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La doble tragedia de quienes huyen de los países del Triángulo Norte de Centroamérica

MIGRANTS
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Una crisis humanitaria que está siendo olvidada

El 15 y 16 de junio se llevó a cabo en Miami, Florida, la Conferencia sobre Seguridad y Prosperidad en Centroamérica, con la participación de líderes gubernamentales y empresariales de Estados Unidos, México, Centroamérica y otros países de la región.

Según las crónicas de ese encuentro, los asistentes debatieron sobre los retos del crecimiento económico y las medidas de seguridad que se podrían implementar para frenar la migración desde el Triángulo del Norte de Centroamérica (TNCA), formado por El Salvador, Honduras y Guatemala.

Sin embargo –y como es una dolorosa costumbre—no atendieron a las cuestiones directas de violencia extrema que viven multitud de familias en el TNCA y que las han obligado a emigrar de su país para preservar su vida. Tal huida les da carácter de refugiados, sin embargo, la ayuda humanitaria que requieren cada vez les llega menos.

Así lo ha dicho Marc Bosch, director de operaciones de Médicos Sin Fronteras para América Latina (MSFAL) quien refiere, en un reciente artículo periodístico publicado en los principales diarios de la región que las historias de estas personas así como la responsabilidad de los gobiernos para abordar esta crisis humanitaria, “no entraron en la agenda de la conferencia en Miami”.

Forzados a huir

En el informe “Forzados a Huir del Triángulo Norte de Centroamérica: una crisis humanitaria olvidada”, que MSFAL publicó hace unas semanas, el organismo no gubernamental mostró la gravedad del escenario a través de los datos médicos, las encuestas y los testimonios recabados por sus equipos a lo largo de la ruta migratoria en México.

El grado de violencia que afecta a la población que vive en los países del Triángulo Norte centroamericano es similar al que MSF puede encontrar en contextos clásicos de conflicto: asesinatos, desapariciones, secuestros, amenazas continuadas, reclutamiento forzado por grupos armados no estatales, extorsión y violencia sexual.

La mitad de los casi 500 migrantes y refugiados procedentes del Triángulo Norte de Centroamérica entrevistados por MSF en México se habían marchado de sus hogares por razones relacionadas con la violencia. Pero esta no termina en México, al contrario, se recrudece pues muchos quedan sometidos de nuevo a la violencia y a todo tipo de abusos —secuestro, robo, extorsión, tortura o violación— que, aparte de las lesiones y traumas inmediatos, les dejan graves secuelas.

De acuerdo con el estudio presentado por MSF, 92.2 por ciento de los migrantes y refugiados atendidos por sus equipos de salud mental entre 2015 y 2016 hubieran sufrido un evento violento en su país de origen o durante su paso por México; además, una de cada cuatro consultas médicas estuvieron relacionadas con lesiones físicas y traumatismo intencionado causado por agresiones directas.

Alternativas para la detención

“El acceso al sistema de salud mexicano y peor aún, a las indispensables medidas de protección representa un serio problema para las personas que huyen de la violencia”, dice el reporte.

En México, han aumentado significativamente las detenciones y las deportaciones durante los últimos años como consecuencia de sus acuerdos fronterizos con Estados Unidos. En 2016, 152,231 migrantes y refugiados procedentes del TNCA fueron detenidos o llevados ante las autoridades migratorias y 141,990 fueron deportados.

“Abordar las causas y las raíces del problema de la inseguridad y el desarrollo económico en la región es necesario, pero sin duda llevará muchos años. Mientras tanto, es indispensable reconocer la existencia de una crisis humanitaria que necesita una acción coordinada entre los diferentes gobiernos de la región y las organizaciones internacionales”, dice en su reflexión Bosch.

MSFAL pide que los países involucrados, especialmente México y Estados Unidos, ofrezcan alternativas a la detención, apliquen los principios de no devolución, aseguren el acceso a medidas de protección e incrementen sus cuotas de reasentamiento y reunificación familiar, “de forma que los migrantes y refugiados que huyen de la violencia en el triángulo norte de Centroamérica dejen de arriesgar sus vidas y la de sus familias”.

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