican” (Juan 13,17).

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