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Venezuela: La Santa Sede habló claro en la OEA

Juan BARRETO / AFP
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Profundamente injusto e injustificable ha sido colocar al Papa Francisco en el centro del debate y colgarle las culpas

Ante el fracaso de los intentos de diálogo en Venezuela se produjo un intercambio de acusaciones que terminó teniendo como objetivo al Vaticano, precisamente el participante al que habían convocado a la mesa ambas partes en pugna.

En honor a la verdad, el gobierno jamás tuvo la intención de dialogar y desconoció olímpicamente las condiciones a las que se había comprometido.

La oposición recelaba del diálogo y su evidente diferencia de criterios en torno a casi todo el tema, llevó a una parte a la mesa y a la otra al cuestionamiento-rechazo sin propuestas alternativas. Profundamente injusto e injustificable ha sido colocar al Papa Francisco en el centro del debate y colgarle las culpas, pero comprensible teniendo en cuenta los decibles de una confrontación altamente polarizada en medio de la cual poco valen los llamados a la sindéresis y la sensatez.

No obstante, fue El Vaticano el que alertó acerca de los riesgos que para el país conllevaba cancelar las posibilidades de conversar y llegar a una solución concertada y negociada a la crisis. Y los estamos viendo con un saldo brutal y la puerta abierta hacia una verdadera confrontación civil.

Las posiciones del gobierno se mantienen erráticas, oscilando del lisonjeo al Papa al tendido de puentes para dialogar con el gobierno de Trump. En el medio, quedan agrios improperios y amenazas contra los obispos venezolanos. Por su parte, la oposición recrudece las acciones de protesta e incrementa sus pedidos de auxilio internacional.

Entretanto, Roma mantiene su coherencia en todos los escenarios. Sus advertencias fueron certeras: contabilizando más de 80 días en la calle la cifra llega a casi un muerto por día debido a la bestial represión, crece exponencialmente el número de heridos y se amontonan en las cárceles los presos por manifestar.

Tal es la gravedad de la situación, que el último anuncio del comando unido opositor es activar el Art 350 de la Constitución el cual establece que “el pueblo desconocerá cualquier régimen, legislativo o autoridad que menoscabe los derechos humanos”. Hermann Petzold, abogado constitucionalista, puntualizó que el 350 consagra el derecho de la resistencia a la opresión. En esas estamos.

La OEA, a pesar de los denodados esfuerzos de Almagro, culmina su reunión en México posponiendo el tema Venezuela sin haber logrado un acuerdo. La resolución sobre Venezuela quedó fuera de la 47ª Asamblea General de la OEA el no conseguirse incluir la creación de un “grupo de contacto” en la resolución sobre derechos humanos, según informó la anfitriona delegación mexicana.

¿La razón? La de siempre: no obstante la mayoría de países dispuestos a manifestarse por el retorno de la democracia en Venezuela, los pequeños países caribeños, dramáticamente dependientes de la chequera petrolera que maneja el gobierno de Maduro, impidieron destrancar el juego.

Ya lo había advertido el subsecretario de Estado de EEUU, John S. Sullivan: “Este es un momento de desafío para la OEA, para demostrar su relevancia, su compromiso con la Carta (Democrática), de hacer lo correcto por el pueblo de Venezuela, no es intervenir en Venezuela, es dar un modesto paso”, señaló Sullivan. El intento sumó cero. El gobierno venezolano perdió pero la OEA volvió de mostrar una patética inoperatividad.

Hoy en la mañana se supo que diez países de la comunidad caribeña (Caricom) decidieron votar a favor de la resolución sobre la crisis de Venezuela acordada con el grupo de los 14, pero cuatro se retiraron del acuerdo a último momento.

Ellos son Granada, Haití, Surinam, Trinidad y Tobago, y Antigua y Barbuda. Un tuitero indignado dejó mostrar su desacuerdo: “Qué les parece? Granada, invadida por Cuba, liberada por Estados Unidos y se abstiene. No llegan ni a bananeros!”.

Humberto Calderón Berti, ex ministro de petróleo de Venezuela, ex canciller y hoy demandado asesor pretrolero internacional sentenció en su cuenta de tuiter: “Inconcebible que un grupo de países sin entidad geográfica y poblacional pueda bloquear el sentimiento abrumador de América”.

Fue en ese escenario borrascoso que resonó la voz de Monseñor Bernardito Auza quien intervino como observador permanente ante la 47º Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos (OEA), para señalar la postura del Vaticano destacando que la situación en Venezuela cobró últimamente “tintes verdaderamente dramáticos”.

Mons. Auza señaló, además, “que el actual clima de enfrentamiento también afectó a la Iglesia católica en Venezuela” y advirtió que “se verificaron episodios de amenazas a sacerdotes, irrupciones violentas durante las celebraciones litúrgicas, acusaciones injustificadas contra instituciones eclesiásticas y ataques difamatorios públicos contra algunos obispos”.

Mons Auza recordó las premisas sobre las cuales ha insistido El Vaticano desde un comienzo sin desviar ni por un instantes sus objetivos: Permitir el ingreso de alimentos y medicinas; fijar la fecha de las elecciones y liberar a los presos políticos, son tres de las prioridades que solicita el Papa Francisco y la Santa Sede ante la dramática situación que vive Venezuela.

Exactamente las mismas exigencias contenidas en una carta que el Secretario de Estado vaticano enviara al presidente venezolano en diciembre de 2016, sin respuesta hasta ahora. Son también las mismas bases sobre las cuales se requirió al gobierno para comenzar aquél fallido diálogo.

En la misiva del Card Parolin, entre otras cosas, reveló la firme posición del Vaticano en hacer respetar las condiciones y los acuerdos a los que se llegó en la mesa. Una postura coherente que, sin vacilaciones ni recovecos, se mantiene hasta el sol de hoy.

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